Diferencia entre oro y oro laminado: por qué uno se puede fundir y el otro no

Lingote de oro puro de 999.9 milésimas en el Money Museum de Zúrich

Una pulsera de oro laminado y una de oro macizo pueden pesar lo mismo, brillar igual y hasta llevar el mismo quilataje grabado por dentro. Pero si se cortan por la mitad, una revela oro hasta el centro y la otra revela latón. Esa es la diferencia real entre «oro» y «oro laminado»: no es una cuestión de calidad del oro, sino de cuánto de la pieza es oro de verdad.

Qué significa que el oro sea «de 14 quilates»

El oro puro (24 quilates) es demasiado blando para joyería de uso diario, así que casi toda pieza de oro macizo es en realidad una aleación: se mezcla con plata, cobre u otros metales para darle dureza. El quilataje mide qué proporción de esa aleación es oro puro, en partes de 24: 18 quilates son 18 partes de oro y 6 de otro metal (75% de pureza), 14 quilates son 14 partes de oro (58,3%), y así sucesivamente. En Europa el mismo dato se expresa como «ley» en partes por mil (750, 585, 417), sin pasar por la fracción de 24.

El sistema tiene más de 1.700 años. Se originó con el sólido, la moneda de oro que el emperador romano Constantino I mandó acuñar en el año 309, equivalente a 1/72 de libra romana y dividida en 24 siliquae. Esa división en 24 partes de una moneda romana es el origen directo de por qué hoy el oro puro se llama «24 quilates» y no, por ejemplo, 100.

Sólido de oro del emperador romano Constantino I, acuñado hacia el año 316
El sólido de Constantino I, dividido en 24 siliquae, es el origen del sistema de quilates que todavía se usa hoy.

Lo importante para esta comparación es que ese porcentaje se aplica a la pieza entera: un anillo de oro de 14 quilates es 58,3% oro puro en cualquier punto donde se lo corte, de la superficie al centro. Por eso a esa proporción se la llama «peso fino»: la cantidad real de oro puro que contiene una pieza, sin importar con qué otro metal esté aleado.

Esta forma de medir pureza también explica por qué el oro de 24 quilates casi no se usa en joyería de uso diario: es prácticamente oro puro, tan blando que se deforma con el roce normal. Las piezas de 18 y 14 quilates no son «menos oro» en el sentido de peor calidad, son aleaciones pensadas para que la joya aguante años de uso sin perder la forma, a cambio de un porcentaje menor de oro puro.

Qué es el oro laminado (y por qué no es lo mismo)

El oro laminado es harina de otro costal: una lámina de oro de ley (10, 14 o 18 quilates) soldada mecánicamente, con calor y presión, sobre un núcleo de metal base como el latón. El detalle del proceso (y en qué se diferencia del chapado por electrólisis, que es una técnica todavía más delgada) está explicado en la diferencia entre chapa de oro y oro laminado. Lo que importa acá es el resultado: solo la capa exterior es oro, y por ley estadounidense esa capa debe pesar al menos 1/20 (un 5%) del peso total de la pieza para poder llamarse «gold-filled».

Es decir: una pulsera de oro laminado de 14 quilates no es 58,3% oro en toda su masa, como la de oro macizo. Es, como mucho, un 5% de oro de 14 quilates envolviendo un 95% de latón. El resto del peso, y de la pieza, es otro metal.

La diferencia que de verdad importa: qué pasa si se funde

Ahí está la clave que separa a las dos, más allá del brillo o el precio de venta. Una pieza de oro macizo conserva su valor porque ese valor está distribuido en todo su volumen: se puede fundir, refinar y vender por su peso en oro, casi al precio de mercado según su quilataje. Es lo que hacen las casas de empeño y los compradores de oro usado con joyas viejas o rotas. La razón de fondo por la que ese peso en oro vale tanto, pese a que el oro apenas tiene usos prácticos, está en la paradoja del oro.

Oro fundido siendo vertido para formar un lingote de bullón
El oro macizo se puede fundir y refinar por su peso en oro. El oro laminado no vale la pena fundirlo.

Una pieza de oro laminado no. Fundirla no separa oro utilizable en una cantidad que valga la pena: el 5% (o menos) de oro que tiene está distribuido en una lámina microscópica sobre un núcleo de latón, y el costo de refinar esa mezcla supera lo que se obtendría. El valor del oro laminado está en el diseño, la marca o su antigüedad, nunca en el metal.

Por eso el sello grabado adentro cuenta la historia completa: si dice solo el quilataje («14K» o «585»), toda la pieza es esa pureza de oro. Si dice una fracción antes del quilataje («1/20 14K GF»), esa fracción es la proporción real de oro que tiene la pieza entera, y el resto es otro metal cubierto por una lámina.

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Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.