Chocar las copas y brindar por la salud: el origen de nuestros rituales de mesa

Chocar las copas y brindar por la salud: el origen de nuestros rituales de mesa

Alzamos las copas, las hacemos chocar con un tintineo, pronunciamos un «¡salud!» y bebemos mirándonos a los ojos. Repetimos este pequeño ritual en bodas, cumpleaños y celebraciones sin preguntarnos de dónde viene ni por qué lo hacemos. Sin embargo, cada uno de esos gestos —chocar las copas, desear salud, brindar por alguien— tiene una larga historia que se remonta a la Antigüedad. Detrás de un brindis cotidiano se esconden dioses, guerreros, venenos imaginarios y siglos de buenas maneras en la mesa.

Un gesto tan viejo como el vino

La costumbre de dedicar la bebida a alguien o a algo es antiquísima. En las civilizaciones de la Antigüedad, beber vino no era un simple placer, sino un acto cargado de sentido religioso. Griegos y romanos practicaban la libación: antes de beber, derramaban un poco de vino en el suelo o sobre un altar como ofrenda a los dioses. Con ese gesto pedían protección, agradecían un favor o sellaban un pacto. El primer sorbo, en cierto modo, no era para uno mismo, sino para lo sagrado.

De ahí a brindar por los presentes había un paso corto. Los antiguos alzaban sus copas en honor de los dioses, de los difuntos o de las personas queridas, y bebían deseándoles bienestar. Ya la poesía épica describe cómo los héroes levantaban sus copas para honrarse mutuamente. El vino, bebida de celebración y de comunidad, era el vehículo perfecto para expresar buenos deseos, y ese vínculo entre beber y desear el bien ha llegado casi intacto hasta nosotros.

Vino
Para griegos y romanos, beber vino era un acto social y religioso, no un simple placer

El banquete griego: beber con reglas

Ninguna cultura antigua elevó tanto el arte de beber en compañía como la del simposio griego. La palabra significa, literalmente, «beber juntos», y designaba una reunión de hombres que, tras la cena, dedicaban la velada a conversar, recitar, escuchar música y, por supuesto, beber vino. Pero no se bebía de cualquier manera: el simposio tenía reglas estrictas y un maestro de ceremonias que decidía la proporción en que se mezclaba el vino con agua.

Y es que los griegos consideraban un signo de barbarie beber el vino puro, sin rebajar. Lo mezclaban con agua en una gran vasija llamada crátera, y de ahí se repartía entre los comensales. Beber en exceso o sin las debidas maneras estaba mal visto; el objetivo era alcanzar una alegría compartida, no la embriaguez descontrolada. En aquellas reuniones, el brindis por los presentes y por los ausentes formaba parte del ritual, y beber a la salud de otro era una muestra de amistad y respeto.

Tumba del nadador
Frescos antiguos como los de la Tumba del nadador muestran banquetes donde se bebía en compañía

De dónde viene la palabra «brindis»

Curiosamente, la palabra española «brindis» no procede del latín ni del griego, sino del alemán. En el siglo XVI, durante las guerras que enfrentaron a los ejércitos del emperador Carlos V por toda Europa, los soldados españoles convivieron con mercenarios germánicos. Estos, al alzar sus jarras, solían decir una expresión que sonaba como «bring dir’s», que venía a significar «te lo ofrezco» o «va por ti». Los soldados españoles adoptaron aquella fórmula, y de ella nació nuestro verbo «brindar».

Es un bonito ejemplo de cómo una costumbre viaja de una lengua a otra a través del contacto entre pueblos, en este caso en los campamentos y las tabernas de la Europa del Renacimiento. Lo que empezó siendo el grito de unos soldados alemanes al beber terminó convertido en la palabra con la que hoy, en español, celebramos cualquier ocasión feliz. Otras lenguas tienen sus propias fórmulas, pero la nuestra guarda para siempre esa huella germánica y guerrera.

¿Por qué chocamos las copas?

El gesto de entrechocar las copas antes de beber ha dado lugar a numerosas explicaciones, algunas más leyenda que historia. La más repetida cuenta que, en épocas turbulentas, chocar las copas con fuerza hacía que un poco de líquido de cada una saltara a la del vecino; así, si alguien había envenenado la bebida de otro, todos compartían el riesgo, y el gesto se convertía en una prueba de confianza mutua. Es una historia atractiva, pero los expertos la consideran más un relato tardío que un origen real.

Una explicación más creíble apela a los sentidos. Beber es un placer que implica la vista del color del vino, su aroma, su sabor y el tacto de la copa. Faltaba solo el oído, y el tintineo de las copas al chocar completaría la experiencia, involucrando los cinco sentidos en la celebración. Otros lo ven simplemente como un gesto de unión: al juntar físicamente las copas, todos los presentes quedan simbólicamente unidos en un mismo brindis. Sea cual sea el origen verdadero, el tintineo se ha vuelto inseparable de cualquier festejo.

Brindar «por la salud» y otras fórmulas

Desear salud al beber es una de las costumbres más universales que existen. En español decimos «¡salud!»; los franceses, «à votre santé»; los ingleses brindan «to your health» y también con el famoso «cheers». La idea de fondo es la misma en casi todas las lenguas: el vino y la celebración se asocian al bienestar, y alzar la copa es una forma de desear vida y buena fortuna a los que nos acompañan. No es casualidad que en tantos idiomas se beba precisamente «a la salud».

Este vínculo entre bebida y salud viene de lejos. En un mundo donde la enfermedad acechaba constantemente y la esperanza de vida era corta, desear salud era el mejor de los regalos. El vino, además, se consideraba a menudo saludable y hasta medicinal, lo que reforzaba la asociación. Brindar por la salud de alguien era, en el fondo, una pequeña plegaria compartida, una manera de conjurar los peligros de la vida levantando juntos una copa.

Costumbres de mesa que heredamos sin saberlo

El propio término que en inglés designa el brindis, «toast», guarda otra curiosidad. Procede de la antigua costumbre de echar en la copa un trozo de pan tostado y especiado para mejorar el sabor del vino, que no siempre era bueno. Con el tiempo, la palabra que designaba aquel pan pasó a nombrar el acto de beber a la salud de alguien. Así, cada idioma ha ido tejiendo sus propias historias alrededor del mismo gesto milenario.

Muchas otras normas de la mesa que seguimos por inercia tienen raíces igual de antiguas: esperar a que el anfitrión o los mayores empiecen a comer, no beber antes del brindis inicial o mirarse a los ojos al chocar las copas, un detalle al que algunas tradiciones conceden gran importancia. Todas ellas comparten un mismo trasfondo: convertir el acto de comer y beber juntos en algo más que alimentarse. Sentarse a la mesa siempre ha sido una manera de estrechar lazos, sellar acuerdos y celebrar la vida en común.

Por eso, la próxima vez que alces la copa en una celebración, recuerda que estás repitiendo un gesto con miles de años de historia. Cuando dices «salud» y haces sonar el cristal, te unes a una cadena ininterrumpida de banquetes griegos, soldados alemanes y libaciones a los dioses. Un brindis nunca es solo un brindis: es uno de los rituales más antiguos y entrañables de la humanidad.