Nicolas Cage: auge, caída y renacimiento del actor más imprevisible de Hollywood

Nicolas Cage: auge, caída y renacimiento del actor más imprevisible de Hollywood

Pocas carreras en Hollywood resumen mejor la fragilidad de la fama que la de Nicolas Cage. Ha ganado el premio más codiciado de la interpretación, ha protagonizado algunas de las películas de acción más taquilleras de su época, ha dilapidado una fortuna colosal y ha terminado rodando títulos que casi nadie vio… para después renacer de sus cenizas y convertirse en objeto de culto. Su trayectoria es una lección sobre el talento, el dinero y las segundas oportunidades.

Un apellido que pesaba demasiado

Nicolas Cage nació en 1964 como Nicolas Kim Coppola, sobrino del legendario director Francis Ford Coppola, autor de El Padrino. Lejos de aprovechar ese apellido, el joven actor decidió renunciar a él al principio de su carrera. Temía que lo acusaran de deber sus papeles al enchufe familiar, así que adoptó el apellido artístico «Cage», inspirado, según ha contado él mismo, en el superhéroe de cómic Luke Cage y en el compositor vanguardista John Cage. Quería que lo juzgaran por su trabajo, no por su árbol genealógico.

Francis Ford Coppola
El director Francis Ford Coppola, tío del actor, cuyo apellido Cage renunció a usar

La decisión resultó profética. En los años ochenta, Cage se forjó una reputación de intérprete arriesgado y peculiar en películas como Arizona Baby, de los hermanos Coen, o Hechizo de luna, junto a Cher. No era un galán convencional: cultivaba un estilo intenso, a veces excéntrico, que él mismo bautizaría años después como «expresionismo nouveau». Los directores lo adoraban precisamente por su imprevisibilidad.

De promesa rara a estrella de Óscar

El reconocimiento absoluto llegó en 1995 con Leaving Las Vegas, donde interpretó a un guionista alcohólico que viaja a Las Vegas dispuesto a beber hasta morir. Su actuación, descarnada y sin concesiones, le valió el Óscar al mejor actor. De la noche a la mañana, aquel intérprete considerado «raro» se convirtió en uno de los actores más respetados de su generación.

Cage, sin embargo, no se conformó con el prestigio del cine de autor. Tomó una decisión que sorprendió a crítica y público: usar su recién ganado estatus para reinventarse como héroe de acción.

El rey de la taquilla

Entre 1996 y 1997, Cage encadenó tres taquillazos que lo catapultaron a la primera línea comercial: La Roca, Con Air y Cara a cara, esta última a las órdenes de John Woo. De pronto, el ganador de un Óscar era también una estrella de películas de explosiones y persecuciones. Años más tarde, la saga La búsqueda consolidaría su imagen de aventurero familiar. Durante casi una década, Cage fue uno de los actores mejor pagados del planeta, capaz de exigir cifras astronómicas por película.

Hollywood
En su apogeo, Cage llegó a ser uno de los actores mejor pagados de Hollywood

El dinero entraba a raudales. Y ahí empezó, paradójicamente, el capítulo más complicado de su historia.

Una fortuna que se evaporó

Cage se hizo famoso por un tren de vida desmesurado. Según su propio testimonio y numerosas informaciones publicadas, llegó a poseer una quincena de mansiones repartidas por el mundo, dos castillos en Europa, islas privadas, coches de lujo y una colección de objetos extravagantes. Compró tebeos de coleccionista carísimos, cabezas reducidas y hasta un cráneo de dinosaurio por el que pagó una pequeña fortuna.

Tarbosaurus
Cage adquirió un cráneo de Tarbosaurus que después tuvo que devolver a Mongolia

Aquel cráneo, de un pariente asiático del tiranosaurio, resultó haber sido sacado ilegalmente de Mongolia, y el actor acabó devolviéndolo a las autoridades. Fue solo un síntoma de un problema mayor. A finales de la década de 2000, la agencia tributaria estadounidense le reclamó millones de dólares en impuestos atrasados. Su imperio inmobiliario se desmoronó y Cage se vio obligado a vender propiedades a toda prisa, muchas veces con grandes pérdidas.

El exilio del cine directo a vídeo

Para saldar sus deudas, Cage tomó una decisión pragmática: aceptar casi cualquier papel que le ofrecieran. Durante años rodó a un ritmo frenético, a menudo tres o cuatro películas anuales, muchas de ellas producciones de bajo presupuesto que se estrenaban directamente en formato doméstico o en plataformas, sin pasar por las salas. La calidad era desigual y su nombre, antaño sinónimo de prestigio, empezó a asociarse con el cine de segunda fila. En internet, incluso, se convirtió en objeto de bromas y montajes virales por sus interpretaciones más histriónicas.

Muchos dieron por acabada su carrera. Pero Cage nunca dejó de trabajar ni de tomarse en serio su oficio, por modesto que fuera el proyecto. Y esa constancia, con el tiempo, jugó a su favor.

Un renacimiento inesperado

Hacia finales de la década de 2010, algo cambió. Películas independientes como Mandy (2018) revelaron a un Cage entregado y magnético, capaz de convertir su intensidad en un sello artístico. El punto de inflexión llegó con Pig (2021), un drama sobrio y contenido sobre un cocinero retirado que busca a su cerdo trufero robado. La crítica, que años atrás lo había dado por perdido, celebró su interpretación como una de las mejores de su carrera.

Después llegó El insoportable peso de un talento descomunal (2022), una comedia en la que Cage se interpretaba a sí mismo con notable sentido del humor, y su papel como Drácula en Renfield (2023). El actor había cerrado el círculo: de sobrino de un director mítico a ganador del Óscar, de estrella de acción a paria del directo a vídeo, y de ahí a icono de culto reivindicado por una nueva generación. Su historia demuestra que, en el cine como en la vida, una caída no siempre es el final; a veces es solo el intermedio antes de un tercer acto memorable.