Si Hitler hubiera ganado la guerra, lo que pensaban hacer después está escrito en los planes del propio régimen. Preveían deportar a Siberia a 31 millones de personas del este de Europa, dejar morir de hambre a «decenas de millones» de soviéticos y arrasar Moscú y Leningrado. La lista de la conferencia de Wannsee, con los judíos destinados a la «solución final», incluía a los de Inglaterra e Irlanda, dos países que Alemania nunca ocupó. Y un decreto de Hitler fijaba 1950 como fecha para terminar la nueva Berlín, capital de su imperio.
Esta es una historia alternativa, pero no hace falta inventar. Basta con leer esos documentos y mirar lo que los nazis llegaron a hacer donde tuvieron el poder.
Qué significaba «ganar» para Hitler
Lo que Hitler buscaba en esos años era un imperio en el continente. En el verano de 1940, con Francia rendida, esperaba que Gran Bretaña negociara la paz. Su directiva para invadir la Unión Soviética, del 18 de diciembre de 1940, pedía derrotarla «en una campaña rápida». El objetivo final era una barrera frente a la «Rusia asiática» en la línea que va del Volga a Arcángel; la industria de los Urales, más al este, podría eliminarla la aviación si hacía falta.
El 17 de septiembre de 1941, en una de sus charlas de sobremesa, Hitler lo resumió así: «El espacio ruso es nuestra India». Como los ingleses allí, lo gobernarían «con un puñado de hombres». Albert Speer, su arquitecto, cuenta en sus memorias otro detalle. En el gran globo terráqueo del Berghof, la casa de Hitler en los Alpes, había una línea a lápiz de norte a sur sobre los Urales: la había trazado Hitler como futura frontera entre su zona y la de Japón.
Ni la paz con Gran Bretaña ni la campaña rápida llegaron. Pero los planes para después de la victoria se escribieron igual, y algunos se empezaron a aplicar.
Si Hitler hubiera ganado la guerra: 31 millones de deportados a Siberia
El Generalplan Ost (Plan General del Este) tuvo varias versiones. Las cifras más citadas salen de la que preparó, probablemente a fines de 1941, la Oficina Central de Seguridad del Reich, el organismo de las SS que dirigía Reinhard Heydrich. Ese texto parece haberse perdido. Se conoce por la crítica que le escribió el 27 de abril de 1942 Erhard Wetzel, el encargado de política racial del ministerio alemán para los territorios ocupados del este. El historiador Helmut Heiber la publicó en 1958.
Según ese documento, el plan contaba 45 millones de habitantes en los territorios elegidos (la antigua Polonia, los países bálticos y partes de Ucrania y Bielorrusia). De ellos, 31 millones serían deportados a Siberia occidental: entre el 80 y el 85 % de los polacos, el 65 % de los ucranianos del oeste y el 75 % de los bielorrusos. En unos 30 años, en esos territorios debían vivir 10 millones de alemanes.
Wetzel aprobaba el objetivo. Discutía las cifras: con sus propias cuentas, que sumaban el crecimiento de la población en 30 años, habría que expulsar a entre 46 y 51 millones de personas. Discutía también algunos métodos, y agregaba algo que el plan casi no trataba: debilitar a los rusos bajando su natalidad con propaganda, anticonceptivos y abortos sin castigo.
El plan era para después de la victoria, pero se llegó a ensayar. Entre noviembre de 1942 y agosto de 1943, las SS, la policía y el ejército expulsaron a unos 110.000 polacos de unos 300 pueblos de la región de Zamość, en el sureste de Polonia, para instalar colonos alemanes.
Moscú y Leningrado: arrasarlas para no tener que alimentarlas
El 8 de julio de 1941, 16 días después de la invasión, el jefe del Estado Mayor del ejército, Franz Halder, anotó en su diario la «firme decisión» de Hitler. Había que arrasar Moscú y Leningrado para que no quedara allí gente a la que alimentar en invierno, y lo haría la aviación, no los tanques. En septiembre, una directiva del Estado Mayor de la marina lo confirmaba: el Führer había decidido «borrar de la faz de la tierra» la ciudad de Petersburgo, como llamaban a Leningrado. Si pedía rendirse, había que rechazarlo.
Detrás había un cálculo. El 2 de mayo de 1941, siete semanas antes de la invasión, una reunión de secretarios de Estado dejó escrito que la guerra solo podía seguir si en su tercer año todas las fuerzas armadas se alimentaban de Rusia. Y que, si Alemania se llevaba de allí lo que necesitaba, morirían de hambre «decenas de millones de personas». Las directrices económicas del 23 de mayo fueron más lejos: en la zona de bosques del norte, con Moscú y Leningrado, «muchas decenas de millones» de personas sobrarían y tendrían que «morir o emigrar a Siberia». El historiador Rolf-Dieter Müller lo llamó «Plan del Hambre».
En noviembre de 1941, Hermann Göring le dijo al ministro italiano de Exteriores, Galeazzo Ciano, que ese año morirían de hambre en Rusia entre 20 y 30 millones de personas. La guerra no salió como esperaban y el plan no se aplicó tal como estaba escrito. En Leningrado, el hambre sí se usó como arma: el sitio duró 872 días y mató a unos 1,1 millones de civiles, según la mayoría de las estimaciones (la cifra oficial soviética fue de 670.000). Y de los 5,7 millones de soldados soviéticos capturados murieron unos 3 millones, sobre todo de hambre, frío y enfermedades.
Los judíos de Europa: de Madagascar a la lista de Wannsee
En 1940 se pensó en otro destino para los judíos de Europa. El 3 de junio, mientras Francia caía, el diplomático Franz Rademacher propuso enviarlos a Madagascar, entonces colonia francesa. El 15 de agosto, Adolf Eichmann presentó un plan para trasladar un millón por año durante cuatro años a la isla, que las SS gobernarían como un estado policial. Según el historiador Peter Longerich, contaban con que muchos murieran allí. El plan necesitaba la flota mercante británica, que Alemania pensaba requisar tras invadir Gran Bretaña, y se frenó cuando esa invasión se aplazó, en septiembre de 1940.
El 20 de enero de 1942, la conferencia de Wannsee coordinó entre ministerios y SS la llamada «solución final». Su protocolo calculaba que abarcaría a «unos 11 millones de judíos» y los repartía por países. La lista no se limitaba a los territorios que Alemania controlaba: incluía 330.000 judíos en Inglaterra, 4.000 en Irlanda, 18.000 en Suiza, 8.000 en Suecia, 6.000 en España y 3.000 en Portugal. Donde Alemania y sus aliados tuvieron el poder, unos seis millones de judíos fueron asesinados.

Gran Bretaña: una lista de 2.820 nombres para arrestar
Para la invasión de Gran Bretaña, la Oficina Central de Seguridad del Reich preparó en 1940 la Sonderfahndungsliste G.B., que después de la guerra se conoció como el «Libro Negro». Tenía 2.820 entradas, algunas repetidas: personas que las SS debían arrestar en cuanto llegaran. Walter Schellenberg, del servicio de inteligencia de las SS, contó después que la había compilado él. Entre ellas estaban Winston Churchill, los escritores Virginia Woolf y H. G. Wells y el filósofo Bertrand Russell. También figuraba Sigmund Freud, que había muerto en Londres en septiembre de 1939.
El ejército tenía sus propias órdenes. Según documentos alemanes capturados que citó el periodista William Shirer, el 9 de septiembre de 1940 el comandante en jefe del ejército, Walther von Brauchitsch, firmó una directiva: los hombres aptos de entre 17 y 45 años serían internados y enviados al continente.
Germania: la capital que Hitler quería terminada en 1950
Tras la rendición de Francia, Hitler firmó un decreto que declaraba la reconstrucción de Berlín la obra más importante del Reich. Según Speer, le puso a mano una fecha anterior, el 25 de junio de 1940, el día en que entró en vigor el armisticio. La ciudad debía recibir «en el menor tiempo posible» la forma que le correspondía como capital de un nuevo imperio, y el decreto fijaba el plazo: «Espero su conclusión para el año 1950». Lo mismo valía para las obras de Múnich, Linz, Hamburgo y Núremberg.
Hitler también pensó en cambiarle el nombre. En una charla del 8 de junio de 1942 dijo que llamarla «Germania» ayudaría a unir a los pueblos germánicos de Europa. En el extremo norte de una nueva avenida, junto al Reichstag, estaría el Gran Salón del Pueblo, para más de 150.000 personas de pie, con una cúpula de 250 metros de diámetro coronada por un águila a 290 metros de altura. Según Speer, el interior tenía 17 veces el volumen de la basílica de San Pedro. A comienzos del verano de 1939, cuenta Speer, Hitler ordenó cambiar el remate: el águila de la cúpula ya no tendría en sus garras la esvástica, sino el globo terráqueo.
En el otro extremo, según los planos de Speer, un arco de triunfo tendría 117 metros de alto y 170 de ancho. Solo su abertura medía 80 metros de alto; el Arco del Triunfo de París tiene 50.

Lo que se hizo de Germania: desalojos, demoliciones y un bloque de hormigón
De todo eso se hizo poco. Hubo demoliciones, como las de la foto de portada, y desde 1939 la oficina de Speer desalojó a inquilinos judíos de Berlín para dar sus viviendas a los desplazados por las obras y, más tarde, por los bombardeos; según el biógrafo Joachim Fest, unos 75.000 judíos fueron desalojados así. Antes del decreto ya se había inaugurado, en la víspera del cumpleaños número 50 de Hitler, en abril de 1939, un tramo de 7 kilómetros del eje este-oeste. Las obras se detuvieron en 1943, después de la derrota en Stalingrado. Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945 en su búnker de Berlín, a poco más de un kilómetro de donde iba a levantarse el Gran Salón.
Uno de los restos más visibles de Germania está en el barrio de Tempelhof. Entre 1941 y 1942, la oficina de Speer hizo levantar el Schwerbelastungskörper, un cilindro de hormigón de 21 metros de diámetro y 14 de alto, con cimientos a 18 metros de profundidad. Sus 12.650 toneladas debían simular la presión del arco de triunfo sobre el suelo arenoso de Berlín, para ver si lo aguantaba. Lo construyó la empresa Dyckerhoff & Widmann, y en la obra se usó a franceses como trabajadores forzados.
Las mediciones siguieron hasta 1944, pero no se analizaron hasta 1948, tres años después del fin de la guerra: el cilindro se había hundido 19,3 centímetros en dos años y medio. La conclusión fue que el arco, tal como lo quería Speer, solo se habría podido levantar reforzando antes el terreno. Después de la guerra no se voló porque estaba demasiado cerca de las viviendas. Es monumento protegido desde 1995 y tiene un centro de información con mirador que abre de abril a octubre.

¿Y América Latina? Un mapa falso y una idea para Brasil
Para América Latina, la pregunta tuvo un momento de alarma real. El 27 de octubre de 1941, en un discurso transmitido por radio, Franklin D. Roosevelt dijo que tenía «un mapa secreto hecho en Alemania por el gobierno de Hitler». Según el presidente, los geógrafos de Berlín habían borrado todas las fronteras de la zona (Sudamérica y parte de Centroamérica, catorce países en ese momento) y habían dividido Sudamérica en cinco estados vasallos. Uno de ellos incluía Panamá y su canal.
El mapa era falso. Según el historiador Nicholas Cull, casi con seguridad lo fabricó la red británica de espionaje que dirigía William Stephenson desde Nueva York, para empujar a Estados Unidos a la guerra. Partieron de mapas alemanes reales y redibujaron las fronteras, dice Cull, para molestar al máximo a todos. Seis semanas después del discurso, el ataque japonés a Pearl Harbor metió a Estados Unidos en la guerra.
Lo que sí quedó escrito fue otra idea, mucho menos conocida. En su crítica del Generalplan Ost, Wetzel proponía que, después de la paz, «varios millones» de los polacos que consideraba más peligrosos emigraran a Sudamérica, sobre todo a Brasil. A cambio, se podría traer a los alemanes del sur de Brasil para instalarlos en Crimea o junto al Dniéper. Según Wetzel, el Ministerio de Exteriores alemán no veía mal la idea.
Cómo lo imaginó la ficción
La pregunta dio pie a dos novelas muy conocidas. En El hombre en el castillo (1962), Philip K. Dick imaginó unos Estados Unidos repartidos entre Alemania y Japón; Amazon la adaptó como serie entre 2015 y 2019. En Patria (1992), Robert Harris situó una novela policial en el Berlín de abril de 1964, la semana en que Hitler cumple 75 años, con el Gran Salón ya construido. La trama gira en torno a los asistentes a la conferencia de Wannsee, a los que alguien está eliminando en secreto.
Los planes para después de la victoria, en una tabla
| Plan | Documento | Qué preveía | Qué llegó a pasar |
|---|---|---|---|
| Generalplan Ost | Crítica de Wetzel, 27 de abril de 1942 | Deportar a Siberia a 31 millones de personas y asentar en su lugar a 10 millones de alemanes en 30 años | Unos 110.000 polacos expulsados de la región de Zamość (1942-1943) |
| Plan del Hambre | Acta del 2 de mayo y directrices del 23 de mayo de 1941 | Que murieran de hambre «decenas de millones» de soviéticos | Hambre en el sitio de Leningrado y en los campos de prisioneros soviéticos |
| Moscú y Leningrado | Diario de Halder, 8 de julio de 1941 | Arrasar las dos ciudades | Leningrado sitiada 872 días; unos 1,1 millones de civiles muertos, según la mayoría de las estimaciones |
| «Solución final» | Protocolo de Wannsee, 20 de enero de 1942 | 11 millones de judíos, incluidos los de Inglaterra e Irlanda | Unos seis millones de judíos asesinados |
| Gran Bretaña | Libro Negro (1940) y orden de Brauchitsch (9 de septiembre de 1940) | Arrestar a los de una lista de 2.820 entradas; internar y enviar al continente a los hombres aptos de 17 a 45 años | La invasión se aplazó en septiembre de 1940 |
| Germania | Decreto fechado el 25 de junio de 1940 | Berlín, capital de un imperio, terminada en 1950 | Demoliciones, desalojo de inquilinos judíos y el cilindro de Tempelhof; las obras se detuvieron en 1943 |
Fuentes
Documentos: Weisung Nr. 21 «Fall Barbarossa» (18 de diciembre de 1940); acta de la reunión de secretarios de Estado del 2 de mayo de 1941 (Núremberg, 2718-PS) y directrices económicas del 23 de mayo de 1941 (126-EC), en 1000dokumente.de y en Wikipedia en alemán, «Hungerplan»; Franz Halder, diario de guerra, 8 de julio de 1941 (traducción al inglés de la posguerra, en archive.org); directiva naval I-a 1601/41 (C-124), resumida ante el Tribunal de Núremberg el 22 de febrero de 1946; Erhard Wetzel, «Stellungnahme und Gedanken zum Generalplan Ost des Reichsführers SS» (27 de abril de 1942), editado por Helmut Heiber en Vierteljahrshefte für Zeitgeschichte 6 (1958); protocolo de la conferencia de Wannsee (20 de enero de 1942); Hitler’s Table Talk, 17 de septiembre de 1941 y 8 de junio de 1942; Franklin D. Roosevelt, discurso del Día de la Marina (27 de octubre de 1941).
Testimonios y estudios: Albert Speer, Memorias (1969); William L. Shirer, Auge y caída del Tercer Reich (1960); Wigbert Benz, «Zum Hungerplan beim Russlandfeldzug 1941» (2010); Nicholas Cull en Mental Floss (2015); Wikipedia en inglés, «Operation Sea Lion», «Madagascar Plan» (con Browning y Longerich), «The Black Book (list)», «Albert Speer» (con Fest) y «German atrocities committed against Soviet prisoners of war»; Wikipedia en alemán, «Welthauptstadt Germania», «Große Halle», «Sonderfahndungsliste G.B.», «Aktion Zamość», «Leningrader Blockade» y «Schwerbelastungskörper»; Informationsort Schwerbelastungskörper y Berliner Unterwelten.




