El cine ha convertido el búnker de Hitler en una escena casi de cámara: paredes de hormigón, un hombre acorralado dictando su testamento mientras arriba la ciudad se derrumba. Esa escena existió de verdad, el 30 de abril de 1945, pero fue apenas el final de una historia mucho más larga (y más dura) de lo que suele contarse.
Dos millones de soldados contra una ciudad sitiada
La ofensiva soviética sobre Berlín empezó el 16 de abril de 1945: más de dos millones de soldados del Ejército Rojo, repartidos en tres frentes al mando de Gueorgui Zhúkov, Iván Kónev y Konstantín Rokosovski, avanzaron sobre la capital del Tercer Reich. Para el 24 de abril la ciudad estaba completamente cercada. La defendían lo que quedaba disponible: divisiones de las Waffen-SS, restos dispersos de la Wehrmacht, adolescentes de las Juventudes Hitlerianas, ancianos reclutados a la fuerza en el Volkssturm y veteranos de la Primera Guerra Mundial. Con esa diferencia de fuerzas el resultado estaba decidido de antemano, pero Hitler se negó a rendirse y la toma de Berlín se volvió una lucha casa por casa, calle por calle.
El costo fue enorme para los dos bandos. Las tropas soviéticas sufrieron 81 116 muertos o desaparecidos y 280 251 heridos solo en la operación de Berlín. Del lado alemán murieron o resultaron heridos unos 458 000 soldados, cerca de 480 000 fueron hechos prisioneros, y se calcula que unos 20 000 civiles murieron durante los combates callejeros.

Los últimos días en el búnker
Mientras la ciudad caía, Hitler seguía bajo tierra en el Führerbunker, el refugio construido bajo el jardín de la Cancillería del Reich. En la madrugada del 29 de abril se casó con Eva Braun, su pareja desde hacía años. Al día siguiente, con los soviéticos ya a pocas calles de distancia, los dos se suicidaron: él de un disparo, ella con cianuro. Sus cuerpos fueron sacados al jardín, rociados con gasolina y quemados, siguiendo las instrucciones que Hitler había dejado por escrito.
Lo que casi nunca se cuenta es lo que vino después de esa muerte. En los días siguientes se desató una ola de suicidios por toda Alemania: más de cien mil personas se quitaron la vida, entre ellas treinta y cinco generales del Ejército, trece de las Waffen-SS y once de los cuarenta y tres jefes regionales del partido nazi. En ciudades como Neubrandeburgo y Neustrelitz, cientos de vecinos se suicidaron en cuestión de días. No fue el final de una película: fue un colapso colectivo.
Dos actos de rendición para una sola guerra
La guarnición de Berlín se rindió el 2 de mayo de 1945, pero la guerra en Europa no terminó ese día: siguió una semana más en otros frentes. El 7 de mayo, en Reims, el general Alfred Jodl firmó la rendición incondicional ante los aliados occidentales. La Unión Soviética, que había puesto la mayoría de las bajas de toda la guerra, exigió su propia ceremonia: no aceptaba un documento firmado solo ante británicos y estadounidenses. Así que, la noche siguiente, los jefes de la Wehrmacht (encabezados por el mariscal Wilhelm Keitel) fueron llevados a Karlshorst, un suburbio de Berlín, y firmaron ante el propio Zhúkov un segundo documento, casi idéntico al de Reims. Por eso la fecha de la rendición de Alemania aparece unas veces como el 7 de mayo y otras como el 8: las dos son correctas, fueron dos actos distintos de la misma capitulación.

La violencia que la victoria no impidió
La ocupación de Berlín vino acompañada de violencia masiva contra la población civil. La cifra más citada calcula en 100 000 las mujeres agredidas sexualmente por soldados soviéticos solo en Berlín, aunque el número exacto se discute entre historiadores: el especialista Nicky Bird considera esas estadísticas imposibles de verificar, y un documento del propio Ejército Rojo (de la fiscalía militar del 1.er Frente Bielorruso, casi un millón de soldados) solo registra 72 casos de violación entre el 22 de abril y el 5 de mayo. Lo que sí está documentado sin discusión es que ocurrió, a una escala que ningún historiador serio niega, y que no fue un caso aislado: también hubo agresiones, en menor número, por parte de tropas francesas y estadounidenses en otras zonas de Alemania.
El testimonio más citado es un diario publicado de forma anónima en 1954, Una mujer en Berlín, escrito por la periodista alemana Marta Hillers (su identidad solo se reveló en 2003, después de su muerte). Cubre justo esas semanas, del 20 de abril al 22 de junio de 1945, y describe tanto las agresiones como la estrategia de supervivencia de buscar la protección de un oficial soviético. Durante décadas el tema fue silenciado en los dos lados del Telón de Acero: en el Este porque contradecía el relato del Ejército Rojo como liberador, y en el Oeste porque el propio libro fue acusado de «manchar el honor» de las mujeres alemanas cuando se publicó en Alemania Occidental en los años cincuenta.
Una ciudad partida en cuatro, durante 45 años
Ya en la Conferencia de Yalta, en febrero de 1945, los aliados habían acordado dividir Alemania (y Berlín, aunque quedaba muy dentro de la zona soviética) en cuatro zonas de ocupación: estadounidense, británica, francesa y soviética. Desde junio de 1945 la ciudad quedó legalmente repartida en cuatro sectores administrados por separado. Se pensó como algo provisional, mientras se organizaba un nuevo gobierno alemán. Duró 45 años: hasta la reunificación, el 3 de octubre de 1990. En el camino, esa frontera provisional se endureció hasta convertirse en el Muro de Berlín, en 1961, y en uno de los símbolos centrales de toda la Guerra Fría.

La imagen del búnker que ha quedado en la memoria colectiva (la de un hombre acorralado bajo tierra) es real, pero es solo el primer capítulo de lo que pasó en Berlín esa primavera de 1945: una ciudad arrasada, una violencia contra la población civil que tardó décadas en poder contarse abiertamente, y una división que marcó la geografía y la política de Europa durante casi medio siglo. Berlín cayó en mayo, pero la Segunda Guerra Mundial no terminó del todo hasta agosto, con la rendición de Japón tras Hiroshima y Nagasaki: en ¿Qué pasaría si la bomba atómica no se lanza en 1945? exploramos qué hubiera pasado si esa decisión hubiera sido distinta. Y si el resultado de la guerra en Europa hubiera sido otro, la historia habría tomado un camino completamente distinto: en ¿Qué habría pasado si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial? exploramos ese escenario alternativo.
