300 espartanos: cuántos griegos lucharon de verdad en las Termópilas

Grabado de hoplitas griegos combatiendo contra los persas en el paso de las Termópilas, entre el acantilado y el mar, con barcos al fondo
La batalla de las Termópilas en un grabado de 1898 (The Great Battles of All Nations, dominio público)

Los 300 espartanos existieron, pero no lucharon solos. En el verano del 480 a. C., en el paso de las Termópilas, unos 7.000 griegos de más de diez ciudades frenaron durante tres días al ejército del rey persa Jerjes. En la última mañana, según Heródoto, se quedaron unos 1.400 hombres, no 300. Y ni siquiera murieron todos los espartanos: dos de ellos volvieron vivos a casa.

Los 300 espartanos entre unos 7.000 griegos

Casi todo lo que sabemos de la batalla viene de Heródoto, que escribió unas décadas después. Él da la lista de quienes defendían el paso, y basta leerla para ver que los 300 eran solo una parte:

ContingenteHombres
Esparta300 espartiatas, más sus ilotas
Arcadia (Tegea, Mantinea, Orcómeno y otras ciudades)2.120
Fócide1.000
Tespias700
Corinto400
Tebas400
Fliunte200
Micenas80
Lócride Opuntiatodos sus hombres en armas

Las fuentes antiguas no coinciden en el total. La lista de Heródoto suma 5.200 hombres, sin contar a los locrios ni a los ilotas. Diodoro de Sicilia, cuatro siglos después, da otra lista que suma unos 7.400, con mil lacedemonios (los 300 incluidos), mil locrios y mil malios. Pausanias, en el siglo II, calcula 11.200 porque supone 6.000 locrios. Por eso se suele hablar de unos 7.000.

Los 300 tampoco eran soldados cualquiera: según Heródoto, Leónidas eligió a hombres que tuvieran hijos. Con ellos iban ilotas, los siervos del Estado espartano. Heródoto no dice cuántos, pero cuenta que uno guio hasta la pelea a un espartano enfermo de la vista y que entre los muertos había ilotas.

Busto de mármol de un hoplita espartano con casco de cresta, la estatua conocida como Leónidas
El llamado «Leónidas»: estatua de mármol de un hoplita de hacia 480-470 a. C., hallada junto al santuario de Atenea Calcieco, en la acrópolis de Esparta; no se sabe si representa al rey (Museo Arqueológico de Esparta; foto: Mary Harrsch, CC BY-SA 4.0)

Por qué Esparta mandó solo 300

Heródoto da la razón en el capítulo 206 de su libro VII: los 300 espartiatas (los ciudadanos con plenos derechos) eran una avanzada. Esparta los mandó primero, con Leónidas, para que el resto de los aliados los viera en marcha y no se pasara a los persas. Pensaban salir con todo el ejército en cuanto terminaran las Carneas, una fiesta religiosa que se les cruzaba en ese momento, y dejar una guardia en Esparta. Los demás aliados pensaban hacer lo mismo, porque coincidían los Juegos Olímpicos. Ni en Esparta ni en las demás ciudades esperaban que la pelea en el paso se decidiera tan rápido.

No era la primera vez. Diez años antes, para la batalla de Maratón, los espartanos dijeron que su ley no les permitía salir a combatir antes de la luna llena, y cuando llegaron la batalla ya había terminado.

Tres días en el desfiladero

El lugar estaba bien elegido. Entre la montaña y el mar, el paso era tan estrecho que en sus dos puntos más angostos, dice Heródoto, solo pasaba una carreta. Donde se peleó, junto a un viejo muro de los focenses, seguía siendo un lugar estrecho, y ahí la cantidad de persas no servía de nada.

Antes de atacar, Jerjes mandó un jinete a espiar. El jinete vio a unos espartanos haciendo ejercicio y a otros peinándose el pelo largo, y el rey no entendió qué hacían. Se lo explicó Demarato, un antiguo rey de Esparta que vivía exiliado entre los persas: los espartanos se arreglaban el pelo cuando iban a jugarse la vida.

Heródoto recoge también lo que se contaba del espartano Dieneces. Antes del primer choque, un hombre de Traquis le dijo que, cuando los persas disparaban, sus flechas eran tantas que tapaban el sol. Dieneces respondió que era una buena noticia: pelearían a la sombra.

Jerjes esperó cuatro días a que los griegos se retiraran. Como no lo hicieron, atacó. Durante dos días, la falange griega rechazó todos los asaltos, incluido el de los Inmortales, la guardia de élite del rey. Se contaba que Jerjes, que miraba el combate, saltó tres veces de su trono, temiendo por su ejército. Heródoto resume el primer ataque con una frase: quedó claro para todos, y sobre todo para el rey, que en su ejército había «muchos seres humanos, pero pocos hombres».

El paso cayó por un sendero. Efialtes, un griego de la zona que esperaba una gran recompensa, le mostró a Jerjes un camino de montaña que lo rodeaba. Los persas lo recorrieron de noche. Al amanecer, los mil focenses que lo vigilaban huyeron a la cima del monte bajo una lluvia de flechas, y los persas pasaron de largo hacia la retaguardia griega.

Ilustración de hoplitas griegos con escudos y lanzas combatiendo contra los persas en el paso de las Termópilas
La lucha en el paso de las Termópilas en una ilustración de John Steeple Davis (dominio público)

La última mañana: quiénes se quedaron

Al saber que lo estaban rodeando, Leónidas despidió a la mayor parte del ejército. Heródoto conoce otra versión, que los aliados se fueron por su cuenta, pero prefiere esta, y la relaciona con un oráculo de Delfos: o los persas destruían Esparta o moría un rey espartano descendiente de Heracles. Según Heródoto, se quedaron los espartanos que seguían en pie, con sus ilotas, los 700 tespios de Demófilo, que no quisieron irse, y los 400 tebanos, a los que Leónidas retuvo como rehenes (se los acusaba de estar con los persas). Diodoro cuenta otra cosa: que junto a los espartanos se quedaron solo los tespios, y que en total no eran más de 500. El adivino Megistias, que había visto en los sacrificios la muerte que llegaba, mandó lejos a su único hijo y se quedó.

Esa mañana los griegos salieron a pelear a la parte ancha del paso. Heródoto cuenta que los oficiales persas empujaban a latigazos a sus hombres hacia adelante, y que muchos cayeron al mar o murieron pisoteados por los suyos. A la mayoría de los griegos se les habían roto las lanzas y siguieron con espadas. Ahí cayó Leónidas. Alrededor de su cuerpo hubo un largo forcejeo: los griegos lo recuperaron y rechazaron cuatro veces a los persas.

El final en la colina de Kolonos

Al llegar los persas del sendero, los que quedaban se replegaron detrás del muro, a una colina de la entrada del paso, todos juntos salvo los tebanos. Ahí se defendieron con las dagas que les quedaban, con las manos y con los dientes, hasta que los persas los sepultaron bajo una lluvia de proyectiles. En esa colina, la de Kolonos, el arqueólogo griego Spyridon Marinatos encontró en 1939 gran cantidad de puntas de flecha, el hallazgo que permitió identificarla.

Los tebanos, según Heródoto, se rindieron. A algunos los mataron cuando se acercaban, y a la mayoría Jerjes los hizo marcar con las marcas del rey, empezando por su jefe, Leontíades. Siglos después Plutarco, que era de Beocia como ellos, lo tomó por una calumnia: dijo que antes de Heródoto nadie había contado lo de las marcas y que el jefe de los tebanos era otro, Anaxandro. A Leónidas, ya muerto, Jerjes le hizo cortar la cabeza y clavarla en una estaca.

Después del paso: Artemisio, Salamina y Platea

Mientras se peleaba en el paso, la flota griega combatía contra la persa en el cabo Artemisio: Heródoto dice que las dos batallas fueron los mismos días. Un ateniense, Abrónico, esperaba junto a Leónidas con una galera de treinta remos para avisarle a la flota si el paso caía. Cuando llegó con la noticia, la flota se retiró. Con el camino abierto, los persas llegaron a Atenas. La campaña de ese año se decidió semanas más tarde en el mar, en la batalla de Salamina, y la invasión terminó al año siguiente, con la derrota persa en la batalla de Platea.

Los dos espartanos que volvieron

De los 300 murieron 298. Heródoto cuenta lo que se decía: que Leónidas había mandado a la retaguardia a dos de ellos, Éurito y Aristodemo, por una enfermedad grave de los ojos. Cuando supo que los persas rodeaban el paso, Éurito pidió sus armas y le ordenó a su ilota que lo llevara a la pelea, donde murió. Aristodemo se quedó. Heródoto conoce otra versión: que lo habían mandado con un mensaje y no quiso llegar a tiempo al combate. En Esparta, nadie le compartía el fuego ni le hablaba, y lo llamaban «el Tembloroso».

Un año después, Aristodemo peleó en Platea y murió allí. Heródoto lo consideró, por mucho, el más valiente de esa jornada. Los espartanos le negaron los honores: dijeron que había buscado la muerte para lavar su culpa y que había peleado enloquecido, fuera de su puesto en la fila. Heródoto admite que quizá lo dijeron por envidia. Se contaba también que había sobrevivido otro, Pantites, porque lo habían mandado con un mensaje a Tesalia, y que al volver a Esparta y verse deshonrado se ahorcó.

Cuántos murieron: la trampa de Jerjes

Heródoto cuenta que en el paso quedaron unos 4.000 griegos muertos, contando a los caídos de los tres días y a los ilotas, y cómo los usó Jerjes para impresionar a su flota. El rey había perdido unos 20.000 hombres, pero dejó a la vista solo unos 1.000 y mandó enterrar a los demás en fosas cubiertas con hojas y tierra. Después invitó a los hombres de su flota a recorrer el campo de batalla, donde vieron 1.000 persas muertos frente a 4.000 griegos reunidos en un mismo lugar. Según Heródoto, el truco no engañó a los que cruzaron, y hasta daba risa.

Los griegos también exageraron. Heródoto da 1.700.000 soldados de a pie, y calcula más de cinco millones de personas contando la flota y los sirvientes. La inscripción que se puso en el paso hablaba de cuatro mil hombres del Peloponeso contra tres millones: ni siquiera ella decía 300. Los historiadores de hoy descartan esas cifras. El general británico Frederick Maurice calculó en 1930, por el agua disponible en el camino, que Jerjes no pudo llevar más de unos 150.000 soldados, y Robert von Fischer bajó la cifra a unos 40.000 en 1932.

El desfiladero que ya no existe

Quien visite hoy las Termópilas no va a encontrar el paso estrecho entre la montaña y el mar. Los sedimentos del río Esperqueo fueron ganando terreno durante siglos, y la costa quedó a varios kilómetros. El suelo de la batalla, además, está enterrado. Según un estudio geológico de 1987, en la parte central del paso lo cubren hasta 20 metros de travertino (la roca que dejan las aguas termales que le dan nombre al lugar) y de otros sedimentos.

Mapa del golfo de Malia con la línea de costa del año 480 a. C. y la actual, que muestra cómo desapareció el paso de las Termópilas
La costa del 480 a. C. (línea de trazos) frente a la actual: el paso estrecho de las Termópilas hoy es una llanura (mapa en inglés de ChrisO, basado en Rapp y Hill; dominio público)

Junto a la carretera está el monumento a Leónidas, con una estatua de bronce y la inscripción «Μολὼν λαβέ» («ven a tomarlas»). En la colina de Kolonos, una lápida moderna repite el epitafio de los espartanos.

Mitos de los 300 espartanos frente a lo que cuentan las fuentes

Lo que se cuentaLo que dicen las fuentes
Eran 300 contra un millónLos griegos eran varios miles: 5.200 más los locrios según Heródoto, unos 7.400 según Diodoro. Los cálculos modernos del ejército persa van de decenas a cientos de miles, no a millones.
Murieron los 300Murieron 298. Aristodemo y Pantites volvieron vivos, según contaba Heródoto, y los dos quedaron deshonrados.
Leónidas respondió «Ven a tomarlas» cuando le pidieron las armasLa frase («molón labé») la cuenta Plutarco más de 500 años después, como respuesta a una carta de Jerjes. Heródoto no la menciona.
Leónidas dijo que pelearían a la sombraHeródoto le atribuye la frase a otro espartano, Dieneces. Plutarco, siglos después, se la dio a Leónidas.
«Esta noche cenaremos en el infierno»La frase es de la película de 2007. Cicerón, Diodoro y Plutarco, entre 400 y 600 años después de la batalla, cuentan que Leónidas habló de cenar en el mundo de los muertos. Heródoto no lo cuenta.
La reina Gorgo despidió a Leónidas con un «vuelve con tu escudo o sobre él»Plutarco pone «o con este o sobre este» en boca de una madre espartana, y una cita de Aristóteles se lo atribuye a Gorgo, pero ninguna fuente dice que se lo dijera a Leónidas. Al despedirse, según Plutarco, él le pidió que se casara con un hombre de bien y tuviera buenos hijos.
Efialtes era un espartano deformeEn Heródoto es un malio, un griego de la zona, que buscaba una recompensa de Jerjes. La deformidad viene del cómic de Frank Miller (1998), y la película la repitió.
Todos los que se quedaron lucharon hasta morirSegún Heródoto, los tebanos se rindieron y a la mayoría los marcaron con las marcas del rey persa. Plutarco lo negó.
Los espartanos peleaban casi desnudosEs una convención del arte, del cuadro de David (1814) al cómic y la película 300. Eran hoplitas con casco, coraza y un escudo de bronce y madera de casi un metro.

Cómo se recordó a los 300: nombres y epitafio

Poco después de la batalla, cuenta Heródoto, los que fueron a ver el campo creyeron que todos los muertos griegos eran espartanos y tespios, aunque veían también a los ilotas. Y sobre todo se recordaba con nombre a los espartanos: Heródoto dice que averiguó los nombres de los 300, mientras que de los tespios nombra a dos. Pausanias, que recorrió Grecia en el siglo II, vio en Esparta la tumba de Leónidas. Allí se habían llevado sus huesos cuarenta años después de la batalla, y había una lápida con los nombres de los que resistieron en las Termópilas y los de sus padres. Cada año, junto a esa tumba y la del general que venció en Platea, se pronunciaban discursos y se hacían unos juegos en los que solo podían competir espartanos.

El epitafio más famoso también es espartano. Heródoto lo transcribe así: «Extranjero, anuncia a los lacedemonios que aquí yacemos, obedientes a sus palabras». No dice quién lo escribió. Cuenta que las inscripciones las pusieron los anfictiones, la liga de pueblos griegos que se reunía en un santuario junto al paso, y que la del adivino Megistias la hizo grabar el poeta Simónides, por amistad. Más tarde, autores como Estrabón lo citaron con «obedientes a sus leyes», y Cicerón, que lo tradujo al latín, se lo atribuyó a Simónides. Esa versión es la que más circula hoy, aunque la autoría de Simónides todavía se discute.

Lápida de piedra rojiza con el epitafio griego de los espartanos grabado en mayúsculas, sobre un piso de piedras en la colina de Kolonos, en las Termópilas
La lápida moderna de la colina de Kolonos copia el texto de Heródoto: termina en ΡΗΜΑΣΙ ΠΕΙΘΟΜΕΝΟΙ, «obedientes a sus palabras» (foto: Rafal Slubowski y N. Pantelis, CC BY-SA 3.0)

Del cuadro de David a la película 300

Jacques-Louis David terminó en 1814 su gran cuadro Leónidas en las Termópilas, que hoy está en el Louvre. La película El león de Esparta (1962) impresionó de niño a Frank Miller, que en 1998 contó la misma historia en el cómic 300, y la versión en cine de Zack Snyder, estrenada en 2007, la volvió a poner de moda. A los 700 tespios, que se quedaron por su voluntad, el gobierno griego les dedicó un monumento en el paso recién en 1997, al lado del de Leónidas.

Fuentes

Fuentes antiguas: Heródoto, Historias, libros VI (106 y 120), VII (60, 176, 186 y 202-238), VIII (15, 21 y 24-25) y IX (71). Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica, libro XI (4, 9 y 11). Plutarco, Dichos de espartanos y Dichos de mujeres espartanas (Moralia 225 y 241), y Sobre la malevolencia de Heródoto (31-33). Cicerón, Disputaciones tusculanas, I, 101. Estrabón, Geografía, IX, 4, 16-17. Pausanias, Descripción de Grecia, III, 14, 1 y X, 20, 2.

Estudios modernos: John C. Kraft, George Rapp y otros, «The Pass at Thermopylae, Greece», Journal of Field Archaeology 14, 1987. Ioannis Ziogas, «Sparse Spartan Verse: Filling Gaps in the Thermopylae Epigram», Ramus 43, 2014.

V
Víctor Díaz

Autor de Historia Curiosa. Apasionado de la historia y de sus grandes preguntas: batallas, imperios, personajes y curiosidades que explican el mundo de hoy.