Coyolxauhqui: quién era la diosa mexica y qué se sabe de la piedra hallada en 1978

Monolito circular de Coyolxauhqui visto desde arriba: la diosa tendida, con la cabeza de perfil y los brazos y las piernas separados del tronco
La piedra de Coyolxauhqui en el Museo del Templo Mayor, en la Ciudad de México (foto: Gary Todd, CC0)

Coyolxauhqui es la diosa mexica que, según el mito, murió decapitada por su hermano Huitzilopochtli en el cerro de Coatépec, y cuyo cuerpo cayó despedazado. Su imagen más famosa es un disco de piedra de más de 3 metros de diámetro y cerca de 8 toneladas. Lo encontraron trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro en la madrugada del 21 de febrero de 1978, en el centro de la Ciudad de México. No es la única: los mexicas la esculpieron por lo menos seis veces. Debajo de ese disco había otra, más antigua, que al principio se creyó la imagen de un niño.

Qué significa Coyolxauhqui y quién era en el mito

El nombre, en náhuatl, suele traducirse como «la de los cascabeles en las mejillas» (coyolli quiere decir cascabel), y así la esculpían: con cascabeles en la cara. En el mito era hija de Coatlicue, la diosa de la tierra, y hermana mayor de los centzonhuitznáhuah, los «cuatrocientos surianos». Otro de sus hermanos, todavía por nacer, era Huitzilopochtli, el dios patrono de los mexicas, solar y guerrero, del que hablamos junto con el resto de los dioses de aztecas y mayas.

El mito de Coatépec, según el Códice Florentino

Fray Bernardino de Sahagún recogió el relato en el siglo XVI, en náhuatl y en español, en el libro III de su Historia general de las cosas de Nueva España. Su manuscrito ilustrado, que se conserva en Florencia, es el Códice Florentino. Cuenta que Coatlicue barría en el cerro de Coatépec, cerca de Tula, cuando bajó sobre ella una bola de plumón. Se la puso sobre el vientre y quedó embarazada.

Sus hijos lo tomaron como una deshonra, y Coyolxauhqui los animó a matar a su madre. Cuando llegaron armados a la cima, nació Huitzilopochtli, ya vestido para la guerra. Uno llamado Tochancalqui encendió por orden suya la xiuhcóatl («una culebra hecha de teas», dice la versión española de Sahagún), y con ella Coyolxauhqui fue herida y decapitada. En la traducción del náhuatl de Alfredo López Austin: «Su cabeza quedó allá, en el extremo del Coatépetl, y su tronco vino a caer al pie, cayó haciéndose pedazos. En distintas partes cayeron sus brazos, sus piernas y su tronco».

Después, Huitzilopochtli persiguió a los cuatrocientos hermanos, les hizo dar cuatro vueltas al cerro y mató a casi todos; según el relato, solo unos pocos escaparon. La cabeza por un lado y los brazos, las piernas y el tronco por otro es justo lo que muestra la piedra de 1978.

Página del Códice Florentino con dos escenas: una mujer entre serpientes y un guerrero recién nacido con escudo y dardos; debajo, un guerrero con penacho junto a un cerro con una cabeza cortada encima, dos guerreros con escudos a la izquierda y, al pie, un cuerpo con los brazos y las piernas separados
El mito en el Códice Florentino (libro III, siglo XVI): arriba, Huitzilopochtli nace de Coatlicue, ya armado; abajo, enfrenta a sus hermanos, la cabeza de Coyolxauhqui queda en el cerro y su cuerpo cae despedazado al pie (Biblioteca Medicea Laurenziana, dominio público)

El Templo Mayor, una copia del cerro del mito

En 1923, el investigador alemán Eduard Seler ya había relacionado este relato con el Templo Mayor. La piedra de 1978, hallada al pie de la escalinata, le dio la razón, y Eduardo Matos Moctezuma, que dirigió las excavaciones, leyó el edificio como el cerro del mito: arriba, el templo de Huitzilopochtli; abajo, su hermana vencida. Según Matos, el rito también lo repetía. En la fiesta de Panquetzaliztli, los prisioneros de guerra, que hacían de los cuatrocientos hermanos, subían al templo pasando junto a la imagen de la diosa. Arriba les sacaban el corazón y arrojaban los cuerpos, que caían sobre la escultura, donde los desmembraban.

¿Coyolxauhqui es la diosa de la luna?

Así la presentan el INAH, que la llama «la diosa lunar mexica», y el Museo Banco de México, que la recuerda como «la diosa de la luna» de los billetes en que apareció. Pero en el relato de Sahagún la luna no aparece. Según López Austin, Seler lo interpretó como un mito del cielo: Huitzilopochtli sería el sol naciente, Coyolxauhqui la luna y sus cuatrocientos hermanos, las estrellas.

Sahagún sí cuenta cómo nació la luna, pero en otro mito y con otro personaje. En el libro VII, los dioses encienden una hoguera en Teotihuacan: Nanahuatzin se arroja primero y se convierte en el sol, y Tecuciztécatl, que había dudado, se arroja después y se convierte en la luna.

Entre los especialistas no hay una sola lectura. Susan Milbrath sostuvo en 1997 que es la luna llena eclipsada por el sol, y Patrick Johansson escribió en 2018 que sus imágenes, sus ritos y las fuentes muestran «su carácter selénico», es decir, lunar. Carmen Aguilera, en cambio, la relacionó con la Vía Láctea. Y Matos Moctezuma escribió en 1991 que la lectura del cielo y la de una lucha real por el poder «no se contraponen».

¿Existió una Coyolxauhqui de carne y hueso?

La lectura de una lucha por el poder se apoya en otra versión, la de fray Diego Durán, que también escribió en el siglo XVI. Durán cuenta que, durante la migración de los mexicas, muchos se encariñaron con Coatépec y no quisieron seguir, y que entre sus cabecillas estaba «una señora que llamaban Coyolxauh». Huitzilopochtli se enojó, y cuentan, sigue Durán, que a la mañana siguiente aparecieron muertos los principales de la rebelión y la señora, todos «abiertos por los pechos y sacados solamente los corazones».

La Crónica mexicáyotl, atribuida a Hernando Alvarado Tezozómoc, la llama Coyolxauhcíhuatl y la presenta como la mujer que Huitzilopochtli había tomado por madre; añade que él la degolló y se comió su corazón. Para Matos Moctezuma, que retoma una idea de la investigadora Yólotl González, estas crónicas guardan el recuerdo de una pelea por el mando dentro del grupo, y Coyolxauhqui habría sido una jefa real, divinizada después. En sus palabras, «lo que fue lucha entre hombres se va a convertir en lucha entre dioses».

El hallazgo del 21 de febrero de 1978

El Templo Mayor quedó enterrado bajo la ciudad colonial. Manuel Gamio había excavado su esquina suroeste entre 1913 y 1914, pero el resto seguía bajo edificios posteriores. Según el INAH, en la madrugada del 21 de febrero de 1978, trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro que hacían una excavación entre las calles de Argentina y Guatemala dieron con la piedra labrada. Los primeros trabajos los hizo Salvamento Arqueológico del INAH, con Ángel García Cook y Raúl Arana, y entre 1978 y 1980 se demolieron los edificios bajo los que estaba el templo.

De ahí nació el Proyecto Templo Mayor, que dirigió Matos Moctezuma y que hoy, a cargo de Leonardo López Luján, sigue excavando. La piedra estaba en su posición original, al pie de la escalinata del templo de Huitzilopochtli, en la etapa de construcción IVb, que corresponde al gobierno de Axayácatl (1469-1481). Según explicó la arqueóloga Patricia Ledesma Bouchan, directora del Museo del Templo Mayor (lo cuenta el historiador Salvador Rueda Smithers), los propios mexicas la taparon cuando la reemplazaron por otra en tiempos de Ahuízotl, y así se salvó de la destrucción de 1521. En 1987 se trasladó al Museo del Templo Mayor, donde está hoy.

Durán, por su parte, dejó escrito que cuando Ahuízotl terminó el templo, los canteros pusieron junto a la piedra de los sacrificios «una figura de una diosa que llamaban Coyolxauh». Esa piedra estaba arriba, frente a la capilla de Huitzilopochtli, y no al pie de la escalinata.

Cómo es la piedra de Coyolxauhqui

La diosa está tendida y desnuda, con la cabeza de perfil separada del tronco. Solo lleva un cinturón de serpientes, con un cráneo atrás, pulseras, ajorcas y sandalias. Los brazos y las piernas están cortados, con los huesos a la vista y gotas de sangre en los cortes. En la cabeza tiene cascabeles en las mejillas, un gran penacho de plumas y bolas de plumón en el pelo, el adorno de los que iban a ser sacrificados. Estaba pintada: los especialistas que la estudiaron encontraron ocre en el cuerpo y rojo, azul y blanco en los detalles.

DatoQué dicen los estudios
Diámetro3,25 m como máximo y 3,04 m como mínimo: no es un círculo perfecto
EspesorUnos 30 cm
PesoCerca de 8 toneladas
PiedraAndesita de color rosado claro, probablemente del norte de la Cuenca de México
ÉpocaEtapa IVb del Templo Mayor, en el gobierno de Axayácatl (1469-1481)
HallazgoMadrugada del 21 de febrero de 1978 (fecha oficial del INAH), entre las calles de Argentina y Guatemala
Dónde verlaMuseo del Templo Mayor, en el Centro Histórico de la Ciudad de México

En internet circulan otras medidas, como 3,20 o 3,40 metros de diámetro. Las de la tabla son las que publicaron en 2010 Lourdes Cué, Fernando Carrizosa y Norma Valentín, que estudiaron la pieza.

Las seis Coyolxauhqui que describió Matos Moctezuma

El disco de 1978 es la más conocida, pero no la única. En 1991, Matos Moctezuma describió seis esculturas de la diosa, muy distintas entre sí, aunque en todas se repiten sus atributos:

EsculturaQué esDónde y cuándo apareció
1Cabeza colosal de diorita, con los ojos entrecerradosEn el siglo XIX, al abrir los cimientos de una casa de la calle de Santa Teresa (hoy República de Guatemala); está en el Museo Nacional de Antropología
2Máscara pequeña de piedra verdeProcedencia desconocida; llegó en 1928 al Museo Peabody de Harvard
3El gran disco de la diosa desmembrada21 de febrero de 1978, sobre la plataforma del templo, al pie de la escalinata de Huitzilopochtli (etapa IVb, hacia 1469)
4Fragmento muy gastado de una cara de perfil, de andesita rosa; por su tamaño, era parte de una escultura muy grandeColocado en la esquina suroeste del templo, probablemente por Hugo Moedano en 1948; su origen se desconoce
5Cuatro fragmentos grandes; en uno, un dardo enorme (la xiuhcóatl, según Matos) le atraviesa el pecho a la altura del corazón1980, en el patio sur del templo, a poca profundidad; quizá de las últimas etapas
6Un cuerpo de calidad muy inferior al de 1978, hecho de ocho piezas de basalto cubiertas de estuco; no tiene cabeza y, según López Luján, quizá nunca la tuvoJusto debajo del disco de 1978, en la etapa IVa (hacia 1460); se excavó completo en 1987

La sexta Coyolxauhqui y la «Coyolxauhquitis»

Con la sexta hubo una confusión. Al principio se pensó que era la imagen de un niño. Según cuenta el propio Matos, fue él quien, al observarla con detenimiento, se dio cuenta de que era la diosa y se lo dijo al arqueólogo Raúl Arana. Matos lo contó como una «Coyolxauhquitis»: en los días del hallazgo, los que dirigían el rescate vieron a Coyolxauhqui donde no estaba y no la reconocieron donde sí estaba.

Cabeza de piedra oscura de una diosa mexica con los ojos entrecerrados, discos en las mejillas y grandes orejeras, sobre un pedestal de museo
La cabeza colosal de diorita de Coyolxauhqui, hallada en el siglo XIX cerca del Templo Mayor, en el Museo Nacional de Antropología (foto: Gary Todd, CC0)

La lista puede crecer. En 2010, Leonardo López Luján sumó con cautela un gran relieve de Texcoco que está en el Museo Nacional de Antropología, y que Michel Graulich había identificado en 2005 como una posible Coyolxauhqui. Advirtió, eso sí, que esa diosa no está desmembrada.

De la piedra a los billetes y la moneda de 50 pesos

Para el Museo Banco de México, el hallazgo de 1978 es lo que metió a Coyolxauhqui en el imaginario de los mexicanos. Entre 1982 y 1994, el Banco de México puso su imagen en el billete de 10.000 pesos de la familia A y en el de 10 nuevos pesos de la familia B. El monolito apareció también en la moneda de 50 pesos de la familia AA, que se acuñó entre 1982 y 1984.

Fuentes

Fuentes antiguas: fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, libro III, cap. 1, y libro VII, cap. 2 (edición de Carlos María de Bustamante, 1829); el texto náhuatl del libro III en la traducción de Alfredo López Austin, «Coyolxauhqui en el mito», Arqueología Mexicana 102 (2010); fray Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme, caps. III y XLIII (edición de José F. Ramírez, 1867), con la ortografía actualizada en las citas; Crónica mexicáyotl, atribuida a Hernando Alvarado Tezozómoc, según la cita Matos Moctezuma (1991).

Estudios: Eduardo Matos Moctezuma, «Las seis Coyolxauhqui: variaciones sobre un mismo tema», Estudios de Cultura Náhuatl 21 (1991), pp. 15-29; Lourdes Cué, Fernando Carrizosa y Norma Valentín, «El monolito de Coyolxauhqui. Investigaciones recientes», Arqueología Mexicana 102 (2010), pp. 42-47; Leonardo López Luján, «Las otras imágenes de Coyolxauhqui», Arqueología Mexicana 102 (2010), pp. 48-54; Patrick Johansson, «Coyolxauhqui, la hermana mayor de Huitzilopochtli. Luna y placenta», Arqueología Mexicana 154 (2018), pp. 24-31; Salvador Rueda Smithers, «Notas para la presentación del libro: Coyolxauhqui. A 45 años de su descubrimiento», Arqueología Mexicana 182 (2023), pp. 74-77; Carmen Aguilera, «Coyolxauhqui y la Vía Láctea», Ciencia y Desarrollo 24 (1979); Susan Milbrath, «Decapitated Lunar Goddesses in Aztec Art, Myth, and Ritual», Ancient Mesoamerica 8 (1997); INAH, boletines 84 (20 de febrero de 2023) y 413 (29 de junio de 2023); Museo Banco de México, exposición Imaginario Coyolxauhqui.

V
Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.