Asoka (Ashoka): el emperador de la India que se arrepintió de la guerra de Kalinga

Mitad delantera de un elefante tallada en una gran roca, bajo un cielo azul y entre árboles
El elefante tallado en la roca de Dhauli, en Odisha, justo encima de los edictos de Asoka (foto: AmlanTheTramp, CC BY-SA 4.0)

Asoka (también escrito Ashoka o Aśoka) fue el tercer emperador de la dinastía maurya y gobernó casi toda la India a mediados del siglo III a. C.: se hizo consagrar hacia el 268 a. C. y reinó hasta su muerte, hacia el 232 a. C. Es el rey que, tras conquistar el reino de Kalinga, mandó grabar en piedra cuántos muertos y deportados había dejado la guerra y cuánto la lamentaba. Pero ese texto no se grabó en la propia Kalinga. Asoka, además, conservó el reino conquistado, y a sus herederos les pidió que no buscaran nuevas conquistas, pero no se las prohibió.

Quién fue Asoka

Asoka era nieto de Chandragupta Maurya, que fundó el imperio a fines del siglo IV a. C., en los años que siguieron a la muerte de Alejandro Magno. Su padre, Bindusara, lo extendió hacia el sur. Según las crónicas de Sri Lanka, Asoka se hizo consagrar rey cuatro años después de tomar el poder.

Su capital era Pataliputra, la actual Patna, en el valle del Ganges. Su imperio iba de Kandahar, en el actual Afganistán, hasta el sur de la India. Fuera de sus dominios quedaban los reinos del extremo sur, que sus edictos nombran como vecinos: los cholas, los pandyas y otros. En esas inscripciones casi nunca se llama Asoka. Se presenta como «Devanampiya Piyadasi», que suele traducirse como «el amado de los dioses, el que mira con afecto».

Mapa del Imperio maurya hacia el 260 a. C., de Kandahar al sur de la India, con los lugares donde se hallaron los edictos de Asoka
El Imperio maurya hacia el 260 a. C. en un mapa moderno: las marcas rojas señalan dónde aparecieron edictos y pilares de Asoka, de Kandahar al sur de la India (mapa en inglés: Levakpitam, CC BY-SA 3.0)

La guerra de Kalinga, contada por el propio Asoka

Ocho años después de su consagración, hacia el 260 a. C., Asoka conquistó Kalinga, un reino de la costa oriental que corresponde más o menos al actual estado de Odisha. Casi todo lo que se sabe de esa guerra sale de un texto suyo, el decimotercer edicto de roca. Según el edicto, 150.000 personas fueron deportadas y 100.000 murieron allí, y los que perdieron la vida fueron muchas veces más.

En lugar de celebrar la victoria, el rey dice sentir un profundo remordimiento por haber conquistado Kalinga. La conquista de un país, explica, trae matanzas, muertes y deportaciones, y sufren también los que no tenían culpa. Agrega que ahora le pesaría aunque fuera la centésima o la milésima parte de aquellas víctimas.

El mismo edicto tiene letra pequeña. Dice que perdonará lo que se pueda perdonar, y a los pueblos de los bosques que vivían dentro del imperio trata de ganarlos y convencerlos. Pero les recuerda que, a pesar de su arrepentimiento, conserva el poder de castigarlos, para que se avergüencen de sus faltas y no los maten. Y a sus hijos y bisnietos les pide que no piensen en nuevas conquistas o, si alguna les agrada, que la hagan con clemencia y castigos leves. Para él, la principal conquista es la del dharma, su código moral, y les pide que la tengan por la única.

El edicto del remordimiento, ausente en Kalinga

Asoka hizo grabar una serie de catorce edictos en grandes rocas de distintos puntos del imperio. En Dhauli y Jaugada, las dos rocas que están dentro de la antigua Kalinga, la serie aparece sin los edictos 11, 12 y 13: justo el del remordimiento no está. En su lugar se tallaron dos edictos distintos, dirigidos a los funcionarios de la región. En Dhauli, la omisión ya la había notado en 1838 James Prinsep, el británico que descifró la escritura de los edictos.

Los dos repiten una frase: «Todos los hombres son mis hijos». El primero pide a los funcionarios judiciales de la ciudad que nadie sea encarcelado ni maltratado sin motivo. El segundo muestra que Kalinga quedó como provincia del imperio: en Dhauli va dirigido al príncipe que la gobernaba desde Tosali y a sus funcionarios. Les encarga convencer a los pueblos vecinos no conquistados de que pueden vivir sin temerle.

Ningún texto antiguo explica la omisión. Junto a la roca de Dhauli, el cartel del Servicio Arqueológico de la India la da por deliberada: el edicto 13 describía la matanza y el sufrimiento de Kalinga. Allí faltan también el 11 y el 12, que tratan del regalo del dharma y del respeto entre religiones. Sobre esa misma roca hay un elefante tallado en la piedra, que el cartel interpreta como un símbolo de Buda.

Pared de roca cubierta de líneas de escritura brahmi grabadas
Los edictos de Asoka en la roca de Dhauli, dentro de la antigua Kalinga: faltan los edictos 11, 12 y 13, y hay dos textos para los funcionarios de la región (foto: Bhajish Bharathan, CC BY-SA 4.0)

Budista, pero no de golpe

La versión popular dice que Asoka se volvió budista de un día para otro, conmovido por Kalinga. Su propio relato describe algo más gradual. En un edicto menor cuenta que llevaba algo más de dos años y medio como seguidor laico de Buda y que durante un año no puso mucho empeño. El fervor le llegó después de acercarse a la comunidad de monjes. Según las crónicas de Sri Lanka, uno de sus hijos, el monje Mahinda, llevó después el budismo a la isla.

Diez años después de su consagración viajó a Sambodhi, el lugar de la iluminación de Buda, la actual Bodh Gaya. Desde entonces, en lugar de las excursiones de placer y caza de los reyes anteriores, hizo lo que llamó «giras del dharma». Veinte años después de su consagración visitó Lumbini, donde la tradición sitúa el nacimiento de Buda. Hizo levantar allí un pilar y eximió a la aldea de un impuesto. Además, según la lectura más aceptada, le fijó en un octavo la parte de la cosecha que debía entregar.

Ese pilar sigue en pie en el sur de Nepal. Cuando se desenterró, en 1896, su inscripción permitió identificar el lugar, que hoy es Patrimonio de la Humanidad.

Cuatro líneas de escritura brahmi grabadas en el fuste de piedra de un pilar
Parte de la inscripción de Asoka en el pilar de Lumbini, en Nepal, que recuerda su visita al lugar donde, según la inscripción, nació Buda (foto: Anandajoti, Photo Dharma, CC BY 2.0)

El dharma en la práctica: de la cocina real a los condenados

Asoka llamó dharma a un código de conducta para todos sus súbditos, fueran del credo que fueran. Pedía respetar a padres y maestros, ser generoso, decir la verdad y no matar seres vivos. Algunas de sus medidas tienen cifras. En su primer edicto de roca cuenta que en la cocina real se mataban cada día cientos de miles de animales para el curry. Ahora, dice, solo se matan dos pavos reales y un ciervo, «y el ciervo no siempre», y con el tiempo tampoco se matarán esos tres.

Veintiséis años después de su consagración declaró protegidos, entre otros, a loros, murciélagos, hormigas reina, tortugas, puercoespines, palomas y a todos los cuadrúpedos que no se usan ni se comen. También prohibió quemar bosques sin motivo. En esos veintiséis años, según el mismo edicto, concedió veinticinco amnistías a los presos.

Pero no abolió la pena de muerte. En su cuarto edicto de pilar ordena dar tres días de plazo a los condenados. En ese tiempo, sus familiares pueden pedir clemencia, o ellos, prepararse para la otra vida. Hizo cavar pozos y plantar árboles en los caminos, y pidió respeto entre religiones: quien alaba la suya y desprecia las ajenas, escribe, solo perjudica a la suya. En un edicto escrito veintisiete años después de su consagración reconoce que las prohibiciones servían de poco y que convencer daba mucho más resultado.

Edictos en griego y arameo, y cinco reyes de Occidente

Los edictos se grabaron en rocas y en columnas de piedra pulida. La de Topra, que el sultán Firuz Shah trasladó a Delhi en el siglo XIV, es un solo fuste de casi 13 metros. Hay edictos en más de treinta lugares de la actual India, Nepal, Pakistán y Afganistán. La mayoría están en prácritos, las lenguas habladas de la época, escritos en brahmi. En el noroeste se adaptaban al público: en Kandahar apareció en 1958 una versión bilingüe en griego y arameo, en la que el dharma se traduce por eusebeia, «piedad».

En el edicto 13, Asoka asegura que su conquista por el dharma llegó hasta cinco reyes griegos del mundo que dejó Alejandro Magno. Son el seléucida Antíoco II, Ptolomeo II de Egipto (de la dinastía de Cleopatra) y Antígono Gonatas de Macedonia. Completan la lista Magas de Cirene y un Alejandro que pudo ser el de Epiro o el de Corinto.

Los leones de Sarnath, en el emblema de la India

Las columnas se coronaban con un capitel con animales. El de Sarnath, donde según la tradición Buda dio su primer sermón, tiene cuatro leones espalda con espalda. Están sobre una base decorada con un elefante, un caballo, un toro y un león, separados por ruedas del dharma. La India lo adaptó como emblema del Estado el 26 de enero de 1950, el día en que se convirtió en república. La rueda de esa base, con sus 24 radios, está en el centro de su bandera.

Cuatro leones de piedra pulida espalda con espalda sobre una base con un elefante entre dos ruedas, encima de una campana en forma de loto
El capitel de los leones de Sarnath, en el museo arqueológico de Sarnath: la rueda de su base es la de la bandera de la India (foto: Joachim Hofmann, CC BY-SA 2.0)

Los edictos, ilegibles durante siglos hasta 1837

El Imperio maurya no sobrevivió mucho a Asoka: medio siglo después de su muerte, el último emperador de la dinastía fue asesinado por su propio general. Con el tiempo se olvidó también la escritura brahmi, y los edictos se volvieron ilegibles. Su nombre siguió vivo en leyendas budistas, pero nadie sabía que los edictos eran suyos.

En 1837, el británico James Prinsep descifró esa escritura y leyó los edictos de una columna de Delhi, obra de un rey llamado Piyadasi. Ese mismo año, George Turnour, un británico que estudiaba las crónicas budistas de Sri Lanka, descubrió que Piyadasi era Asoka, y Prinsep publicó el hallazgo. La confirmación llegó en 1915: el 27 de enero, C. Beadon, un ingeniero de minas de oro, encontró en Maski, en el sur de la India, un edicto con el nombre de Asoka.

Mitos sobre Asoka frente a lo que dicen las fuentes

Lo que se cuentaLo que dicen las fuentes
Se arrepintió al recorrer el campo de batalla de Kalinga, lleno de cadáveresEl remordimiento está en el edicto 13, pero la escena no aparece en ninguna fuente antigua. La leyenda budista del Asokavadana ni siquiera menciona la guerra: ahí lo convierte un monje que sobrevive a su cárcel de torturas.
Mató a sus 99 hermanos y tenía un «infierno» para torturarSon leyendas budistas escritas siglos después: los 99 hermanos salen de las crónicas de Sri Lanka, y el «infierno de Asoka», del Asokavadana. Sus edictos no lo cuentan, y el quinto edicto de roca menciona a «mis hermanos y hermanas».
Renunció a la guerra y al ejércitoConservó Kalinga. A los pueblos de los bosques, además de intentar convencerlos, les recordó que podía castigarlos. A sus herederos les pidió no buscar nuevas conquistas y, si las hacían, que fueran con clemencia y castigos leves.
Abolió la pena de muerteNo. Dio tres días de plazo a los condenados.
Se hizo budista de golpe tras la matanza de KalingaÉl mismo cuenta que llevaba más de dos años y medio como seguidor laico, y que durante un año no puso mucho empeño.
Así era el rostro de AsokaNo se conoce ningún retrato de su época. Un relieve de Kanaganahalli, en el sur de la India, lo muestra con su nombre grabado, pero es de entre los siglos I y III d. C.

Fuentes

Edictos de Asoka, en la traducción de S. Dhammika, The Edicts of King Asoka (Buddhist Publication Society, 1993), cotejada con la edición de E. Hultzsch, Inscriptions of Asoka (Corpus Inscriptionum Indicarum, vol. 1, 1925). Asokavadana, en la traducción y el estudio de John S. Strong, The Legend of King Aśoka (1983). Sobre George Turnour, Dictionary of National Biography (1885-1900).

Servicio Arqueológico de la India, cartel de los edictos de Dhauli. UNESCO, ficha de Lumbini, lugar de nacimiento de Buda. Gobierno de la India, descripción del emblema del Estado (reglas de 2007 de la ley del emblema).

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Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.