Biología del envejecimiento: por qué unas especies viven años y otras siglos

Un murciélago Myotis brandtii, una especie que puede vivir más de 40 años pese a pesar apenas unos gramos, muy por encima de lo esperable para su tamaño

Un ratón común pesa unos veinte gramos y vive, con suerte, dos o tres años. Un murciélago de la especie Myotis brandtii pesa todavía menos, apenas siete gramos, y sin embargo hay ejemplares silvestres documentados con más de cuarenta años de vida: veinte veces la esperanza de vida de un ratón de tamaño comparable. En el otro extremo de la escala, una ballena boreal puede superar los doscientos años, una cifra que solo ha podido confirmarse gracias a puntas de arpón del siglo XIX todavía incrustadas en la grasa de ejemplares cazados en el siglo XX. La biología del envejecimiento existe, en gran medida, para responder a esta pregunta incómoda: si todos estos animales están hechos con el mismo tipo de células y las mismas leyes básicas de la química, ¿por qué su reloj biológico corre a velocidades tan radicalmente distintas?

Un murciélago Myotis brandtii, una especie que puede vivir más de 40 años pese a pesar apenas unos gramos, muy por encima de lo esperable para su tamaño
Este murciélago pesa apenas unos gramos pero puede vivir más de 40 años, veinte veces más que un roedor de tamaño comparable.

El tamaño no es el factor que se cree

Existe una correlación general, y bastante conocida, entre tamaño corporal y longevidad: los animales grandes tienden a vivir más que los pequeños, en parte porque tienen menos depredadores y pueden permitirse madurar despacio. Pero esa correlación se rompe con una frecuencia reveladora. Los murciélagos, como grupo, son el ejemplo más citado: decenas de especies viven muchísimo más de lo que su tamaño predice, algunas por encima de treinta años pese a pesar menos que una cucharada de azúcar. Las ratas topo desnudas hacen lo mismo entre los roedores. Estas excepciones son, para los biólogos del envejecimiento, más informativas que la regla general: si el tamaño no explica por qué un murciélago vive veinte veces más que un ratón parecido, hay que buscar la explicación en otro sitio.

Un ratón común (Mus musculus): con un tamaño similar al de muchos murciélagos longevos, vive en promedio solo dos o tres años
Un ratón común, de tamaño similar al de varias especies de murciélagos longevos, vive en promedio solo dos o tres años.

La teoría del soma desechable: un presupuesto biológico limitado

Una de las explicaciones más influyentes es la teoría del soma desechable, formulada por el biólogo británico Thomas Kirkwood en 1977. Su idea central es que cada organismo dispone de una cantidad limitada de energía y recursos, y debe repartirlos entre dos tareas que compiten entre sí: reproducirse y mantener reparado el propio cuerpo (el «soma», en la terminología biológica). Una especie que invierte casi todos sus recursos en reproducirse rápido y en masa, como el ratón, tiene poco margen para la reparación celular de largo plazo: le basta con durar lo suficiente para dejar descendencia. Una especie que vive en un entorno relativamente protegido, como un murciélago que se refugia en cuevas o una ballena que apenas tiene depredadores naturales de adulta, puede permitirse invertir más en mantenimiento celular, porque las probabilidades de llegar a vieja son mayores. El envejecimiento, bajo esta óptica, no es un límite biológico fijo, sino el resultado de una negociación evolutiva distinta en cada especie.

Qué determina, en la práctica, esa diferencia

Esa negociación evolutiva se traduce en mecanismos celulares concretos y medibles: la eficiencia con la que cada especie repara el ADN dañado, la velocidad a la que sus células entran en senescencia, la capacidad antioxidante de su metabolismo y la resistencia natural de sus tejidos a desarrollar cáncer, entre otros factores. Las especies longevas no evitan el daño celular, lo reparan mejor o lo toleran más tiempo sin que se acumule hasta el punto de fallo. Esa es la razón por la que comparar animales con esperanzas de vida tan distintas, en lugar de solo estudiar el envejecimiento humano de forma aislada, se ha convertido en una de las estrategias más productivas de la biología moderna: cada especie longeva es, en cierto sentido, un experimento evolutivo ya completado sobre cómo ralentizar el propio envejecimiento.

Ilustración científica de una ballena boreal (Balaena mysticetus), la especie de mamífero con la esperanza de vida más larga conocida, más de doscientos años
La ballena boreal es el mamífero más longevo conocido, con ejemplares que superan los doscientos años de vida.

Que el mismo plan básico de célula, el mismo ADN con la misma química, pueda producir un ratón que envejece en meses y una ballena que apenas empieza a envejecer a los cien años es, probablemente, uno de los datos más contundentes de toda la biología: la vejez no está escrita de forma fija en la biología animal. Está regulada, y esa regulación varía enormemente de una especie a otra según lo que la evolución premió en cada una.

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Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.