El mito de la mujer que rompió a los Beatles: la doble vara con Yoko Ono y Linda McCartney

El mito de la mujer que rompió a los Beatles: la doble vara con Yoko Ono y Linda McCartney

En la mitología popular del rock hay pocas acusaciones tan repetidas como esta: que Yoko Ono «rompió a los Beatles». Durante décadas, su nombre se convirtió casi en un sustantivo común para designar a la persona ajena que se entromete en un grupo y lo destruye. Mientras tanto, Linda McCartney, la esposa de Paul, acabó gozando con el tiempo del cariño del público. Dos mujeres, dos veredictos opuestos. La pregunta interesante no es tanto qué hicieron ellas, sino por qué las juzgamos de forma tan distinta. Y la respuesta habla menos de música y más de psicología y prejuicios.

Dos mujeres, dos veredictos

Yoko Ono y Linda Eastman entraron casi a la vez en la vida de los dos Beatles más influyentes, John Lennon y Paul McCartney, al final de la década de 1960. Ambas eran extranjeras respecto al universo cerrado del grupo, ambas se casaron con su pareja en 1969 y ambas acompañaron a sus maridos en su vida artística posterior. Sobre el papel, sus situaciones eran casi simétricas. Sin embargo, la memoria colectiva las trató de maneras opuestas: a una la convirtió en villana y a la otra, con los años, en una figura entrañable.

Ese contraste es revelador. Si dos personas en circunstancias parecidas reciben juicios contrarios, quizá el juicio no dependa tanto de lo que hicieron como de cómo encajaban en las expectativas del público. Y aquí entran factores incómodos: el origen, el aspecto, el carácter y los prejuicios de la época.

El chivo expiatorio perfecto

Yoko Ono lo tenía todo para convertirse en blanco. Era japonesa en un mundo del pop dominado por Occidente, algo mayor que Lennon, artista de vanguardia con un lenguaje que desconcertaba al gran público y una personalidad que no pedía perdón por existir. Cuando empezó a acompañar a John al estudio de grabación —algo insólito en una época en que las parejas no pisaban aquel espacio—, muchos fans y periodistas vieron una intrusa.

La prensa amplificó la idea y el público la compró: alguien tenía que ser responsable de que la banda más querida del planeta se desintegrara, y una mujer extranjera, distinta y difícil de encasillar era el chivo expiatorio ideal. Pocos se pararon a comprobar si la acusación se sostenía. Como suele ocurrir, la leyenda viajó mucho más rápido que los hechos.

Por qué se separaron realmente los Beatles

La realidad es que la ruptura de los Beatles tuvo muchas causas, y ninguna se llamaba Yoko Ono. La más determinante fue la muerte en 1967 de Brian Epstein, el mánager que había mantenido unido y organizado al grupo desde sus inicios. Sin él, los cuatro músicos quedaron a la deriva en un imperio empresarial, Apple Corps, que no sabían gestionar y que se convirtió en fuente constante de conflictos.

A eso se sumaron profundas discrepancias sobre quién debía dirigir sus negocios —Paul prefería a los abogados de la familia de Linda; los demás se inclinaron por otro representante—, el agotamiento tras años de convivencia intensísima y, sobre todo, la evolución artística de cuatro jóvenes que habían crecido y querían caminos propios. Los Beatles, sencillamente, se habían hecho mayores. El propio Lennon dejó claro en más de una ocasión que culpar a Yoko de la separación era absurdo, y con los años Paul McCartney ha defendido públicamente lo mismo.

Hay incluso un matiz que a menudo se olvida: fue Paul, y no John, quien anunció públicamente su marcha del grupo en 1970, precipitando la disolución oficial. La imagen de Yoko como responsable choca, por tanto, con la cronología real de los hechos. La banda llevaba tiempo rota por dentro, y su final fue un proceso largo y colectivo, no el capricho de una sola persona ajena al grupo.

Quién era Linda Eastman

Conviene recordar que Linda tampoco se libró de las críticas al principio. Antes de casarse con Paul era una fotógrafa estadounidense de talento, autora de retratos memorables de las grandes estrellas del rock de su tiempo. Cuando Paul la incorporó como teclista a su nueva banda, Wings, muchos la acusaron de enchufada y de no saber tocar, y no faltó quien la señaló también a ella.

Linda McCartney
Linda McCartney, fotógrafa de talento antes de convertirse en la esposa de Paul

Con el tiempo, sin embargo, la imagen de Linda se suavizó hasta volverse afectuosa. Encajaba mejor en el molde que el público esperaba: rubia, estadounidense, discreta, volcada en su familia numerosa y en causas amables como el vegetarianismo, que promovió con una popular línea de alimentos. Su muerte prematura por un cáncer en 1998 terminó de consolidar una imagen de esposa devota y madre ejemplar. Nada de esto es falso, pero conviene ver cómo el mismo público que la había criticado acabó abrazándola en cuanto encajó en un papel reconocible.

Quién era Yoko Ono

Yoko Ono, en cambio, nunca encajó en ningún molde, y esa fue en parte su condena y en parte su grandeza. Mucho antes de conocer a Lennon ya era una artista respetada dentro de la vanguardia internacional, ligada al movimiento Fluxus, autora de obras conceptuales, performances y libros de instrucciones poéticas. No era una advenediza que se colgó de la fama ajena: tenía una carrera propia y una visión artística radical que influyó en el propio Lennon.

Que buena parte del público no entendiera o no apreciara su obra no la convierte en culpable de nada. Con el paso de las décadas, la crítica ha reivindicado su figura como una de las artistas conceptuales más influyentes de su generación, y muchas de las cosas que en su día se le reprochaban —su independencia, su seguridad, su rareza— hoy se leen como virtudes adelantadas a su tiempo.

La psicología del reproche colectivo

¿Por qué el público necesitó una culpable? La psicología social ofrece pistas. Ante un acontecimiento doloroso y complejo —el final de algo querido—, la mente humana busca explicaciones sencillas y, a ser posible, un responsable con cara y ojos. Es más fácil odiar a una persona que asumir que las cosas buenas, sencillamente, se acaban. A ese mecanismo se le llama búsqueda de chivos expiatorios, y suele recaer sobre quien se percibe como diferente o ajeno al grupo.

The Beatles
Los Beatles se separaron por muchas razones; ninguna se llamaba Yoko Ono

A ello se añaden los prejuicios de la época: cierta hostilidad hacia una mujer asiática, mayor y desafiante, frente a la aceptación de otra que respondía al ideal tradicional de esposa. Y también el poder de las relaciones parasociales: los fans sentían a los Beatles como algo propio, casi como amigos, y vivieron su ruptura como una traición que exigía un villano. Todos estos ingredientes convergieron en un mismo nombre.

Una mirada más justa

Revisar esta historia no consiste en canonizar a nadie ni en repartir culpas nuevas, sino en mirar con más honestidad. Ni Yoko Ono destruyó a los Beatles ni Linda McCartney fue nunca la villana que algunos vieron al principio: fueron dos mujeres con talento propio que tuvieron la mala o buena suerte de amar a dos hombres extraordinariamente famosos, y que quedaron atrapadas en el relato que el público quiso construir sobre ellas.

Con el tiempo, esa revisión ha ido calando. Documentales recientes que muestran las sesiones de grabación de aquellos años han ayudado a matizar viejos tópicos: en ellos se ve a un grupo que ríe, discute y crea, con Yoko presente pero lejos de comportarse como la villana del relato heredado. La historia, cuando se mira de cerca y sin prisas, casi siempre resulta más humana y más compleja que la caricatura que circula de boca en boca.

El caso sigue siendo útil como espejo. Cada vez que el debate público busca una culpable fácil para un problema complicado, conviene recordar la historia de estas dos mujeres. Nos enseña lo deprisa que fabricamos villanos, lo mucho que pesan los prejuicios en nuestros juicios y lo difícil, pero necesario, que resulta revisar una injusticia cuando ya se ha convertido en sentido común.