Datos curiosos del pulpo: por qué muere justo después de reproducirse

Una hembra de pulpo vigila su puesta de huevos sin salir a comer

El pulpo resuelve laberintos, abre frascos, usa herramientas y se escapa de acuarios que se suponían a prueba de fugas. Es, según los científicos que lo estudian, uno de los animales más inteligentes del planeta. Y sin embargo, su propia genética le impone una fecha de caducidad que ni toda esa inteligencia puede esquivar: apenas se reproduce una vez, su cuerpo empieza a apagarse solo.

Una madre que deja de comer para siempre

Según la especie, una hembra de pulpo puede poner entre cuarenta y cinco mil y hasta medio millón de huevos en una sola puesta. A partir de ahí, deja de comer. Se queda junto a los huevos, a veces durante meses (las hembras del pulpo gigante del Pacífico los cuidan hasta cinco meses, y hasta diez en aguas frías), abanicándolos para que les llegue oxígeno, limpiándolos de parásitos y ahuyentando a los depredadores. No sale a cazar ni una sola vez. Su cuerpo, sin reservas nuevas que reponer, empieza a consumirse a sí mismo.

Huevos de pulpo con los embriones ya visibles en su interior
Embriones de pulpo desarrollándose dentro de sus huevos translúcidos.

El experimento que descubrió por qué

Durante mucho tiempo se asumió que la hembra moría simplemente de agotamiento y hambre, un efecto colateral del cuidado extremo de sus huevos. La explicación real es más inquietante. El pulpo tiene una glándula óptica que funciona como un regulador maestro: produce las hormonas que controlan su maduración sexual y, después de la puesta, activa un proceso de deterioro celular acelerado conocido como senescencia. Cuando los científicos extirparon esa glándula a hembras que ya habían puesto huevos, algo cambió por completo: abandonaron el cuidado de la puesta, volvieron a alimentarse, sobrevivieron mucho más tiempo del esperado y hasta llegaron a aparearse de nuevo. Su cuerpo podía seguir funcionando perfectamente bien. Lo que lo apagaba no era el hambre: era una orden hormonal.

El macho tampoco se salva

A los machos no les va mejor, solo que su cuenta atrás empieza en otro momento: la suya arranca justo después de aparearse, no de poner huevos. En cuestión de semanas pierden coordinación, dejan de comer y mueren. En algunas especies llegan a perder brazos enteros, que simplemente se desprenden, mientras el resto del cuerpo se va deteriorando. Machos y hembras comparten el mismo mecanismo (la misma glándula, el mismo interruptor), solo que activado por un evento reproductivo distinto en cada caso.

Toda una vida, y solo una oportunidad

Hay que ponerlo en contexto: los pulpos ya son de por sí animales de vida corta, con un máximo de unos cuatro años, y algunas especies completan todo su ciclo vital en menos de seis meses. Sobre ese margen tan breve, la naturaleza superpuso además un límite reproductivo absoluto. Es un contraste especialmente crudo si se piensa en lo que ese cerebro es capaz de hacer mientras está activo: un filósofo especializado en el estudio de la inteligencia llegó a comparar la cognición del pulpo con la de una hipotética forma de vida extraterrestre, precisamente porque evolucionó de forma totalmente independiente a la de los mamíferos y aun así resuelve problemas complejos. Esa misma inteligencia, capaz de abrir un tarro por dentro o de planear una fuga de un acuario, convive con un cuerpo programado para autodestruirse en cuanto termina de cumplir su única función biológica: dejar la siguiente generación en marcha.

Un pulpo camuflado contra las rocas, con sus ojos visibles
Un pulpo camuflado contra las rocas: la misma inteligencia que le permite esconderse así no lo salva de la senescencia.

Un animal que tardó siglos en entenderse

La reproducción del pulpo desconcertó a los científicos durante mucho más tiempo del que parece razonable. Ya Aristóteles, en el siglo IV a. C., había descrito con precisión su capacidad de cambiar de color para camuflarse, y hasta identificó uno de sus ocho brazos como distinto a los demás, aunque no supo explicar para qué servía. Ese brazo especializado, que el macho usa para transferir el esperma a la hembra, pasó siglos siendo clasificado por error como un parásito independiente, hasta que en 1856 el zoólogo danés Japetus Steenstrup demostró su verdadera función. Que hiciera falta tanto tiempo para entender cómo se reproduce el pulpo dice bastante de lo extraño que es, comparado con casi cualquier otro animal, todo su ciclo de vida.

Una cría de pulpo recién nacida
Una cría de pulpo recién nacida: la razón por la que su madre dejó de comer.
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Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.