Si le preguntas a alguien quién rompió el código Enigma, casi siempre responde lo mismo: Alan Turing, en Bletchley Park. Es cierto, pero incompleto. Cuando Turing empezó a trabajar en el problema, en 1939, Enigma ya llevaba siete años rota.
Un matemático polaco, siete años antes de la guerra
En diciembre de 1932, un matemático polaco de 27 años llamado Marian Rejewski, recién contratado por el servicio de cifra del Estado Mayor polaco (el Biuro Szyfrów), hizo lo que el historiador David Kahn describió como uno de los mayores avances de toda la historia de la criptografía: aplicando teoría de grupos de permutaciones, matemática pura, dedujo el cableado interno secreto de la máquina Enigma. Tuvo ayuda de un espía (la inteligencia francesa le pasó documentos técnicos robados por un empleado alemán infiltrado), pero el paso decisivo, adivinar que el tambor de entrada estaba cableado en simple orden alfabético, fue suyo. Con esa base, Rejewski y dos colegas, Jerzy Różycki y Henryk Zygalski, desarrollaron métodos propios para leer con regularidad el tráfico alemán cifrado, incluido un catálogo de fichas y una máquina electromecánica bautizada bomba kryptologiczna («bomba criptológica»).

El regalo que Polonia le hizo a sus aliados
El 25 y 26 de julio de 1939, cinco semanas antes de que Alemania invadiera Polonia, los jefes del servicio de cifra polaco se reunieron en secreto con representantes de la inteligencia francesa y británica en un bosque cerca de Varsovia. Les entregaron una réplica de la máquina Enigma construida por los propios polacos y todos los detalles de su método. En la reunión, el criptógrafo británico Dilly Knox preguntó cómo estaba cableado el tambor de entrada; cuando le respondieron, quedó mortificado de lo simple que era la solución que Gran Bretaña llevaba años sin encontrar. El matemático británico Gordon Welchman, ya en Bletchley Park, lo resumió sin rodeos años después: «Ultra nunca habría despegado si no hubiéramos aprendido de los polacos, en el último momento, los detalles de la máquina y de los procedimientos alemanes.»
De la bomba polaca al Bombe británico
Lo que hizo Bletchley Park a partir de ahí fue real y decisivo, solo que no partió de cero. El propio Bombe británico, diseñado por Alan Turing en 1939 y perfeccionado por Gordon Welchman, fue, según los propios historiadores de la criptografía, un desarrollo sustancial de la bomba kryptologiczna que Rejewski ya había construido en 1938. Con los alemanes complicando el sistema cada pocos meses (más rotores, más cables de conexión), Bletchley Park escaló lo que los polacos habían empezado hasta convertirlo en una operación industrial: unas diez mil personas trabajando por turnos, alrededor de tres cuartas partes mujeres, produciendo la inteligencia bautizada Ultra, que permitió a los Aliados seguir a los submarinos alemanes en el Atlántico y anticipar movimientos del ejército. El propio Eisenhower calificó después esa inteligencia como «de un valor inestimable» para su tarea como comandante.
Y no fue un traspaso de una sola vez: durante meses, mientras el equipo polaco seguía trabajando desde Francia, la colaboración siguió activa. En enero de 1940, el propio Turing viajó hasta la base polaco-francesa cerca de París para consultar en persona con Rejewski y sus colegas, y les llevó un juego de hojas de cálculo fabricadas en Bletchley Park con información que Polonia había aportado. Durante esos meses, cerca del 17 % de las claves diarias de Enigma que se lograron descifrar salieron de esa base franco-polaca, no de Inglaterra. La imagen de un Bletchley Park aislado, trabajando en solitario, tampoco resiste el detalle.

Un secreto que le costó la libertad y el reconocimiento
A Rejewski y Zygalski el mérito les trajo poco. Cuando Francia cayó, huyeron cruzando los Pirineos (un guía los robó a punta de pistola en el camino) y fueron detenidos en la frontera española en enero de 1943; pasaron tres meses presos hasta que la Cruz Roja logró liberarlos. Cuando por fin llegaron a Gran Bretaña, los británicos consideraron demasiado arriesgado dejarlos entrar en Bletchley Park (habían pasado tiempo en la Francia ocupada) y los pusieron a descifrar cifrados menores de las SS en una instalación aparte. Ninguno de los dos volvió a trabajar en criptología después de la guerra. Rejewski regresó a una Polonia comunista en 1946 y pasó el resto de su vida como contable, en silencio sobre lo que había hecho.

El secreto que tardó décadas en salir
Ese silencio no era opcional: varios excompañeros del servicio de cifra polaco fueron capturados por los alemanes intentando huir a España, y ninguno reveló nada pese a las circunstancias. El papel de Polonia en romper Enigma no se hizo público hasta 1967, cuando el historiador Władysław Kozaczuk lo reveló en un libro (siete años antes de que el libro británico The Ultra Secret, ya en 1974, contara la versión que se volvió popular en Occidente). Para entonces la imagen de Bletchley Park como el lugar donde «se rompió Enigma» ya estaba fijada. Ni siquiera Hollywood la corrigió: la película Enigma (2001) fue criticada por los propios historiadores por omitir por completo el trabajo fundacional polaco.
La próxima vez que veas esta historia contada con Turing como protagonista solitario, vale la pena recordar que la primera vez que alguien rompió Enigma fue en Varsovia, no en Londres, y que ese primer paso tardó 35 años en salir a la luz. Si te interesa el resto de las guerras que se decidieron desde la sombra, con espías y códigos rotos, en Guerras ganadas en la sombra: el poder oculto del espionaje contamos otros cuatro episodios, incluido justo lo que pasó después en Bletchley Park.




