La domesticación del perro: cómo un lobo extinto se convirtió en tu mejor amigo

Un lobo gris en libertad: el pariente vivo más cercano del perro, aunque no su antepasado directo

Casi todo el mundo da por sentado que el perro desciende del lobo, y en un sentido amplio es cierto. Pero no del lobo gris que hoy recorre los bosques de Europa o Norteamérica: la genética moderna apunta a que perros y lobos actuales comparten un antepasado común, una población de lobos del Pleistoceno tardío que se extinguió hace miles de años. El lobo gris de hoy es el pariente vivo más cercano del perro, no su padre.

Un lobo gris en libertad: el pariente vivo más cercano del perro, aunque no su antepasado directo
El lobo gris moderno es el pariente vivo más cercano del perro, pero desciende de una rama distinta a la de la población de lobos, hoy extinta, que dio origen al perro.

Un proceso mucho más antiguo de lo que parece

Los científicos todavía debaten la fecha exacta en la que arrancó la domesticación, con estimaciones que van de hace unos 15.000 a más de 30.000 años, pero hay un hallazgo que no deja lugar a dudas sobre lo temprano que ya existían perros reconocibles como tales. En Oberkassel, cerca de Bonn (Alemania), se descubrió el esqueleto de un cachorro de unos siete meses, enterrado junto a dos seres humanos hace aproximadamente 14.200 años. Su tamaño y proporciones ya lo distinguían claramente de un lobo salvaje. Para esa fecha, el proceso de domesticación llevaba generaciones en marcha.

¿Quién domesticó a quién?

Durante mucho tiempo se imaginó la domesticación como una decisión humana deliberada: cazadores-recolectores que capturaban cachorros de lobo y los criaban a mano. Hoy buena parte de la comunidad científica se inclina por una hipótesis distinta, la de la autodomesticación. Según esta idea, fueron los propios lobos los que iniciaron el acercamiento, atraídos por los restos de comida que dejaban los campamentos humanos. Los individuos con menos miedo a los humanos y menor agresividad podían aprovechar esa fuente de alimento con más facilidad, sobrevivían mejor y se reproducían más. Generación tras generación, la selección natural fue favoriendo a los lobos más tolerantes con la presencia humana, sin que nadie planificara el proceso de forma consciente.

Perros de trineo tirando de un trineo en la nieve: una de las razas que conserva un aspecto más cercano al de los lobos ancestrales
Las razas de trineo conservan buena parte del aspecto físico de los lobos ancestrales, aunque su comportamiento ya es plenamente el de un perro domesticado.

Rasgos de cachorro para siempre

Uno de los efectos más estudiados de ese proceso es la neotenia: los perros conservan, de adultos, rasgos físicos y de comportamiento propios de las crías de lobo, como orejas caídas, cráneos más redondeados, ladridos frecuentes (los lobos adultos ladran muy poco) y una disposición mucho mayor a seguir órdenes o buscar contacto con figuras de autoridad. Seleccionar animales más dóciles y menos temerosos, sin buscarlo directamente, terminó arrastrando consigo todo un paquete de características infantiles que se mantuvieron hasta la edad adulta. Es un patrón que se ha repetido en otros experimentos de domesticación con distintas especies, y que sugiere que la docilidad y la apariencia juvenil están conectadas a nivel genético.

Miles de años de selección humana después

Una vez que el vínculo con los humanos quedó establecido, la selección dejó de ser solo natural y pasó a ser, cada vez más, deliberada. Distintas comunidades humanas empezaron a favorecer perros útiles para tareas concretas: pastoreo, caza, tiro de trineos, guardia. Milenios de esa selección dirigida, intensificada en los últimos siglos con la creación formal de razas, produjeron una variación física que no tiene comparación en casi ningún otro mamífero: la misma especie incluye hoy animales de menos de dos kilos y otros que superan los ochenta, con cráneos, pelajes y temperamentos radicalmente distintos entre sí.

Un gran danés y una chihuahua juntos: la misma especie, Canis familiaris, después de milenios de selección humana
Un gran danés y una chihuahua son, genéticamente, la misma especie: el resultado más extremo de milenios de selección humana sobre el mismo animal.

El resultado de todo ese proceso, tanto el que arrancaron los propios lobos como el que después dirigieron los humanos, es un animal que ningún otro mamífero salvaje replica: una especie moldeada durante más de diez mil años específicamente para convivir, comunicarse y cooperar con nosotros. El lobo del que descendemos ya no existe. Lo que quedó de aquel encuentro está, probablemente, durmiendo en algún rincón de tu casa ahora mismo.

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Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.