Pompeya: qué pasó de verdad cuando el Vesubio la sepultó en el año 79

Vista aérea de las ruinas de Pompeya rodeadas por la ciudad moderna, con el Vesubio al fondo
Pompeya vista desde el aire, con el Vesubio detrás; el óvalo de la derecha es el anfiteatro (foto: Carsten Steger, CC BY-SA 4.0)

Pompeya era una ciudad romana del sur de Italia, cerca de Nápoles, que quedó sepultada bajo varios metros de piedra pómez y ceniza cuando el Vesubio entró en erupción en el año 79. Allí se han encontrado los restos de más de mil víctimas, y la ciudad quedó enterrada hasta 1748, cuando empezaron las excavaciones. En los últimos años aparecieron pruebas contra dos cosas que casi todos repiten. La erupción probablemente no fue en agosto, sino en otoño, hacia fines de octubre. Y en 2024 el ADN desmintió lo que se contaba de algunos de sus moldes más conocidos.

Dónde estaba Pompeya y cómo era antes de la erupción

Pompeya estaba en la región de Campania, al pie del Vesubio y junto al río Sarno, y según Estrabón era el puerto de Nola, Nuceria y Acerra. Sus orígenes son inciertos: el mismo Estrabón cuenta que fue primero de los oscos, después de los etruscos y los pelasgos, y luego de los samnitas. Desde el año 80 a. C. era una colonia romana. Las estimaciones de su población van de unos 11.000 a 20.000 habitantes.

Era una ciudad próspera y con mucha vida pública. Su anfiteatro, construido hacia el 70 a. C. para unos 20.000 espectadores, es uno de los más antiguos que se conservan (la guía oficial del parque arqueológico lo considera el más antiguo conocido del mundo romano). Allí, en el año 59, un espectáculo de gladiadores terminó en una batalla con los vecinos de Nuceria. Primero hubo insultos, después piedras y al final armas, cuenta Tácito, con muertos y heridos. El Senado le prohibió a Pompeya ese tipo de reuniones durante diez años, aunque según la guía oficial la medida se levantó tras el terremoto.

Fresco que muestra el anfiteatro de Pompeya visto desde arriba, con gente peleando dentro y alrededor
Fresco de la riña del año 59 en el anfiteatro, hallado en una casa de Pompeya y conservado en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (foto: Chappsnet, CC BY-SA 4.0)

Según Séneca, el 5 de febrero del 63 (Tácito lo pone en el 62) un terremoto dañó gravemente la ciudad. Cuando llegó la erupción, muchos edificios seguían en reparación: la guía oficial del parque describe la Pompeya de ese momento como una obra todavía abierta.

Un geógrafo ya sospechaba que el Vesubio había ardido

Suele decirse que nadie sabía que el Vesubio era un volcán. No es del todo así. El geógrafo griego Estrabón escribió en tiempos de Augusto y de Tiberio. Describió la cima del Vesubio como una llanura estéril, de color ceniza, con rocas llenas de poros y ennegrecidas, «como si las hubiera carcomido el fuego». De ahí, escribe, se podría deducir que en otro tiempo esa zona había ardido y había tenido cráteres de fuego, apagados cuando se acabó el combustible. Y agrega que tal vez por eso la tierra de alrededor era tan fértil. Eso sí, lo daba por apagado.

Un siglo y medio antes de la erupción, en el 73 a. C., la montaña ya había entrado en la historia de Roma. Espartaco y los gladiadores que se habían fugado con él se refugiaron en el Vesubio, cuentan Apiano y Floro. Según Floro, cuando el pretor Claudio Glabro los sitió allí, bajaron con cuerdas de parra por una garganta del monte hasta su pie y tomaron por sorpresa el campamento romano. Plutarco, que no nombra el monte, cuenta que con esa parra trenzaron escaleras.

Qué pasó el día de la erupción, según Plinio el Joven

El único testimonio directo que se conserva es el de Plinio el Joven, que tenía 17 años y estaba en Miseno, al otro lado de la bahía de Nápoles. Años después se lo contó al historiador Tácito en dos cartas. Hacia la hora séptima (poco después del mediodía), su madre le señaló a su tío, Plinio el Viejo, una nube de un tamaño y una forma extraños. El sobrino la comparó con un pino: subía como un tronco altísimo y arriba se abría en ramas. A veces era blanca y a veces sucia y manchada, según la tierra o la ceniza que arrastrara.

Su tío, que mandaba la flota romana de Miseno y era un naturalista famoso, quiso ver aquello de cerca. Cuando salía, recibió un mensaje de Rectina, una mujer cuya villa estaba al pie del monte y que solo podía escapar por mar. Entonces cambió de plan: sacó las naves grandes para socorrer a la gente de la costa. Llegó hasta Estabia, donde pasó la noche. Al día siguiente, en la playa, se levantó apoyado en dos esclavos y se desplomó. Su sobrino, por lo que le contaron, deduce que el humo espeso le cerró la respiración, porque tenía la garganta débil y estrecha por naturaleza. Cuando volvió la luz del día, encontraron su cuerpo intacto, «más parecido a alguien que descansa que a un muerto».

La huida de Miseno

En Miseno, mientras la tierra temblaba, el joven Plinio pidió un libro de Tito Livio y siguió leyendo y tomando notas («no sé si llamarlo constancia o imprudencia», escribe). Un amigo de su tío, recién llegado de Hispania, los regañó a él y a su madre: a ella por su paciencia y a él por su despreocupación. Al amanecer, huyeron entre una multitud. Vio el mar retirarse y dejar animales marinos en la arena seca. Después cayó una oscuridad «no como la de una noche sin luna o nublada, sino como la de un cuarto cerrado con la lámpara apagada». Se oían gritos de mujeres, llantos de niños y voces de hombres, y muchos, cuenta, creían que ya no quedaban dioses y que aquella era la noche eterna y última del mundo.

Cómo murieron los que se quedaron en Pompeya

En Pompeya, lo primero fue una lluvia de piedra pómez que duró horas y se fue acumulando hasta hundir los techos. Muchos huyeron entonces. De los que se quedaron, algunos murieron ya en esas horas, atrapados por la piedra pómez o bajo los derrumbes. Los que seguían en la ciudad, o intentaron salir demasiado tarde, murieron cuando bajaron del volcán las corrientes piroclásticas: nubes de gas, ceniza y rocas a cientos de grados. En el llamado Huerto de los Fugitivos, junto a la puerta de Nocera, se hallaron 13 víctimas, adultos y niños. Caminaban sobre una capa de piedra pómez de 3,5 metros cuando las alcanzó una de esas corrientes. Según la guía oficial, murieron por asfixia y por las altas temperaturas.

Molde de yeso de una víctima de Pompeya, encogida y apoyada en un brazo, junto a un muro de piedra
Molde de una de las víctimas del Huerto de los Fugitivos, junto a la puerta de Nocera (foto: Daniele Florio, CC BY 2.0)

¿Cuándo fue la erupción del Vesubio? Agosto u octubre

La fecha tradicional es el 24 de agosto del 79, la que trae un manuscrito del siglo IX de la carta de Plinio («nonum Kal. Septembres»). Pero el original de Plinio no se conserva, y otras copias dicen el 24 de octubre o el 1 de noviembre. En 2018 apareció una inscripción a carbón en la pared de una casa de la Regio V que estaba en obras cuando llegó la erupción. Tiene la fecha «XVI K Nov», es decir, el 17 de octubre. No dice el año, pero Massimo Osanna, entonces director del parque, argumentó que el carbón es tan frágil que no habría durado mucho, así que lo más probable es que sea del 79.

A eso se suman los hallazgos de otoño: higos secos, castañas, nueces y granadas, vino ya guardado en sus tinajas, braseros en las casas y víctimas con ropa gruesa. Con todo eso, dos vulcanólogos del INGV (el instituto italiano de geofísica y vulcanología), Sandro de Vita y Giovanni P. Ricciardi, concluyeron que la fecha más probable está entre el 24 de octubre y el 1 de noviembre.

Cuántas personas murieron en Pompeya

No se sabe con exactitud. En las excavaciones se han encontrado los restos de más de mil víctimas, un número que según la Asociación Italiana de Vulcanología podría ser, como mínimo, el doble si se suman las que se perdieron en las excavaciones más antiguas y las que puede haber en las zonas sin excavar. Todavía queda sin excavar cerca de un tercio de sus 66 hectáreas. Con una población de entre 11.000 y 20.000 personas, según los cálculos, eso indica que muchos alcanzaron a huir, aunque no se sabe cuántos murieron en el camino o en la costa.

Los moldes de Fiorelli y lo que reveló el ADN

Los cuerpos de las víctimas se descompusieron dentro de la ceniza endurecida y dejaron huecos con su forma. En febrero de 1863, Giuseppe Fiorelli, que dirigía las excavaciones, hizo rellenar esos huecos con yeso líquido y obtuvo los primeros cuatro moldes. Desde entonces se han hecho 104.

Durante décadas, esos moldes se interpretaron a ojo: una madre que abraza a su hijo, dos hermanas abrazadas. En 2024, un equipo de la Universidad de Florencia, de Harvard y del Instituto Max Planck publicó en Current Biology el análisis del ADN de esas víctimas. Tomaron muestras de los huesos que quedaron dentro de 14 de los 86 moldes que se estaban restaurando y obtuvieron datos genómicos de cinco personas. El adulto que lleva un brazalete de oro y sostiene a un niño, en la Casa del Brazalete de Oro, era un hombre sin parentesco con el niño. La pareja que se creía de hermanas, o de madre e hija, incluía al menos a un varón. Y los cinco descendían en gran parte de inmigrantes recientes del Mediterráneo oriental.

El molde de «la mujer embarazada» ya se había reinterpretado antes: según el mismo estudio, las tomografías y radiografías hechas desde 2015, durante la restauración, mostraron que su vientre abultado probablemente era un bulto de ropa.

Qué dejaron escrito en las paredes

Pompeya conserva miles de grafitis: anuncios electorales, nombres, cuentas, insultos y bromas. Uno se repite en la basílica, en el teatro grande y en el anfiteatro: «Admiror, o paries, te non cecidisse ruinis, qui tot scriptorum taedia sustineas». Es decir: «Me asombra, pared, que no te hayas derrumbado, tú que aguantas el fastidio de tantos que escriben en ti».

Las ruinas también muestran el trabajo diario, como la lavandería de Estéfano, a quien se conoce por inscripciones electorales. Sus trabajadores, casi todos esclavos, pisaban la ropa durante horas en un líquido con orina humana y animal, recogida en vasijas puestas en la calle (el secreto de las lavanderías romanas). Junto a la entrada apareció un esqueleto con un puñado de monedas, y se supuso que era el propio Estéfano huyendo con la recaudación. Y en la Casa del Fauno apareció el gran mosaico en el que Alejandro Magno carga contra Darío (se discute si la batalla es la de Issos o la de Gaugamela).

Cómo se redescubrió Pompeya

La ceniza no la protegió de todo. Poco después de la erupción hubo quien volvió a cavar: según la guía oficial del parque, el edificio de Eumaquia, como otros del Foro, fue despojado de su decoración de mármol. Después, la ciudad quedó olvidada. En 1592, el arquitecto Domenico Fontana atravesó sus ruinas con un canal subterráneo. Pero las excavaciones no empezaron hasta 1748, por orden de Carlos de Borbón, entonces rey de Nápoles y más tarde Carlos III de España.

Las dirigió un ingeniero militar español, el zaragozano Roque Joaquín de Alcubierre, que desde 1738 estaba al frente de las de Herculano. Al principio lo que se buscaba eran piezas para las colecciones del rey. El 20 de agosto de 1763, una inscripción con las palabras «Rei Publicae Pompeianorum» confirmó que aquellas ruinas eran Pompeya.

Pompeya hoy

Desde 1997, Pompeya es Patrimonio de la Humanidad junto con Herculano y Torre Annunziata, y las excavaciones siguen. El Vesubio no está apagado: su última erupción empezó el 18 de marzo de 1944 y terminó el 29.

Junto a las ruinas nació la ciudad moderna de Pompei, alrededor del santuario de la Virgen del Rosario que impulsó el abogado Bartolo Longo. La primera piedra es de 1876, y Longo fue canonizado en octubre de 2025. El nombre también cruzó el océano: el barrio de Nueva Pompeya, en Buenos Aires, lo tomó del santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya que se levantó allí hacia 1900.

Lo que se repite de Pompeya y lo que dicen las fuentes

Lo que se repiteLo que dicen las fuentes
La erupción fue el 24 de agosto del 79Es la fecha de un manuscrito de Plinio; otras copias, una inscripción de 2018 y los frutos de otoño la llevan a fines de octubre (INGV).
Nadie sabía que el Vesubio era un volcánEstrabón describió su cima como quemada y supuso que en otro tiempo había ardido, aunque lo creía apagado.
La ceniza protegió la ciudad del saqueoVarios edificios del Foro fueron despojados de sus mármoles poco después de la erupción.
Se hicieron moldes de unos 2.000 cuerposSe han hecho 104 moldes; los restos de víctimas encontrados pasan de mil.
El molde de la madre que abraza a su hijoEl ADN mostró que era un hombre sin parentesco con el niño.

Fuentes

Antiguas: Plinio el Joven, Cartas (6.16 y 6.20); Estrabón, Geografía (5.4.8); Séneca, Cuestiones naturales (6.1); Tácito, Anales (14.17 y 15.22); Apiano, Guerras civiles (1.116); Floro, Epítome (2.8); Plutarco, Vida de Craso (9).

Modernas: Parco Archeologico di Pompei, Guida agli scavi di Pompei; S. de Vita y G. P. Ricciardi, «Estate o autunno? La vera data dell’eruzione vesuviana del 79 d.C.», INGV (2018); E. Pilli y otros, «Ancient DNA challenges prevailing interpretations of the Pompeii plaster casts», Current Biology (2024); Associazione Italiana di Vulcanologia, «I calchi delle vittime di Pompei»; Ancient Graffiti Project (CIL IV 1904); Osservatorio Vesuviano, INGV (erupción de 1944).

V
Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.