¿Por qué unos países conducen por la izquierda y otros por la derecha?

¿Por qué unos países conducen por la izquierda y otros por la derecha?

Sube usted a un coche en Madrid, en París o en Nueva York y conduce por la derecha sin pensarlo. Pero cruce el canal de la Mancha, aterrice en Londres, en Tokio o en Sídney, y de pronto todo se invierte: el volante está al otro lado y los coches circulan por la izquierda. Alrededor de un tercio de la población mundial conduce por la izquierda, y el resto por la derecha. ¿Por qué esta división tan aparentemente absurda? La respuesta es un viaje fascinante por espadas medievales, carromatos de carga, un emperador francés y hasta una madrugada histórica en Suecia.

Una cuestión de espadas, no de coches

Mucho antes de que existieran los automóviles, la gente ya se preguntaba por qué lado del camino caminar o cabalgar. Y durante buena parte de la historia, en muchos lugares se circulaba por la izquierda. La razón más citada tiene que ver con la seguridad en tiempos peligrosos. La mayoría de las personas son diestras, de modo que un jinete armado prefería mantener su lado derecho —el de la espada— hacia el posible adversario que se acercaba de frente. Ir por la izquierda dejaba la mano hábil lista para desenvainar y, de paso, permitía saludar con la derecha a un conocido.

Había otra ventaja práctica: montar a caballo suele hacerse desde el lado izquierdo del animal, para no estorbarse con la espada colgada a ese costado. Y resultaba más cómodo subir y bajar junto al borde del camino que en medio del tráfico. Por eso, en la Europa medieval, circular por la izquierda era lo natural. El propio papado llegó a recomendarlo a los peregrinos.

Sentido de circulación
Cerca de un tercio de la población mundial circula todavía por la izquierda.

El giro hacia la derecha

El cambio hacia la derecha nació, curiosamente, del transporte de mercancías. En Francia y en Estados Unidos se popularizaron grandes carromatos tirados por varias parejas de caballos, sin asiento para el conductor. El carretero se sentaba en el caballo trasero de la izquierda, para llevar el látigo en la mano derecha y controlar a todo el tiro. Desde esa posición, quería ver bien la rueda del carro que venía de frente para no chocar, y eso se lograba manteniéndose a la derecha del camino.

A ese motivo práctico se sumó otro simbólico. En la Francia previa a la Revolución, la aristocracia circulaba por la izquierda y obligaba al pueblo llano a apartarse por la derecha. Tras 1789, quedar del lado izquierdo se volvió peligroso: era el lado de los nobles. Circular por la derecha se convirtió casi en un gesto igualitario. Y entonces apareció quien lo llevaría por media Europa a punta de bayoneta.

Napoleón Bonaparte
La expansión napoleónica contribuyó a imponer la circulación por la derecha en buena parte de Europa continental.

Napoleón contra el Imperio británico

Napoleón Bonaparte impuso la circulación por la derecha en los territorios que conquistó o dominó: los Países Bajos, Bélgica, buena parte de Alemania, Italia, Polonia, España… Los países que resistieron a Napoleón, como el Reino Unido, mantuvieron por orgullo y por costumbre su circulación por la izquierda. Así se dibujó, en parte, el mapa que aún hoy divide a Europa en dos carriles.

Y aquí entra el segundo gran protagonista: el Imperio británico. El Reino Unido formalizó la conducción por la izquierda con normas como la Highway Act de 1835, y la exportó a su vasto imperio. Por eso hoy conducen por la izquierda países tan distintos como la India, Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda o buena parte del Caribe y de África oriental. Japón, sin haber sido colonia británica, adoptó también la izquierda, en parte porque fueron ingenieros ingleses quienes le ayudaron a construir su primera red ferroviaria.

El día que Suecia cambió de lado

Cambiar de carril un país entero parece imposible, pero se ha hecho. El caso más famoso es el de Suecia. Hasta 1967, los suecos conducían por la izquierda, aunque estaban rodeados de vecinos —Noruega, Finlandia, Dinamarca— que lo hacían por la derecha, y la mayoría de sus coches ya tenían el volante a la izquierda, lo que hacía peligroso adelantar. Tras años de debate, se fijó una fecha para el gran cambio.

Fue el domingo 3 de septiembre de 1967, conocido como Dagen H, por Högertrafik, «tráfico por la derecha». A las cinco de la madrugada, tras detenerse todo el tráfico, los vehículos cambiaron ordenadamente de carril y el país entero pasó a circular por la derecha. Se habían repintado calles, cambiado señales y semáforos, y educado a la población durante meses. Contra todo pronóstico, los accidentes no aumentaron: en los días siguientes incluso bajaron, porque todo el mundo conducía con una prudencia extrema. Con el tiempo, las cifras volvieron a la normalidad.

Un mundo dividido y el porqué del volante

La posición del volante es la consecuencia lógica de todo esto. En los países que circulan por la derecha, el volante va a la izquierda, para que el conductor quede cerca del centro de la calzada y vea bien al adelantar; en los que circulan por la izquierda, ocurre justo lo contrario. Por eso importar un coche del lado equivocado resulta incómodo, y por eso las islas, como el Reino Unido o Japón, han conservado con más facilidad su sistema: al no tener fronteras terrestres, apenas sufren el roce con el tráfico vecino.

Cambiar de lado es carísimo y complicado, así que casi nadie lo hace. Sin embargo, todavía ocurre. En 2009, Samoa hizo el camino inverso al de Suecia y pasó a circular por la izquierda, para poder importar coches más baratos desde Australia y Nueva Zelanda. Al final, aquello que parece una norma eterna e indiscutible no es más que la suma de decisiones históricas, prácticas y a veces políticas. La próxima vez que cruce a un país que conduce «al revés», recuerde que, en realidad, nadie conduce al revés: cada uno sigue el hilo de su propia historia.