El Código de Hammurabi es un conjunto de 282 leyes que el rey Hammurabi de Babilonia mandó grabar hacia 1750 a. C. en una estela de piedra negra de 2,25 metros, que hoy está en el Museo del Louvre. Es famoso por el «ojo por ojo», pero esa regla solo valía entre iguales: si la víctima era el esclavo de otro, el culpable pagaba en plata la mitad de lo que valía el esclavo.
Qué es el Código de Hammurabi y quién lo escribió
Hammurabi fue el sexto rey de la primera dinastía de Babilonia y reinó hacia 1792-1750 a. C. En esos más de cuarenta años pasó de gobernar una ciudad más de Mesopotamia a dominar buena parte de la región. Sus 282 leyes, escritas en acadio con escritura cuneiforme, tratan casi todo: robos, alquileres, matrimonio, herencias, salarios, la responsabilidad de médicos y constructores, y también los préstamos y sus intereses.
En la parte de arriba de la estela, un relieve muestra a Hammurabi de pie ante Shamash, el dios del sol y de la justicia, que le entrega las insignias del poder. En el prólogo, el rey dice que los dioses lo llamaron para hacer justicia en el país, «para que el fuerte no oprima al débil», y en el epílogo agrega que lo hizo para proteger a las viudas y a los huérfanos.
¿De qué piedra es la estela? Una duda de más de cien años
La estela mide 2,25 metros, pero ni siquiera su piedra está del todo clara: ¿diorita o basalto? La primera edición del texto, la del asiriólogo francés Jean-Vincent Scheil en 1902, dice que «el bloque de diorita mide de altura 2 m 25». Según el asiriólogo Dominique Charpin, Scheil se basaba en una nota de Gustave Jéquier, arqueólogo suizo de la misión que la desenterró. Desde entonces, la Enciclopedia Británica y muchos libros dicen diorita, mientras que el catálogo del Louvre dice basalto.
En marzo de 2026, los investigadores Changyu Liu y Sheng Xu repasaron más de cien años de contradicciones en la revista científica npj Heritage Science. Su conclusión: los documentos apuntan al basalto, pero la duda solo se resolverá analizando la piedra con técnicas que no la dañan, como la fluorescencia de rayos X portátil.

Un botín de guerra que acabó en París
La estela no apareció en Babilonia, sino en Susa, en el actual Irán. Según el Louvre, se la llevó como botín de guerra el rey elamita Shutruk-Nahhunte, que reinó hacia 1185-1160 a. C. En la parte baja del frente, varias columnas del texto fueron raspadas y pulidas en la Antigüedad, y Scheil supuso que lo mandó hacer ese mismo rey. La misión arqueológica francesa de Jacques de Morgan la encontró en Susa en varios pedazos, entre diciembre de 1901 y enero de 1902, y desde 1904 está en el Louvre. Buena parte de las leyes perdidas en la raspadura se conocen gracias a otras copias del texto.
Ojo por ojo, pero según quién fueras
Las leyes distinguen tres clases de personas: el awīlum, un hombre libre de pleno derecho; el muškēnum, un hombre del común, de rango inferior; y el esclavo, wardum. La ley fijaba castigos y pagos distintos según quién fuera el afectado:
| Caso | Si era un awīlum | Si era un muškēnum | Si era un esclavo |
|---|---|---|---|
| Le sacan un ojo o le rompen un hueso (leyes 196 a 199) | Al culpable, lo mismo: ojo por ojo, hueso por hueso | Una mina de plata | La mitad de lo que valía el esclavo, en plata |
| Le arrancan un diente (leyes 200 y 201) | Diente por diente, entre iguales | Un tercio de mina de plata | La ley no lo dice |
| Un médico lo opera y lo cura (leyes 215 a 217) | 10 siclos de plata para el médico | 5 siclos | 2 siclos, que paga el amo |
Una mina equivalía a 60 siclos. La traducción inglesa de Leonard W. King que publica el Proyecto Avalon de la Universidad de Yale pone «oro» en las multas de las leyes 198 y 201. Es un error: el texto acadio dice KUG.BABBAR, plata.
Con los profesionales pasaba lo mismo. Si un médico operaba con su lanceta de bronce a un awīlum y el paciente moría o perdía el ojo, la ley mandaba cortarle la mano (ley 218); si el muerto era el esclavo de un muškēnum, bastaba con darle otro esclavo equivalente (ley 219). Si una casa mal construida se derrumbaba y mataba al dueño, el constructor debía morir, y si mataba al hijo del dueño, debía morir el hijo del constructor; si el muerto era un esclavo, el constructor entregaba otro (leyes 229 a 231).
El ojo por ojo de la Biblia y el buey que embiste
La fórmula que usamos en español viene de la Biblia, muy posterior: el Éxodo pide «ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie» (21:24).
Y no es el único parecido. En los dos textos, si un buey mataba a alguien de una cornada, el dueño solo respondía si ya sabía que el animal era peligroso y no lo había sujetado (leyes 250 y 251; Éxodo 21:28-29). Si el muerto era un hombre libre, en Hammurabi pagaba media mina de plata, y en el Éxodo moría, salvo que se le impusiera un rescate. Y los dos textos bajan la cuenta si el muerto era un esclavo: un tercio de mina en Hammurabi (ley 252) y treinta siclos de plata en el Éxodo (21:32). Para el investigador J. Caleb Howard, de Tyndale House (Cambridge), esas dos leyes se parecen en la gramática, en el tema y en el razonamiento.
Testigos falsos, la prueba del río y jueces castigados
El código abre con leyes sobre acusaciones y juicios. Debía morir quien daba testimonio en un juicio con pena de muerte y no podía probar lo que había dicho (ley 3). Si alguien acusaba a otro de brujería sin pruebas, el acusado se tiraba al río sagrado: si se ahogaba, el acusador se quedaba con su casa; si salía ileso, moría el acusador y el acusado se quedaba con la casa de este (ley 2). Y el juez que cambiaba una sentencia ya escrita y sellada pagaba doce veces lo que se reclamaba en el juicio y no volvía a juzgar nunca más (ley 5).
¿Se aplicaba en los juicios?
Aunque tenga forma de código de leyes, no hay pruebas de que los jueces lo usaran. Ninguno de los documentos legales de Mesopotamia que se conservan cita de forma explícita el código, ni otra colección de leyes, como base de una sentencia. Para J. Caleb Howard, no hay pruebas de que estas fueran las reglas de la sociedad babilónica.
En el epílogo, el propio Hammurabi explica para qué la hizo: que cualquier agraviado que tuviera un pleito fuera ante su estatua, se hiciera leer la estela en voz alta y conociera sus palabras. Así lo traducen versiones modernas como la del historiador Marc Van de Mieroop; la de King decía que el agraviado la leyera él mismo.

El texto tuvo, además, una vida larguísima: los escribas lo copiaron durante más de mil años como parte de su formación, y hubo una copia en la biblioteca del rey asirio Asurbanipal, en Nínive, la misma de donde salieron las tablillas del poema de Gilgamesh.
No fue el primer código de leyes
A menudo se lo presenta como el primer código de la historia, y no lo es. El de Ur-Nammu, de la ciudad de Ur, es más de tres siglos anterior, de hacia 2100 a. C., y también son anteriores las leyes de Lipit-Ishtar y las de Eshnunna, otras de las primeras leyes escritas de Mesopotamia. El error aparece hasta en la ficha de la réplica que Irak les regaló a las Naciones Unidas, que lo llama «el código de leyes escrito más antiguo conocido por la humanidad». Lo que sí tiene es otro récord: según el artículo de 2026, es el texto legal más largo y mejor conservado del antiguo Cercano Oriente.
Dónde ver el Código de Hammurabi hoy
El original está en el Louvre de París, en el departamento de Antigüedades Orientales. Hay réplicas en varios lugares. En la sede de la ONU, en Nueva York, hay una de concreto que regaló Irak y que entregó su ministro de Asuntos Exteriores, Sa’adoun Hammadi, el 23 de septiembre de 1977. Y en Ciudad de México, el Museo Nacional de las Culturas del Mundo conserva otra, que el INAH tiene registrada con el número MNC-881.
Fuentes
Código de Hammurabi: prólogo, leyes 2, 3, 5, 196 a 201, 215 a 219, 229 a 231 y 250 a 252, y epílogo, en las traducciones de Martha T. Roth (Law Collections from Mesopotamia and Asia Minor, 1997), Marc Van de Mieroop (A History of the Ancient Near East, 2007) y Leonard W. King (Proyecto Avalon, Universidad de Yale), y en la versión española publicada en la Revista de la Facultad de Derecho de México (UNAM, 1978). Jean-Vincent Scheil, Textes élamites-sémitiques, 2.ª serie, 1902. Biblia, Éxodo 21:23-25 y 21:28-32 (Reina-Valera 1960).
Changyu Liu y Sheng Xu, «Diorite or basalt: controversy concerning the world-famous Code of Hammurabi stele in the Louvre», npj Heritage Science, vol. 14, 2026. J. Caleb Howard, «The “Law Code” of Hammurabi», Tyndale House, 2023. Museo del Louvre, ficha del Código de Hammurabi (Sb 8). Naciones Unidas, «Réplica del Código de Hammurabi», Obsequios de las Naciones Unidas. INAH, «Estela del Código de Hammurabi» (MNC-881).




