Los hititas en la Biblia: quiénes eran los heteos y qué encontró la arqueología

La Puerta de los Leones de Hattusa: dos leones de piedra tallados a los lados de una entrada entre murallas de grandes bloques
La Puerta de los Leones de Hattusa, la capital del reino hitita, en el centro de la actual Turquía (foto: Bernard Gagnon, CC BY-SA 3.0)

Los hititas en la Biblia, los «heteos» de la Reina-Valera, aparecen como uno de los pueblos de Canaán. Según el Génesis, a un hitita, Efrón, le compró Abraham la cueva donde enterró a Sara, y hitita era también Urías, el marido de Betsabé. El imperio que hoy llamamos hitita estaba, en cambio, en el centro de la actual Turquía, y recibió ese nombre en el siglo XIX precisamente por la Biblia. Si se trata del mismo pueblo es algo que todavía se discute.

Su redescubrimiento arrastra además una exageración: que los críticos del siglo XIX negaban que hubieran existido, hasta que la arqueología les dio la razón a los textos. Los libros de la época cuentan otra cosa.

Quiénes eran los hititas en la Biblia

El Génesis los hace descender de Het, hijo de Canaán (Génesis 10:15). Los «hijos de Het» vivían en Hebrón, y allí Abraham le pidió a Efrón, hijo de Zohar, la cueva de Macpela para sepultar a Sara. Le pagó 400 siclos de plata por el campo donde estaba la cueva (Génesis 23). Esaú, nieto de Abraham, se casó con dos hititas, Judit y Basemat (Génesis 26:34). Y el libro de Josué, al fijar las fronteras de la tierra prometida hasta el río Éufrates, incluye en ellas «toda la tierra de los heteos» (Josué 1:4).

En tiempos de los reyes siguen apareciendo. Urías, uno de los guerreros de David, era «heteo» (2 Samuel 11:3), y entre las mujeres extranjeras de Salomón había heteas (1 Reyes 11:1). Los mercaderes de Salomón revendían caballos de Egipto a «los reyes de los heteos» y a los de Siria (1 Reyes 10:29). Y en 2 Reyes 7:6, los sirios que sitiaban Samaria huyen porque creen que el rey de Israel ha contratado contra ellos a «los reyes de los heteos» y a los de Egipto.

Las Biblias en español no los llaman igual. La Reina-Valera de 1960 dice «heteos» e «hijos de Het»; la Nueva Versión Internacional, «hititas». Detrás de las dos palabras están los mismos términos hebreos.

¿Son los hititas de la Biblia el imperio hitita de Turquía?

El imperio que la arqueología llama hitita tenía su capital en Hattusa, junto al actual pueblo de Boğazkale (antes Boğazköy), en el centro de Anatolia, y su país se llamaba Hatti. Fue una potencia entre los siglos XVII y XII a. C. En 1595 a. C., según la cronología media, su rey Mursili I saqueó Babilonia y acabó con la dinastía a la que había pertenecido Hammurabi. Su lengua era indoeuropea, y ellos la llamaban «nesili», por la ciudad de Nesa.

El nombre «hitita» se lo pusieron los estudiosos del siglo XIX, que identificaron a ese pueblo con los heteos de la Biblia. Hacia 1200 o 1180 a. C., en el colapso de fines de la Edad del Bronce, Hattusa fue abandonada e incendiada y el imperio desapareció. En el norte de Siria y el sureste de Turquía sobrevivieron o surgieron reinos más pequeños, como Karkemish y Hamat, en tierras que se seguían llamando «Hatti». Duraron hasta que Asiria los conquistó, en el siglo VIII a. C.

Muchos especialistas distinguen dos grupos. Los «reyes de los heteos» de los libros de los Reyes serían esos reinos del norte de Siria, contemporáneos de Israel. Los heteos de los relatos de los patriarcas, en cambio, llevan nombres semíticos, como Efrón o Judit, y autores como el historiador Trevor Bryce o el arqueólogo Bryant Wood los consideran un grupo cananeo distinto del reino de Anatolia. Según la Biblical Archaeology Society, además, la mayoría de los estudiosos cree que esos relatos se escribieron siglos después de lo que cuentan, así que sus heteos podrían reflejar la época de los reinos neohititas. Otros autores defienden que se trata del mismo pueblo. Archibald Sayce, el asiriólogo que popularizó la identificación, ya distinguía en 1888 a los hititas del norte de los del sur de Palestina, pero para él estos eran una rama del mismo pueblo.

¿De verdad los críticos negaban que los hititas existieran?

Muchos sitios repiten que, en el siglo XIX, los críticos de la Biblia negaban que los hititas hubieran existido. El ejemplo que suele citarse es de Francis Newman, hermano del cardenal John Henry Newman, en su Historia de la monarquía hebrea (1847). Newman desconfiaba del relato del sitio de Samaria, en el que veía un «tono no histórico», y en una nota objetaba 2 Reyes 7:6: «Ningún rey hitita puede haberse comparado en poder con el rey de Judá».

Newman no negaba que los hititas existieran. En el mismo libro cuenta, como «un dato interesante», que en tiempos de Salomón todavía vivían entre los israelitas «príncipes de los hititas» independientes. Lo que ponía en duda era su poder. En 1884, William Wright le dedicó un apartado para rebatirlo, a él y a otro crítico, T. K. Cheyne, que en la Enciclopedia Británica ponía en duda la exactitud de los pasajes bíblicos sobre los hititas. Sayce abrió su libro de 1888 sobre los hititas con esa misma cita, para responder que los hititas habían sido «un poder muy real».

Cómo se encontró el imperio: de una piedra en Hama a Hattusa

Sus monumentos se conocían antes de saber de quién eran. En 1812, el viajero suizo Johann Ludwig Burckhardt vio en Hama, en Siria, una piedra de basalto con jeroglíficos extraños, empotrada en una casa. En 1834, el francés Charles Texier describió unas grandes ruinas junto a Boğazköy, sin saber que eran hititas. Y en 1872, según contó él mismo, el misionero irlandés William Wright sacó vaciados de yeso de las piedras de Hama, que se enviaron al museo de Estambul, y las atribuyó a los hititas. Lo publicó en 1874.

La idea tardó en aceptarse. En 1876 y en 1880, Archibald Sayce sostuvo ante la Sociedad de Arqueología Bíblica, en Londres, que esas inscripciones eran la escritura de los hititas. En 1884, Wright ya publicaba un libro titulado El imperio de los hititas. Faltaba la capital. En 1886, el arqueólogo francés Georges Perrot sugirió que las ruinas de Boğazköy habían sido una capital de los hititas. Lo confirmaron, desde 1906, las excavaciones del alemán Hugo Winckler con Theodor Makridi, del museo de Estambul: allí aparecieron miles de tablillas de arcilla del archivo real, y de ellas salió también el nombre de la ciudad, Hattusa.

Losa de basalto oscuro con tres filas de jeroglíficos en relieve, expuesta en un museo
Losa de basalto de Hama con jeroglíficos que en el siglo XIX se llamaron «hititas» y hoy se leen como luvitas; siglo IX a. C., Museo del Antiguo Oriente, Estambul (foto: Rabe!, CC BY-SA 4.0)

Winckler lo llamó «una curiosa coincidencia»: la tablilla que despejó las dudas estaba escrita en acadio, la lengua diplomática de la época, y contenía parte del tratado de paz entre el rey hitita Hattusili III y el faraón Ramsés II. Su versión egipcia se conocía desde hacía décadas por los muros del templo de Karnak. Con eso no quedaban dudas: Boğazköy había sido la capital del reino de Hatti.

El tratado de paz con Ramsés II

El tratado se firmó a mediados del siglo XIII a. C., unos quince años después de la batalla de Kadesh, en la que egipcios e hititas se enfrentaron sin un vencedor claro. Los originales estaban grabados en tablillas de plata, que no se conservan. Suele considerarse el tratado de paz más antiguo que se conserva, aunque hay acuerdos diplomáticos anteriores, como el de Ebla con Abarsal. También es el único del Oriente Próximo antiguo del que quedan las versiones de las dos partes. Turquía regaló una réplica a las Naciones Unidas en 1970, y está expuesta en su sede de Nueva York.

Tablilla de arcilla rota en varios fragmentos y cubierta de escritura cuneiforme, sobre un soporte transparente
Parte de la tablilla en acadio del tratado entre Hattusili III y Ramsés II, hallada en Hattusa en 1906; Museo del Antiguo Oriente, Estambul (foto: Osama Shukir Muhammed Amin, CC BY-SA 4.0)

La frase del pan y el agua: cómo se descifró el hitita

Las tablillas de Hattusa estaban en escritura cuneiforme, que ya se sabía leer, pero la mayoría estaba en una lengua desconocida. La descifró el checo Bedřich Hrozný, que publicó su propuesta en 1915, en plena Primera Guerra Mundial. Partió de una frase: «nu NINDA-an ezzatteni, watar-ma ekutteni».

NINDA era un signo que en sumerio significaba «pan». Hrozný supuso que el verbo siguiente, «ezza-», quería decir «comer», por su parecido con el latín «edo» y el alemán «essen», y reconoció en «watar» el agua («Wasser» en alemán, «water» en inglés). La frase decía: «Ahora comerán pan y luego beberán agua». Con esa pista concluyó que el hitita era una lengua indoeuropea. Es la más antigua de esa familia que se conoce por escrito: hay textos de los siglos XVII o XVI a. C., y palabras hititas sueltas en documentos asirios de hacia el siglo XX a. C.

Lámina con una frase en escritura cuneiforme, su lectura en letras latinas y la traducción al checo
La primera frase hitita que descifró Hrozný, con su lectura y su traducción al checo: «ahora comerán pan y luego beberán agua» (escaneo de Jiří Klíma, dominio público)

No todo lo que se llamó «hitita» lo era. Los jeroglíficos de las piedras de Hama, los que Wright y Sayce atribuyeron a los hititas, resultaron estar en luvita, una lengua emparentada. Se descifraron en parte en la década de 1930, y no fue hasta 1973 cuando se confirmó cuál era su lengua.

Los hititas, de la Biblia a la arqueología, en una tabla

CuándoQué pasóQuién o qué
1595 a. C. (cronología media)Saqueo de BabiloniaMursili I
Mediados del siglo XIII a. C.Tratado de paz con EgiptoHattusili III y Ramsés II
Hacia 1200-1180 a. C.Hattusa es abandonada e incendiada, y el imperio desapareceColapso de fines de la Edad del Bronce
Hasta el siglo VIII a. C.Reinos de «Hatti» en el norte de Siria, probablemente los «reyes de los heteos» de la BibliaKarkemish, Hamat y otros
1812Una piedra con jeroglíficos en Hama, la primera de ese tipo que vio un viajero modernoJohann Ludwig Burckhardt
1834Ruinas de BoğazköyCharles Texier
1847Duda sobre el poder de los «reyes de los heteos»Francis Newman
1872-1874Las piedras de Hama, atribuidas a los hititasWilliam Wright
1876-1880Las inscripciones de Hama y los monumentos de Asia Menor, obra de los hititas de la BibliaArchibald Sayce
Desde 1906Archivo real de Hattusa y el tratado con Ramsés II en acadioHugo Winckler y Theodor Makridi
1915Desciframiento del hititaBedřich Hrozný
1973Se confirma que los jeroglíficos de Hama eran luvitasHawkins, Morpurgo Davies y Neumann

Fuentes

Textos bíblicos: Reina-Valera Antigua (1909), Reina-Valera 1960 y Nueva Versión Internacional, en Bible Gateway: Génesis 10:15, 23 y 26:34; Josué 1:4; 2 Samuel 11:3; 1 Reyes 10:29 y 11:1; 2 Reyes 7:6. Siglos XIX y XX: Francis W. Newman, A History of the Hebrew Monarchy (1847); William Wright, The Empire of the Hittites (1884); A. H. Sayce, «The Hamathite Inscriptions», Transactions of the Society of Biblical Archaeology 5 (1877), y The Hittites: The Story of a Forgotten Empire (1888); Georges Perrot, «Une civilisation retrouvée: les Hétéens», Revue des Deux Mondes (1886); Hugo Winckler, «Vorläufige Nachrichten über die Ausgrabungen in Boghaz-köi im Sommer 1907», Mitteilungen der Deutschen Orient-Gesellschaft 35 (1907).

Estudios y obras de referencia: Biblical Archaeology Society, «Who Were the Hittites?»; Bryant G. Wood, «Hittites and Hethites: A Proposed Solution to an Etymological Conundrum», Journal of the Evangelical Theological Society 54 (2011); Wikipedia en inglés, «Biblical Hittites» (con Trevor Bryce), «Hittites», «Hittite language», «Bedřich Hrozný», «Anatolian hieroglyphs», «Neo-Hittite states», «Hattusa» y «Egyptian–Hittite peace treaty»; Wikipedia en español, «Hititas»; Naciones Unidas, «Replica of Peace Treaty between Hattusilis and Ramses II».

V
Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.