Julio César: quién fue y por qué lo mataron hombres a los que había perdonado

Cabeza de mármol de Julio César vista de frente, con el rostro delgado y arrugas marcadas, sobre fondo negro
Retrato de Julio César conocido como el de Túsculo, en el Museo de Antigüedades de Turín (foto: Ángel M. Felicísimo, CC BY 2.0)

Julio César (100-44 a. C.) fue un general y político romano que conquistó la Galia, ganó una guerra civil contra Pompeyo y gobernó Roma como dictador hasta que un grupo de senadores lo mató a puñaladas el 15 de marzo del 44 a. C. Nunca fue emperador. Y dos de los jefes de la conjura, Bruto y Casio, habían peleado contra él en la guerra civil y él mismo los había perdonado.

Quién fue Julio César

Cayo Julio César nació en julio del año 100 a. C. en una familia patricia, los Julios, que decía descender de la diosa Venus. Él mismo lo proclamó en el funeral de su tía Julia, según su biógrafo Suetonio.

Siendo cuestor en la Hispania Ulterior, en el templo de Hércules de Gades, la actual Cádiz, vio una estatua de Alejandro Magno y suspiró: a su edad, Alejandro ya había conquistado el mundo y él no había hecho nada memorable, cuenta Suetonio. Después fue sumo pontífice, desde el 63 a. C., y cónsul en el 59 a. C. Por esos años se alió con el general Pompeyo y con el riquísimo Craso.

La conquista de la Galia y el límite de su clemencia

Entre el 58 y el 50 a. C. conquistó la Galia, que abarcaba más o menos la actual Francia y Bélgica, y en el 52 a. C. derrotó a la alianza gala de Vercingétorix en el asedio de Alesia.

Plinio el Viejo escribió que César mató en sus batallas a 1.192.000 personas, sin contar las de las guerras civiles, y que él no lo contaría entre sus glorias. Plutarco da cifras redondas para la Galia: César peleó contra tres millones de hombres, mató a un millón y tomó prisioneros a otro millón.

Con los galos, su famosa clemencia tenía un límite. En Uxeloduno, en el 51 a. C., les mandó cortar las manos a todos los que habían tomado las armas y les dejó la vida, para que el castigo sirviera de escarmiento. Lo cuenta Aulo Hircio, uno de sus oficiales, en el libro que agregó a los Comentarios sobre la guerra de las Galias de César: según él, César no temía parecer cruel porque todos conocían su indulgencia. Vercingétorix se había entregado con la esperanza de ser perdonado, según el historiador Dion Casio. César lo mandó encadenar, lo exhibió en su triunfo del 46 a. C. y después lo hizo ejecutar.

Pintura de Vercingétorix a caballo arrojando sus armas ante Julio César, sentado con capa roja entre soldados romanos
Vercingétorix arroja sus armas a los pies de César en un cuadro de Lionel Royer de 1899, una recreación del siglo XIX (Museo Crozatier, Le Puy-en-Velay; dominio público)

Cruzar el Rubicón: ¿dijo «la suerte está echada»?

Mientras estaba en la Galia, el pacto se deshizo: Craso murió en una guerra contra los partos y Pompeyo se acercó a los enemigos de César en el Senado, que le exigían dejar el ejército y volver a Roma como un simple ciudadano. Suetonio da varias explicaciones de por qué no obedeció. Una es que temía que lo juzgaran por lo que había hecho como cónsul. La hace más creíble lo que contó Asinio Polión: más tarde, al ver a sus enemigos muertos en la batalla de Farsalia, César dijo «Ellos lo quisieron: pese a tantas hazañas, yo, Cayo César, habría sido condenado si no hubiera pedido ayuda a mi ejército».

En enero del 49 a. C., César cruzó con sus tropas el Rubicón, el río que marcaba el límite de su provincia: pasarlo con el ejército era empezar una guerra civil. Suetonio le atribuye la frase en latín, iacta alea est («la suerte está echada»). Plutarco, en cambio, dice que la gritó en griego, «que se lance el dado», y que era un dicho común antes de lanzarse a una aventura arriesgada. Ya aparece en una comedia de Menandro, donde un personaje lo dice al decidir que se casará.

La clemencia de César: «la nueva manera de vencer»

En la guerra civil, César hizo del perdón una política. En el 49 a. C. tomó la ciudad italiana de Corfinio y dejó ir libre a Lucio Domicio, el general que el Senado había nombrado para reemplazarlo en la Galia. Poco después se lo explicó a sus hombres de confianza en Roma, Opio y Balbo, en una carta que se conserva entre las de Cicerón. Les escribió: «Probemos si de este modo podemos recuperar la buena voluntad de todos y disfrutar de una victoria duradera, ya que los demás, por su crueldad, no pudieron escapar del odio, y ninguno, salvo Lucio Sila, a quien no pienso imitar, conservó mucho tiempo la victoria. Que esta sea la nueva manera de vencer: protegernos con la misericordia y la generosidad».

En general, cumplió. Después de vencer a Pompeyo en Farsalia, en el 48 a. C., perdonó a muchos de los que habían peleado contra él y a algunos les dio cargos, como a Bruto y a Casio, que en el 44 a. C. eran pretores, cuenta Plutarco. Hubo quien no quiso su perdón. Catón dijo que no pensaba deberle favores a un tirano que salvaba, «como si fuera su amo», a quienes no tenía ningún derecho a dominar, y en el 46 a. C. se quitó la vida en Útica antes de que César pudiera atraparlo vivo. César se quejó de que Catón le había negado la ocasión de salvarle la vida, según Plutarco.

El Senado llegó a votar un templo a su clemencia, y en el 44 a. C. una moneda de plata acuñada en Roma mostró un templo con la inscripción CLEMENTIAE CAESARIS («de la clemencia de César»). Plinio el Viejo, más de un siglo después, escribió que en clemencia superó a todos «hasta el arrepentimiento».

¿Julio César fue emperador?

No. Fue dictador varias veces, y a comienzos del 44 a. C. fue nombrado dictador perpetuo. Siendo dictador reformó el calendario: el calendario juliano, de 365 días y un día extra cada cuatro años, es el que corrigió el papa Gregorio XIII en 1582.

Las dos caras de una moneda romana de plata: la cabeza de Julio César con corona de laurel y, del otro lado, la diosa Venus de pie con una pequeña Victoria en la mano
Denario acuñado en Roma en el 44 a. C. con la cabeza de César coronada de laurel y la leyenda CAESAR DICT PERPETVO («César, dictador perpetuo»); del otro lado, la diosa Venus (foto: Classical Numismatic Group, CC BY-SA 2.5)

También aceptó honores de rey y hasta de dios: una silla de oro en el Senado, una estatua junto a las de los antiguos reyes de Roma, templos, altares y un mes con su nombre, que desde entonces se llama julio. Pero cuando la gente lo saludó como rey, respondió «Soy César, no rey», y en las fiestas Lupercales del 15 de febrero del 44 a. C. rechazó la diadema que le ofreció varias veces el cónsul Marco Antonio. Aun así, corrió el rumor de que en la siguiente sesión se propondría darle el título de rey, porque los libros sibilinos decían que solo un rey podía vencer a los partos. Según Suetonio, eso hizo que los conjurados se apuraran.

El Senado le dio incluso el título de imperator como si fuera un nombre propio, según Dion Casio, y de esa palabra latina viene «emperador». Pero el primer emperador fue su heredero, Augusto, desde el 27 a. C. Y su propio nombre se volvió un título: de «César» vienen «káiser» y «zar», según el diccionario de la RAE.

Los idus de marzo: cómo lo mataron

La conjura reunió a más de sesenta hombres, encabezados por Cayo Casio, Marco Bruto y Décimo Bruto, según Suetonio. Para Plutarco, lo que más odio le ganó fue su ambición de ser rey: para la mayoría fue la primera causa, y para los que ya lo odiaban, el pretexto más presentable. César había recibido avisos: el arúspice Espurina le advirtió de un peligro que llegaría a más tardar en los idus de marzo, y la noche anterior su esposa, Calpurnia, soñó que lo apuñalaban en sus brazos. Además, andaba sin guardia: cuando sus amigos le propusieron volver a reunir a sus cohortes hispanas como escolta, respondió que no había nada más desdichado que vivir siempre custodiado, según el historiador Apiano.

El 15 de marzo del 44 a. C., el Senado se reunió en la curia de Pompeyo, una sala del conjunto del teatro que había construido su antiguo rival. Antes de entrar, César se burló de Espurina, porque los idus habían llegado y no le había pasado nada. «Han llegado, pero no han pasado», le contestó el arúspice.

Adentro, Tilio Címber lo agarró de la toga y uno de los hermanos Casca le dio la primera puñalada. Al verse rodeado de puñales, César se cubrió la cabeza con la toga y recibió veintitrés heridas, según Suetonio y Plutarco. Según algunos, cuenta Plutarco, se desplomó contra el pedestal de la estatua de Pompeyo, que quedó empapado de sangre. Para el médico Antistio, solo una de las heridas era mortal: la segunda, en el pecho.

Pintura de una sala del Senado romano con el cuerpo de César en el suelo, cubierto por su toga, mientras los conjurados se alejan con las espadas en alto
La muerte de César, de Jean-Léon Gérôme (1859-1867): el cuerpo queda en el suelo, junto a una silla volcada, mientras los conjurados salen de la sala (Walters Art Museum, Baltimore; dominio público)

Mitos y lo que dicen las fuentes

Lo que se repiteLo que dicen las fuentes
Murió diciendo «¿Tú también, Bruto?»Suetonio dice que, mientras lo apuñalaban, no dijo palabra: solo soltó un gemido con el primer golpe. Agrega que algunos contaron que, cuando Marco Bruto se le echó encima, le dijo en griego «¿Tú también, hijo?». El «Et tu, Brute?» en latín lo hizo famoso Shakespeare en su Julio César, de 1599.
Nunca perdió una batallaSuetonio anota reveses como la legión derrotada en Gergovia, en la Galia, y dos batallas dudosas en la guerra civil: en Dirraquio lo rechazaron y en Munda, en Hispania, llegó a pensar en matarse.
Fue el primer emperador de RomaFue dictador perpetuo, y el Senado le dio como nombre propio imperator, la palabra de la que viene «emperador», según Dion Casio. Pero el primer emperador fue Augusto, su hijo adoptivo.
Nació por cesáreaPlinio el Viejo atribuye ese nacimiento al «primero de los César», un antepasado, y lo cuenta entre los partos en que la madre moría. La madre de Julio César, Aurelia, murió cuando él ya estaba en la Galia.

Dónde lo mataron: el lugar se puede visitar

Después del asesinato se decidió tapiar la curia y llamar a los idus de marzo «día del parricidio», según Suetonio. Los restos de su base, de grandes bloques de toba, todavía se ven detrás de los templos B y C del Área Sacra del Largo di Torre Argentina, en el centro de Roma. En 2012, el investigador Antonio Monterroso, del CSIC español, identificó allí una estructura de concreto de tres metros de ancho y más de dos de alto que, según su estudio, Augusto mandó poner para condenar el asesinato. El hallazgo sitúa el ataque justo en el centro del fondo de la sala, donde César presidía la sesión sentado.

Desde el 20 de junio de 2023, el Área Sacra se puede recorrer por pasarelas.

Ruinas de un templo circular con columnas, iluminadas de noche, en una plaza rodeada de edificios de Roma
El templo circular B del Área Sacra del Largo di Torre Argentina, en Roma. Detrás de los templos B y C quedan los cimientos de la curia de Pompeyo (foto: Wilfredor, CC0)

Qué pasó con sus asesinos

En su testamento, César había adoptado a su sobrino nieto Octavio, el futuro Augusto, y había nombrado a muchos de sus asesinos tutores de su hijo, si llegaba a tener uno. A Décimo Bruto, el que esa mañana lo convenció de ir al Senado, lo había puesto entre sus herederos en segundo grado. Vinieron trece años más de guerras civiles, que se decidieron en Accio, en el 31 a. C., con la derrota de Marco Antonio y Cleopatra.

Suetonio anota que casi ninguno de los asesinos vivió más de tres años ni murió de muerte natural: unos murieron en naufragios, otros en batallas, y algunos se mataron con el mismo puñal con que habían herido a César. En la Vida de César, Plutarco cuenta que Casio se mató con ese mismo puñal tras perder la primera batalla de Filipos, en el 42 a. C. A César, en cambio, lo declararon dios, y un cometa que brilló siete días durante los juegos en su honor fue tomado por su alma subiendo al cielo.

Fuentes

Suetonio, Vida del divino Julio (6, 7, 25, 26, 30, 32, 34, 36, 40, 75, 76, 79 a 83, 88 y 89). Plutarco, Vida de César (15, 27, 32, 54, 57, 60, 63, 66 y 69), Vida de Pompeyo (60) y Vida de Catón el Joven (66). Apiano, Guerras civiles, 2.106-109. Cicerón, Cartas a Ático, 9.7C (carta de César a Opio y Balbo). Plinio el Viejo, Historia natural, 7.47 y 7.92-93. Aulo Hircio, Guerra de las Galias, libro 8 (44). Dion Casio, Historia romana, 40.41, 43.19 y 43.44. Ateneo, Banquete de los eruditos, 13 (verso de Menandro). William Shakespeare, Julio César (1599), acto 3, escena 1.

CSIC, «Investigadores del CSIC hallan el lugar exacto donde fue apuñalado Julio César», 2012. Sovrintendenza Capitolina, «La Curia di Pompeo» y reapertura del Área Sacra de Largo Argentina (2023). American Numismatic Society, Coinage of the Roman Republic Online, RRC 480/10 y 480/21. RAE, Diccionario de la lengua española, «emperador», «káiser» y «zar».

V
Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.