Cleopatra: quién fue la última reina del antiguo Egipto y por qué nadie sabe cómo murió

Cuadro de Cleopatra sentada bajo un dosel con guirnaldas de rosas en su barco, mientras Marco Antonio se asoma al fondo desde una barca
El encuentro de Antonio y Cleopatra en el 41 a. C., tal como lo imaginó Lawrence Alma-Tadema en 1883 a partir de Shakespeare (dominio público)

Cleopatra VII (69-30 a. C.) fue la última reina del Egipto ptolemaico, la dinastía de origen macedonio que gobernó el país después de la muerte de Alejandro Magno. Reinó desde el 51 a. C., se alió con Julio César y, después, con Marco Antonio, y se quitó la vida en Alejandría en agosto del 30 a. C., cuando la ciudad ya estaba en manos de Octavio, el futuro emperador Augusto. El detalle más famoso de su vida, la muerte por la mordedura de un áspid, ya era dudoso para varios autores antiguos. Plutarco, que le dedica buena parte de su Vida de Antonio, reconoce que «la verdad nadie la sabe».

Quién fue Cleopatra: una reina de dinastía macedonia en el trono de Egipto

Cleopatra era hija de Ptolomeo XII (no se sabe con certeza quién fue su madre) y descendía de Ptolomeo, uno de los generales macedonios de Alejandro, que se quedó con Egipto cuando se repartió el imperio. Sus sucesores gobernaron casi tres siglos desde Alejandría y ante los egipcios se presentaban como sucesores de los faraones de Egipto, que habían reinado desde Narmer, unos tres mil años antes que ella.

Su padre murió en el 51 a. C. Según Julio César, su testamento nombraba herederos al mayor de sus dos hijos varones y a la mayor de sus dos hijas, y le pedía al pueblo romano, «por todos los dioses», que lo hiciera cumplir. Así subió al trono Cleopatra, con unos 18 años, junto a su hermano Ptolomeo XIII, de unos 10.

Plutarco cuenta que pasaba de un idioma a otro con facilidad, «como un instrumento de muchas cuerdas», y que con los extranjeros casi nunca necesitaba intérprete: respondía ella misma a etíopes, árabes, hebreos, sirios, medos, partos y otros pueblos. Según se decía, sabía muchas lenguas más, cuando los reyes anteriores ni siquiera se habían molestado en aprender el egipcio. En público vestía el manto sagrado de Isis y la llamaban «la nueva Isis».

¿Era tan bella como dicen?

Los autores antiguos no coinciden. Dion Casio, que escribió más de dos siglos después, la describe como una mujer de belleza extraordinaria, deslumbrante en plena juventud y con una voz encantadora. Plutarco, un siglo antes que él, dice que su belleza, «según cuentan», no era de las incomparables ni de las que dejan pasmado a quien la ve. Lo irresistible era el trato: su presencia, unida a su conversación y a su carácter, y el placer de oír su voz.

El retrato de mármol que guardan los Museos Estatales de Berlín, de hacia 50-38 a. C., la muestra con la nariz larga y afilada, el pelo recogido en gajos hacia un moño y la banda ancha de la diadema real. El museo la identifica por el parecido con las monedas con su retrato acuñadas en Alejandría desde el 51 a. C. y en Ascalón desde el 49 a. C.

Cabeza de mármol de Cleopatra en tres cuartos, con el pelo recogido en un moño y una banda sobre la cabeza
Retrato de Cleopatra VII en mármol, de hacia 50-38 a. C., en los Museos Estatales de Berlín (foto: Richard Mortel, CC BY 2.0)

Cleopatra y Julio César: el saco de ropa de cama

En el 48 a. C., los parientes y consejeros de su hermano la habían echado del reino y Cleopatra estaba acampada con un ejército cerca de Pelusio, en la frontera oriental de Egipto. Entonces llegó a Alejandría Julio César, que venía persiguiendo a Pompeyo, y se encontró con que los hombres del rey lo habían asesinado.

Según Plutarco, César la mandó llamar en secreto, y Cleopatra necesitaba llegar hasta él sin que la descubrieran. Cruzó al anochecer en una barca pequeña con un solo acompañante, el siciliano Apolodoro, y se tendió dentro de un saco para ropa de cama; Apolodoro lo ató con una correa y la cargó hasta César. La alfombra de las películas no está en el texto griego, que habla de un stromatodesmon, la bolsa en la que se ataban las mantas.

Plutarco agrega que, según se dice, esa audacia fue lo primero que cautivó a César. En la guerra que siguió, Ptolomeo XIII se ahogó en el Nilo en el 47 a. C., cuando se hundió la nave en la que huía, sobrecargada por los que nadaban hacia ella. Cleopatra quedó en el trono junto a otro hermano menor, Ptolomeo XIV, y poco después tuvo un hijo al que los alejandrinos llamaron Cesarión, «el pequeño César».

Entre el 46 y el 44 a. C. pasó temporadas en Roma, en la residencia de César al otro lado del Tíber, y allí estaba cuando lo asesinaron. Cicerón, que la conoció en Roma, le escribió a su amigo Ático tres meses después: «Odio a la reina». Y agregó que no podía recordar sin gran indignación su soberbia «cuando estaba al otro lado del Tíber, en los jardines».

Marco Antonio: de Tarso a las Donaciones de Alejandría

Tras derrotar a los asesinos de César en Filipos, en el 42 a. C., Marco Antonio se quedó con el Oriente romano. En el 41 a. C. convocó a Cleopatra a Tarso, en el sur de la actual Turquía. Ella se hizo llamar con muchas cartas y, según Plutarco, se burló de él: remontó el río Cidno en una nave de popa dorada, con velas de púrpura y remos de plata que bogaban al son de flautas y cítaras. Iba recostada bajo un dosel bordado en oro, adornada como la Afrodita de las pinturas, y por la ciudad corrió el rumor de que Afrodita venía a festejar con Dioniso «por el bien de Asia». Antonio la invitó a cenar; ella le mandó decir que mejor fuera él. Y fue.

Tuvieron tres hijos: los mellizos Alejandro Helios («Sol») y Cleopatra Selene («Luna») y, después, Ptolomeo Filadelfo. En el 34 a. C., en el gimnasio de Alejandría, sentados en dos tronos de oro sobre un estrado de plata, Antonio proclamó a Cleopatra reina de Egipto, Chipre, Libia y Celesiria, junto con Cesarión. A sus hijos varones con Cleopatra los nombró «reyes de reyes» y les repartió Oriente: a Alejandro le asignó incluso Partia, «cuando la conquistara», anota Plutarco. En Roma, aquellas «Donaciones de Alejandría» se vieron como un espectáculo arrogante y una muestra de odio a Roma.

Hacia el 32 a. C., Antonio acuñó denarios, la moneda de plata de Roma, con el busto de Cleopatra y una leyenda que el catálogo de la American Numismatic Society registra así: CLEOPATRAE REGINAE REGVM FILIORVM REGVM, «de Cleopatra, reina de reyes y de sus hijos, que son reyes». En la otra cara está Antonio, con la leyenda ANTONI ARMENIA DEVICTA, «de Antonio, vencida Armenia».

Moneda romana de plata con el busto de Cleopatra en una cara y la cabeza de Marco Antonio en la otra
Denario de Marco Antonio, de hacia el 32 a. C.: Cleopatra con diadema y una proa delante; en la otra cara, Antonio con la tiara armenia detrás (foto: Classical Numismatic Group, CC BY-SA 2.5)

De Accio al mausoleo: la guerra que Roma le declaró a Cleopatra

Octavio, hijo adoptivo de César y rival de Antonio, convirtió todo eso en propaganda. En el 32 a. C., Roma votó la guerra contra Cleopatra y le quitó a Antonio la autoridad que había cedido a una mujer. Octavio, cuenta Plutarco, decía que Antonio estaba drogado y que los romanos iban a pelear contra el eunuco Mardión, contra Potino, contra Iras, la peluquera de Cleopatra, y contra Carmión, que eran quienes gobernaban.

La guerra se decidió frente a la costa occidental de Grecia, en la batalla naval de Accio, el 2 de septiembre del 31 a. C. Con el combate todavía indeciso, las sesenta naves de Cleopatra izaron velas y huyeron, y Antonio las siguió. Un año después, Octavio entró en Egipto. Antonio, al que la reina había hecho avisar de que estaba muerta, se clavó la espada; cuando supo que vivía, se hizo llevar hasta el mausoleo donde ella se había encerrado, y allí murió.

Octavio quería llevarla viva a Roma para exhibirla en su triunfo. Cleopatra se bañó, comió y le envió una tablilla sellada en la que le pedía que la enterrara junto a Antonio. Cuando los enviados de Octavio abrieron las puertas, la encontraron muerta sobre un lecho de oro, vestida de reina. Iras agonizaba a sus pies y Carmión, tambaleándose, le acomodaba la diadema. «¿Te parece bonito esto, Carmión?», le preguntó uno con rabia. «Bellísimo, y digno de la descendiente de tantos reyes», respondió ella, y cayó junto al lecho.

Cuadro de Cleopatra muerta en un lecho, con una criada tendida en el suelo y otra de pie que se cubre el rostro
«Cleopatra», de Juan Luna (1881): el pintor filipino se basó en el relato de Plutarco y dejó asomar el áspid al pie de la columna; ganó con ella una medalla de segunda clase en la Exposición Nacional de Madrid (Museo del Prado, dominio público)

¿Cómo murió Cleopatra? Ni Plutarco lo sabía

La Vida de Antonio de Plutarco da dos versiones del áspid. En una, el áspid llegó escondido bajo los higos de una cesta que un campesino hizo pasar por la guardia; en la otra, ella lo tenía en un cántaro y lo provocó con una rueca de oro hasta que la mordió. Y enseguida escribe: «la verdad nadie la sabe». También se decía que guardaba veneno en un alfiler hueco escondido en el pelo. Pero su cuerpo no tenía manchas ni otras señales de veneno, y la serpiente no apareció en el cuarto; algunos hablaban de dos pinchazos leves en el brazo.

Los demás autores tampoco coinciden. Estrabón, contemporáneo de Augusto, escribe que se mató «por la mordedura de un áspid o por aplicarse un ungüento venenoso, porque se cuentan las dos cosas». Dion Casio dice que nadie sabe con claridad cómo murió y menciona un áspid o una aguja del pelo envenenada. Suetonio cuenta que Octavio le mandó psilos, un pueblo del norte de África famoso por chupar el veneno de las mordeduras de serpiente, «porque se creía» que la había matado un áspid.

Octavio, según Plutarco, parece haber creído en los pinchazos: en su triunfo desfiló una imagen de Cleopatra con el áspid prendido. El poeta Horacio, en la oda que empieza «Ahora hay que beber» (Nunc est bibendum), la llama «monstruo fatal», pero termina admirándola. Según el poema, ella se atrevió a tomar «las ásperas serpientes» (así, en plural) para que su cuerpo bebiera el negro veneno antes que desfilar sin corona en un triunfo soberbio. «No era una mujer humilde», cierra Horacio.

Qué pasó con sus hijos y con Egipto

Cesarión, el hijo que Cleopatra decía haber tenido con César, era un estorbo para Octavio, heredero de César por adopción. Según Plutarco, su madre lo había mandado con muchas riquezas hacia la India, por Etiopía, pero su tutor Rodón lo convenció de volver con la promesa de que Octavio le daría el reino. Mientras Octavio lo pensaba, el filósofo Areio le habría dicho, jugando con un verso de Homero: «No es bueno que haya muchos Césares». Octavio lo hizo matar después de la muerte de su madre; Dion Casio y Suetonio, en cambio, cuentan que lo alcanzaron cuando huía.

Los tres hijos que tuvo con Antonio se salvaron. Plutarco cuenta que los crió Octavia, hermana de Octavio y exesposa de Antonio, y que ella casó a Cleopatra Selene con Juba II, rey de Mauritania; según Dion Casio, fue Octavio quien se la entregó a Juba.

Egipto pasó a ser provincia romana, pero no una cualquiera. Octavio celebró la conquista con denarios que muestran un cocodrilo y la leyenda AEGVPTO CAPTA, «Egipto capturado». Y según los Anales de Tácito, prohibió a los senadores y a los caballeros más distinguidos entrar en Egipto sin su permiso. Temía que quien ocupara esa llave de la tierra y del mar pudiera rendir a Italia por hambre, aun con muy pocas tropas.

Moneda romana de plata con la cabeza de Octavio en una cara y un cocodrilo en la otra
Denario de Octavio del 28 a. C. con un cocodrilo y la leyenda AEGVPTO CAPTA, «Egipto capturado» (foto: Classical Numismatic Group, CC BY-SA 2.5)

La regla seguía en pie casi medio siglo después. En el año 19, Germánico, sobrino e hijo adoptivo del emperador Tiberio, viajó a Egipto para conocer sus antigüedades y, de paso, abrió los graneros para bajar el precio del grano. Tiberio lo reprendió con dureza por haber entrado en Alejandría sin su permiso, contra lo que había dispuesto Augusto.

¿Dónde está la tumba de Cleopatra?

Octavio cumplió el último pedido de Cleopatra. Plutarco cuenta que la hizo enterrar junto a Antonio con honores reales, en el mausoleo que ella se había hecho construir cerca de un templo de Isis, y Suetonio agrega que Octavio mandó terminar esa tumba, que los dos habían empezado. Ese edificio no se ha encontrado. Según National Geographic, muchos arqueólogos lo sitúan junto al antiguo palacio real de Alejandría; la arqueóloga dominicana Kathleen Martínez, en cambio, busca la tumba desde 2005 en el templo de Taposiris Magna, al oeste de la ciudad, y hasta ahora no la ha encontrado.

Su nombre siguió pesando siglos después. Hacia el año 270, Zenobia de Palmira, la reina que le arrebató Egipto a Roma, presumía de descender «de las Cleopatras y los Ptolomeos», según la Historia Augusta, una fuente poco fiable.

Lo que se repite de Cleopatra y lo que dicen las fuentes

Lo que se repiteLo que dicen las fuentes
Era egipciaEra de una dinastía macedonia, aunque no se sabe con certeza quién fue su madre; según Plutarco, los reyes anteriores ni siquiera habían aprendido la lengua egipcia.
Era de una belleza deslumbranteDion Casio lo afirma, pero Plutarco dice que, según contaban, su belleza no era incomparable y que lo irresistible eran su trato y su voz.
Llegó ante César envuelta en una alfombraPlutarco habla de un saco para ropa de cama, que cargó el siciliano Apolodoro.
Roma le declaró la guerra a Marco AntonioLa guerra se votó contra Cleopatra; a Antonio se le quitó la autoridad que había cedido a una mujer.
Murió mordida por un áspidEs lo que mostró Octavio en su triunfo, pero Plutarco, Estrabón y Dion Casio también dan la versión del veneno, y Plutarco y Dion admiten que no se sabe.

Fuentes

Antiguas: Plutarco, Vida de Antonio (23, 25-27, 36, 54, 60, 66, 74-87) y Vida de César (48-49); Julio César, Guerra civil (3.103 y 3.108); Guerra de Alejandría (31 y 33); Cicerón, Cartas a Ático (14.8 y 15.15); Horacio, Odas (1.37); Estrabón, Geografía (17.1.10); Suetonio, Vida de Augusto (17); Dion Casio, Historia romana (42.34, 49.32, 51.14 y 51.15); Tácito, Anales (2.59); Historia Augusta, Los treinta tiranos (30).

Modernas: Museos Estatales de Berlín, ficha del retrato de Cleopatra VII (inventario 1976.10); American Numismatic Society, catálogos CRRO (RRC 543/1) y OCRE (denarios AEGVPTO CAPTA); Museo del Prado, ficha de Cleopatra, de Juan Luna (P006354); Sotheby’s, catálogo de la subasta de mayo de 2011 (lote 65, el cuadro de Alma-Tadema); National Geographic (2025) e Infobae (2026) sobre las excavaciones de Kathleen Martínez.

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Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.