Tardígrados: el animal que sobrevivió al vacío del espacio

Imagen de microscopio electrónico de barrido de un tardígrado (Milnesium tardigradum), mostrando su característico cuerpo segmentado y sus ocho patas con garras

En el musgo de cualquier jardín, en el fondo del océano o en un charco de agua de lluvia vive un animal de apenas medio milímetro capaz de sobrevivir a cosas que matarían a cualquier otro ser vivo conocido: el vacío absoluto del espacio, temperaturas cercanas al cero absoluto, presiones de miles de atmósferas y diez años sin una sola gota de agua. Se llaman tardígrados, aunque son más conocidos como «osos de agua», y son, sin exagerar, el animal más resistente que existe.

Un oso microscópico descubierto en 1773

Los tardígrados fueron descritos por primera vez en 1773 por el naturalista alemán Johann August Ephraim Goeze, que los llamó Kleine Wasser-Bären («ositos de agua») por su forma de caminar, parecida al andar torpe de un oso. Cuatro años después, el científico italiano Lazzaro Spallanzani les dio el nombre científico «tardígrado», que significa «de paso lento». Hoy se conocen más de mil especies, la mayoría de menos de un milímetro de largo, con un cuerpo segmentado, ocho patas terminadas en garras y una boca en forma de probóscide que usan para succionar el contenido de células vegetales o de otros microorganismos.

Un tardígrado visto a través de un microscopio óptico junto a una escala de medición, mostrando lo diminuto que es este animal (apenas medio milímetro de largo)
Un tardígrado visto al microscopio junto a una escala de medición: la mayoría mide apenas medio milímetro, invisibles a simple vista salvo los ejemplares más grandes.

El truco que los hace casi indestructibles

La clave de su resistencia se llama criptobiosis. Cuando las condiciones se ponen difíciles, un tardígrado puede expulsar casi toda el agua de su cuerpo (de un 85 % habitual a apenas un 3 %), reducir su metabolismo casi a cero y entrar en un estado de animación suspendida que puede durar años. En ese estado, se ha comprobado que soportan temperaturas de hasta -200 °C y hasta 150 °C, presiones de casi 6.000 atmósferas y niveles de radiación ionizante cien veces mayores que los que resistiría cualquier otro animal conocido. En 2016, científicos del Instituto Nacional de Investigación Polar de Japón lograron reanimar ejemplares que habían pasado más de 30 años congelados.

El viaje que los hizo famosos: al espacio y de vuelta

En septiembre de 2007, la Agencia Espacial Europea envió un grupo de tardígrados al espacio a bordo de la misión rusa Foton-M3. No solo sobrevivieron a la exposición directa al vacío del espacio y a la radiación cósmica sin ningún tipo de protección: al regresar, varios conservaban intacta su capacidad de reproducirse. Fue la primera vez que se demostraba que un animal podía sobrevivir en el espacio exterior sin ninguna protección artificial, y consolidó a los tardígrados como el organismo más resistente jamás estudiado.

Imagen de microscopio electrónico de barrido de un tardígrado (Milnesium tardigradum), mostrando su característico cuerpo segmentado y sus ocho patas con garras
Imagen de microscopio electrónico de un tardígrado: este mismo tipo de organismo fue enviado al espacio en 2007 y sobrevivió sin protección alguna.

El mito de los 120 años que se les fue de las manos

No todo lo que se cuenta sobre los tardígrados es exacto. En 1948, la bióloga italiana Tina Franceschi rehidrató unos tardígrados a partir de una muestra de musgo seco que llevaba conservada en un museo desde 1828. Doce días después, uno de los ejemplares mostró unos ligeros signos de movimiento, y después nada más. Ese hallazgo, modesto y ambiguo, terminó citándose durante décadas en versiones cada vez más exageradas, hasta convertirse en la creencia popular de que un tardígrado puede «revivir» después de 120 años de sequedad, algo que ningún estudio serio ha confirmado. La resistencia real de estos animales, aunque extraordinaria, tiene límites bastante más modestos que los del mito: la cifra más sólida documentada en laboratorio ronda los 4 o 5 años en estado de criptobiosis, no más de un siglo.

Aun así, su popularidad no ha dejado de crecer. En 2015, el astrofísico Neil deGrasse Tyson llegó a describir a la Tierra como «el planeta de los tardígrados», en referencia a que, entre todos los animales conocidos, probablemente sean los que sobrevivirían a prácticamente cualquier catástrofe capaz de acabar con el resto de la vida en el planeta. No está mal para un animal que la mayoría de la gente nunca ha visto a simple vista.

Fotografía al microscopio de un tardígrado, el filo de animales conocido por su extrema resistencia a condiciones ambientales
Un tardígrado al microscopio óptico: pese a su apariencia frágil, es el organismo más resistente conocido por la ciencia.
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Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.