Ojo turco: qué significa y por qué su historia es miles de años más vieja que Turquía

Primer plano de un ojo turco de vidrio azul colgado de una rama, en Capadocia
Un nazar colgado de un árbol en Capadocia, Turquía (foto: Alev Akın, CC BY-SA 4.0)

El ojo turco es un amuleto contra el mal de ojo: una cuenta de vidrio azul con forma de ojo. Según la creencia, atrae y desvía las miradas de envidia o de admiración, capaces de enfermar a una persona o de estropear sus cosas. En turco se llama nazar boncuğu, «la cuenta del mal de ojo». Pero su historia es mucho más vieja que Turquía: ya había cuentas de vidrio con ojos hace más de 3.000 años, y los conjuros de Mesopotamia contra el mal de ojo son todavía más antiguos.

Qué significa el ojo turco y por qué es azul

Nazar viene del árabe naẓar, «mirada», y en turco pasó a significar también el mal de ojo. El diccionario oficial de la lengua turca lo define como la desgracia que, según se cree, traen ciertas personas cuando miran algo con envidia o con admiración. Puede alcanzar a la gente, a la casa, a los bienes y hasta a los objetos. Boncuk quiere decir «cuenta». La forma clásica es un disco de vidrio con círculos concéntricos: azul oscuro por fuera, luego un anillo blanco, otro celeste y el centro negro.

¿Por qué azul? La folclorista turca Nilgün Çıblak recogió testimonios sobre el nazar en distintas provincias del país. Según la creencia que registró, el mal de ojo más fuerte lo tienen las personas de ojos azules o celestes, y el azul de la cuenta atrae los «rayos» que salen de esos ojos y los deja sin efecto. Çıblak, citando al turcólogo Abdülkadir İnan, remonta la costumbre a los antiguos turcos. Llevaban una piedra-talismán, el boncuk-moncuk, en el cuello de las personas y de los caballos, y hasta en lo alto de los estandartes; era azul porque entre ellos los ojos azules eran muy raros y se les atribuía un poder extraordinario. Recogió también otra creencia: si un ojo turco se agrieta, es porque atrajo hacia sí una mirada mala.

Las tablas con un «significado» para cada color (rojo, verde, amarillo) que circulan en tiendas y páginas web no suelen citar fuentes: en la tradición que registra Çıblak, el nazar es azul.

Conjuros de casi 4.000 años contra el mal de ojo

Los conjuros contra el mal de ojo más antiguos que se conservan en Mesopotamia son del periodo paleobabilónico (hacia 1900-1600 a. C.), y muchos están escritos en sumerio. Hay uno en acadio, de la misma época, que apareció en Kültepe, en el centro de la actual Turquía, donde vivían mercaderes asirios hacia el siglo XIX a. C.: lo publicaron en 2008 los asiriólogos Gojko Barjamovic y Mogens Trolle Larsen.

Qué tan vieja es la creencia, y si los sumerios la tenían, es discutido. El investigador Zacharias Kotzé, de la Universidad de Sudáfrica, cree que la literatura sumeria ya la menciona antes de la época de Sargón de Akkad (siglo XXIV a. C.). El asiriólogo Markham Geller, en cambio, sostiene que los sumerios no la conocían y que el «ojo malo» (igi-ḫul) de sus conjuros alude a alucinaciones.

Uno de esos conjuros, en la versión inglesa que publica Kotzé, describe el mal de ojo como una serpiente temible: «Se acercó al cielo y no llovió; se acercó a la tierra y no crecieron las hierbas; se acercó al buey y le rompió el yugo». Sigue con el queso que se echa a perder en el corral, el joven que pierde la fuerza y la nodriza a la que se le aflojan los brazos. Más adelante pide que el mal de ojo se rompa en pedazos «como la olla del alfarero en el mercado».

Un fragmento de la misma época manda «limpiar el cuerpo del hombre, hijo de su dios». Y en la versión bilingüe (sumeria y acadia), más tardía, de otro conjuro, el dios Enki le frota pan por la cabeza y el cuerpo al aojado para quitarle el mal. El gesto se parece al de la limpia con huevo de México, aunque no hay ninguna relación comprobada entre los dos. En Ugarit, la ciudad de la costa siria que desapareció en el derrumbe de la Edad del Bronce, el filólogo español Gregorio del Olmo Lete y otros especialistas leen una tablilla como conjuro contra el mal de ojo.

Ídolos de ojos y cuentas de vidrio

Los objetos con ojos son todavía más viejos que esos conjuros. En Tell Brak, en el norte de la actual Siria, los arqueólogos encontraron miles de «ídolos de ojos»: figurillas planas de piedra, de hacia 3700-3500 a. C., con ojos grabados, en un edificio que hoy se llama el Templo de los Ojos. Parecen amuletos contra el mal de ojo. Pero el Museo Metropolitano de Nueva York, que conserva varios, explica que probablemente eran ofrendas que se dejaban allí; en buena parte del arte mesopotámico, los ojos muy abiertos muestran atención a los dioses.

Figurilla plana de alabastro con dos pares de ojos grabados en la parte de arriba
Ídolo de ojos de Tell Brak (actual Siria), de hacia 3700-3500 a. C. y 7 centímetros de alto: en el Templo de los Ojos aparecieron miles como este, probablemente ofrendas (Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, dominio público)

Las cuentas de vidrio con ojos, en cambio, necesitaron una técnica nueva. Se conocen cuentas de vidrio desde el tercer milenio a. C., pero el uso del vidrio parece haber despegado en la Edad del Bronce Final, entre 1600 y 1200 a. C., en Egipto, Mesopotamia y la Grecia micénica. Hacia el final de esa época ya hay cuentas «de ojos», con manchas de vidrio de un color superpuestas sobre otras más grandes de otro color: el Museo Metropolitano conserva algunas procedentes de Egipto, de hacia 1200-1080 a. C., más de dos mil años antes de que los turcos llegaran a Anatolia, en el siglo XI.

Según el Met, desde hacia el 500 a. C. estas cuentas se comerciaron a gran escala, y un collar fenicio de hacia 330-70 a. C. probablemente tenía una función protectora, además de decorativa. No tienen la forma de disco plano del ojo turco actual, pero el dibujo es el mismo: círculos de colores superpuestos que forman un ojo.

Collar abierto de cuentas redondas de vidrio oscuro decoradas con ojos azules y blancos
Cuentas de vidrio con ojos de los siglos VI a III a. C., procedentes de Egipto y ensartadas en época moderna (Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, dominio público)

Grecia y Roma: escupir tres veces y colgar un fascinus

Los griegos llamaban al mal de ojo baskania y se defendían, entre otras cosas, escupiendo. En un idilio de Teócrito, del siglo III a. C., un pastor canta en la voz del cíclope Polifemo, que se mira en el mar, se encuentra hermoso y, «para no quedar aojado», escupe tres veces en su pecho.

Plutarco le dedicó al tema una de las cuestiones de sus Charlas de sobremesa. En ella, el anfitrión, Mestrio Floro, cuenta que hay personas que, con solo mirar, dañan sobre todo a los niños, por lo débil de su constitución. Plutarco lo explica con las emanaciones que, según él, despiden los cuerpos, sobre todo a través de la vista. Y cuenta por qué se creía que los amuletos servían contra la envidia: por lo extraños que son, atraen la mirada, que así se apoya menos en la víctima. Se parece a la explicación que hoy se da del ojo turco.

Plinio el Viejo recoge en el siglo I historias de familias cuyos elogios hacían morir el ganado, secaban los árboles y mataban a los niños. También habla de gente con dos pupilas en cada ojo que aojaba con la mirada. Y cuenta que, cuando llegaba un extraño o alguien miraba a un bebé dormido, la nodriza le escupía tres veces.

Los romanos tenían también un protector propio, el fascinus, un amuleto con forma de falo que se colgaba del cuello de los niños. Según Plinio, era a la vez un dios al que veneraban las vestales, y colgaba debajo del carro del general en los desfiles de triunfo, como «médico de la envidia». El Museo Metropolitano conserva un amuleto romano de bronce del siglo I d. C. que junta un falo, unos genitales masculinos y una mano haciendo la higa: según su ficha, los tres símbolos servían para alejar el mal de ojo.

Virgilio lo dejó en un verso de sus Bucólicas. El pastor Menalcas dice que sus corderos «están en los huesos» y se queja: «No sé qué ojo me aoja los tiernos corderos».

Fascinar y aojar: el mal de ojo en español

El latín dejó su rastro en nuestro idioma. Fascinare era embrujar con los ojos o con la lengua, y el Diccionario de la Real Academia Española todavía da como tercera acepción de «fascinar» la de «hacer mal de ojo». Para lo mismo, el español tiene además un verbo propio, «aojar», formado sobre «ojo». Hacia 1425, el escritor Enrique de Villena le dirigió a un amigo, en forma de carta, el Tratado de la fascinación o de aojamiento. Según el historiador Mariano Villalba, fue el primer texto de la península ibérica, y el segundo de toda Europa occidental, dedicado solo al mal de ojo.

A los niños españoles se les ponía la higa, un puño con el pulgar asomando entre el índice y el corazón. La RAE la define como un «dije de azabache o coral, en forma de puño» que se pone a los niños para librarlos del mal de ojo. El azabache es una variedad de lignito, un carbón negro y duro que se puede pulir. En Santiago de Compostela se tallaban higas de azabache desde finales de la Edad Media, y los peregrinos se las llevaban para protegerse en el camino de vuelta. De esa misma palabra viene la expresión «me importa una higa».

Retrato de una bebé vestida de blanco sobre un cojín rojo, con una gran cruz en el pecho, una rama de coral en la mano y un puño negro de azabache colgado del cinturón
La infanta Ana Mauricia de Austria, con pocos meses, retratada por Juan Pantoja de la Cruz en 1602: del cinturón le cuelga una higa, «un puño de azabache negro que servía para ahuyentar el mal del ojo», según Patrimonio Nacional (foto: Jl FilpoC, CC BY-SA 4.0)

El mal de ojo en América: ojo de venado y limpia

Los españoles trajeron el mal de ojo a México, donde se mezcló con creencias indígenas parecidas. Así lo explica el Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana, de la UNAM. Según un estudio de 1988 que cita, hecho por Carlos Zolla y otros en Oaxaca, Puebla y Veracruz, el mal de ojo era allí la primera causa por la que la gente acudía a la medicina tradicional.

Los amuletos cambian, pero su lógica es la misma. Uno de los más citados es el «ojo de venado», una semilla que el niño lleva en collar o pulsera; también se usan cintas, estambres y cuentas rojas, de coral, ámbar o azabache. Según la UNAM, estos amuletos sirven para «atraer la mirada» de la persona, para que su poder «se descargue en el objeto y no en el niño». En varios países de Sudamérica, a los bebés se les pone una manilla de azabache; en comunidades del sur del Tolima, en Colombia, la de las niñas lleva una manito roja.

Cuando el mal ya está hecho, se hace una limpia: se pasa un huevo por el cuerpo del enfermo y se rompe en un recipiente con agua. Si en la yema aparece un ojo o una cruz, se confirma el diagnóstico. En Turquía existe algo muy parecido con plomo, el kurşun dökme. Se derrite plomo, se vuelca en un recipiente con agua sostenido sobre la cabeza del aojado y, por las formas que toma, se adivina cómo es la persona que le echó el mal.

Antigüedad, Turquía y México: creencias paralelas

Las fuentes no permiten trazar una línea directa entre estas prácticas (en México, según la UNAM, el mal de ojo que llevaron los españoles se fundió con ideas indígenas), pero las coincidencias son muchas:

Creencia Antigüedad Turquía México
Qué lo provoca La envidia (Plutarco) y hasta el elogio: Plinio habla de familias cuyas alabanzas mataban el ganado y a los niños La mirada de envidia o de admiración; después de elogiar se dice «maşallah» («lo que Dios quiso») La «mirada fuerte» y la envidia; entre los chichimecas, también las alabanzas exageradas a un niño
Quién corre más peligro Los niños, por lo débil de su constitución (Mestrio Floro, en Plutarco) Los niños vistosos: en Gaziantep se les frota ceniza en la cara Los niños «bonitos y robustos»: se aconseja tenerlos sucios para que nadie los elogie
Cómo funciona el amuleto Se creía que atrae la mirada por lo extraño que es (Plutarco) El azul atrae la mirada de los ojos claros; si se agrieta, es que atrajo una mirada mala Atrae la mirada para que se descargue en el objeto
Cómo se cura Mesopotamia: «limpiar el cuerpo» del aojado; en otro conjuro, el dios Enki lo frota con pan Plomo derretido volcado en agua sobre la cabeza Un huevo pasado por el cuerpo y roto en agua

Cómo se hace hoy el ojo turco

Cerca de Esmirna, en los pueblos de Görece y Nazarköy, el ojo turco tradicional todavía se hace a mano. Nazarköy, a unos 30 kilómetros de la ciudad, se llamaba Kurudere y cambió su nombre por el de las cuentas: Nazarköy quiere decir «pueblo del nazar». Allí, artesanos formados de maestro a aprendiz funden vidrio en hornos de leña llamados ocak y arman cada cuenta una por una con herramientas simples. Uno de ellos, Mahmut Sür, que hace ojos turcos de vidrio desde niño, figura desde 2012 en el inventario nacional de «tesoros humanos vivos» del Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía. Un documental del Centro de Estudios Alejandrinos contaba en 2008 que estas cuentas se venden en los bazares de Esmirna y Estambul y llegan hasta Grecia e Israel, donde compiten con otras de plástico.

La versión más reciente del amuleto ni siquiera es de vidrio. En junio de 2018, el Consorcio Unicode, que aprueba los emojis, incluyó el 🧿 en la versión 11.0 de su estándar, con el nombre oficial de nazar amulet.

Fuentes

Teócrito, Idilios, VI. Plutarco, Charlas de sobremesa (Moralia), libro V, cuestión 7. Plinio el Viejo, Historia natural, libros VII y XXVIII. Virgilio, Bucólicas, III. Enrique de Villena, Tratado de la fascinación o de aojamiento, hacia 1425.

Zacharias Kotzé, «The Evil Eye of Humans, Animals, and Demons in Sumerian Literature», Asian and African Studies, vol. 30, n.º 1, 2021. Gojko Barjamovic y Mogens Trolle Larsen, «An Old Assyrian Incantation against the Evil Eye», Altorientalische Forschungen, vol. 35, 2008. Bronson Brown-deVost, reseña de Gregorio del Olmo Lete, Incantations and Anti-Witchcraft Texts from Ugarit (2014), Bryn Mawr Classical Review, 2015. Qin-Qin Lü y otros, «Natron glass beads reveal proto-Silk Road between the Mediterranean and China in the 1st millennium BCE», Scientific Reports, 2021. Carolyn Wilke, «The ancient origins of glass», Knowable Magazine, 2021. Nilgün Çıblak, «Halk Kültüründe Nazar, Nazarlık İnancı ve Bunlara Bağlı Uygulamalar», Türklük Bilimi Araştırmaları, n.º 15, 2004. Mariano Villalba, «Cábala y aojamiento en el Tratado de la fascinación de Enrique de Villena», Melancolía, n.º 1, 2016.

Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, fichas 51.59.8, 10.130.3041, 10.130.3044, 74.51.316 y 60.117.7. Patrimonio Nacional, Retrato de Ana Mauricia de Austria (00612229). UNAM, Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana, «Mal de ojo». Real Academia Española, Diccionario de la lengua española. Charlton T. Lewis y Charles Short, A Latin Dictionary, «fascino» y «fascinum». Türk Dil Kurumu, Güncel Türkçe Sözlük. Xacopedia, «Higa». Radio Nacional de Colombia, «Manilla de azabache», 2024. Visit İzmir, «Nazar Boncuğu». Anadolu Ajansı, «Nazar boncuğunun ödüllü ustası: Mahmut Sür», 2020. Centre d’Études Alexandrines, Nazarköy, the Village of the Eye, 2008. Unicode Consortium, Unicode 11.0, 2018.

V
Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.