De dioses y planetas: el curioso origen de los nombres de los días

De dioses y planetas: el curioso origen de los nombres de los días

Lunes, martes, miércoles… recitamos los nombres de los días de la semana desde niños, sin preguntarnos qué significan ni de dónde salieron. Y, sin embargo, cada uno de ellos esconde el nombre de un dios antiguo o de un astro del cielo. Al pronunciarlos, sin saberlo, seguimos invocando a divinidades romanas, a planetas errantes y a viejos dioses nórdicos. La historia de por qué la semana tiene siete días y de cómo recibieron sus nombres es un fascinante viaje por la astronomía, la mitología y la religión.

Siete astros errantes en el cielo

Todo empieza con una pregunta: ¿por qué la semana tiene siete días y no cinco o diez? La respuesta hay que buscarla en el cielo. Los pueblos de la antigua Mesopotamia, grandes observadores de los astros, identificaron siete cuerpos celestes que se movían sobre el fondo fijo de las estrellas: el Sol, la Luna y los cinco planetas visibles a simple vista, que hoy llamamos Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. A esos siete «astros errantes» les atribuyeron un poder especial sobre el mundo.

El número siete adquirió así un carácter sagrado, y no solo en Mesopotamia. También la tradición judía consagró un ciclo de siete días que culminaba en el sábado, el día de descanso, según el relato bíblico de la creación en seis jornadas más una de reposo. Distintas culturas confluyeron en la idea de una semana de siete días, un ritmo que no responde a ningún fenómeno natural evidente, a diferencia del día, el mes lunar o el año, y que sin embargo ha conquistado el planeta entero.

Sistema solar
Los antiguos solo conocían siete astros que parecían moverse por el cielo, y a ellos dedicaron los días

Una semana gobernada por los dioses

En el mundo helenístico y romano, cada uno de esos siete astros se asoció con una divinidad y pasó a regir un día de la semana. Nació así la semana planetaria, en la que cada jornada quedaba bajo la protección de un planeta convertido en dios. El orden de los días, que puede parecer caprichoso, procede de un sistema astrológico según el cual cada hora del día estaba gobernada por uno de los siete astros, ordenados por su lejanía aparente respecto a la Tierra.

Al repartir las horas entre los siete cuerpos celestes de forma continua, resultaba que el astro que regía la primera hora de cada día iba cambiando siguiendo una secuencia fija, y ese astro daba nombre a la jornada entera. Así surgió el orden Sol, Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno que, con ligeras variaciones, seguimos usando. No es casualidad, pues, que el nombre de cada día y el de cada planeta compartan raíz: unos y otros nacieron juntos.

Marte (mitología)
El dios Marte dio nombre al martes, igual que otros dioses bautizaron el resto de los días

Los nombres latinos que aún usamos

En español, la herencia latina es transparente. Lunes viene de dies Lunae, el «día de la Luna». Martes procede de dies Martis, consagrado a Marte, el dios de la guerra. Miércoles deriva de dies Mercurii, el día de Mercurio, mensajero de los dioses. Jueves viene de dies Iovis, el día de Júpiter, el rey del panteón romano. Y viernes procede de dies Veneris, dedicado a Venus, la diosa del amor y la belleza.

Esta correspondencia se repite, con pocas variaciones, en las demás lenguas romances, como el francés, el italiano o el catalán, todas herederas del latín. Cada vez que un hispanohablante nombra los días de entre semana, está pronunciando, sin darse cuenta, los nombres de cinco divinidades de la antigua Roma. Los dioses del Olimpo desaparecieron de los altares hace siglos, pero siguen vivos, camuflados, en el calendario que usamos a diario.

Sábado y domingo: la huella de las religiones

Dos días rompen la lista de dioses paganos, y no por casualidad. En latín, el sábado era dies Saturni, el día de Saturno, y de ahí procede el inglés Saturday. Pero en español, sábado tiene otro origen: viene del hebreo sabbat, el día de descanso semanal de la tradición judía. La influencia de la Biblia sustituyó al viejo dios romano por el nombre del día sagrado del judaísmo, que el cristianismo heredó y adaptó.

El domingo tiene una historia parecida. En latín era dies Solis, el «día del Sol», nombre que aún se conserva en el inglés Sunday y el alemán Sonntag. Pero el cristianismo lo rebautizó como dies Dominicus, el «día del Señor», en recuerdo de la resurrección de Cristo, y de ahí viene nuestro «domingo». En el año 321, el emperador Constantino lo declaró oficialmente día de descanso en todo el Imperio romano, consolidando una costumbre que ha llegado hasta hoy.

Constantino I
En el año 321, el emperador Constantino declaró el domingo día oficial de descanso

Cuando los dioses cambiaron de nombre

Si en las lenguas latinas los días llevan nombres de dioses romanos, ¿por qué en inglés o en alemán suenan tan distintos? La razón es fascinante. Cuando los pueblos germánicos del norte de Europa conocieron la semana planetaria romana, tradujeron los nombres a su propia mitología, sustituyendo cada dios romano por el suyo más parecido. Los estudiosos llaman a este proceso interpretación germánica, y explica la aparente rareza de los días ingleses.

Así, el día de Marte, dios de la guerra, se convirtió en el día de Tiw, su equivalente germánico, y dio el inglés Tuesday. El día de Mercurio pasó a ser el de Wodan, u Odín, el dios principal nórdico, de donde viene Wednesday. El día de Júpiter se transformó en el de Thor, el dios del trueno, origen de Thursday. Y el de Venus se asignó a Frigg, o Freya, la diosa germánica del amor, lo que dio Friday. El domingo y el lunes conservaron el Sol y la Luna, y el sábado mantuvo a Saturno.

Odín
El dios nórdico Odín, o Wodan, está detrás del nombre inglés del miércoles, Wednesday

Rarezas de un calendario casi universal

No todas las lenguas nombran los días con dioses o astros. El caso más llamativo es el del portugués, que abandonó esos nombres paganos por influencia de la Iglesia y adoptó un sistema numérico: el lunes es segunda-feira, el martes terça-feira, y así sucesivamente hasta el viernes, mientras que sábado y domingo conservan sus nombres religiosos. Es una rareza dentro de las lenguas romances, fruto de un esfuerzo deliberado por borrar la vieja mitología del calendario.

Con todo, lo verdaderamente extraordinario es que un ciclo de siete días nacido hace miles de años entre los astrónomos de Mesopotamia se haya impuesto en casi todo el planeta, por encima de culturas, religiones e idiomas. Cada semana, sin darnos cuenta, rendimos un pequeño homenaje al Sol y la Luna, a Marte, Mercurio, Júpiter y Venus, y a viejos dioses nórdicos como Odín o Thor. Los nombres de los días son, en el fondo, un museo vivo de la historia y las creencias de la humanidad.