Si la Biblioteca de Alejandría no se hubiera quemado, lo más probable es que hoy conserváramos casi los mismos libros antiguos que conservamos. Aunque no hubiera ardido, sus rollos de papiro no habrían llegado hasta nosotros: en el clima de Alejandría, solo se salvaba el texto que alguien volvía a copiar. Es la conclusión del papirólogo Roger Bagnall, que en un estudio de 2002 calculó además que la biblioteca tenía muchos menos libros de los que cuentan las fuentes antiguas. Tampoco desapareció de golpe: fue decayendo a lo largo de siglos. No todos los historiadores piensan igual, pero sí se puede decir qué obras concretas se perdieron, y algunas aparecieron siglos después.
Cuántos libros tenía la Biblioteca de Alejandría
La biblioteca nació en Alejandría, en Egipto, bajo los Ptolomeos, la dinastía macedonia que gobernó el país después de Alejandro Magno. Pudo planearla Ptolomeo I, aunque Bagnall lo duda, y lo más probable es que se convirtiera en institución con su hijo Ptolomeo II, a comienzos del siglo III a. C. Se la asocia con el Museo, una comunidad de sabios pagados por el rey que, según el geógrafo Estrabón, comían juntos y tenían un sacerdote a cargo. El primer director conocido fue Zenódoto, y el tercero, Eratóstenes, el que calculó el tamaño de la Tierra.
Las fuentes antiguas no se ponen de acuerdo sobre cuántos libros tenía. La llamada Carta de Aristeas, del siglo II a. C., dice que ya había más de 200.000 rollos y que se aspiraba a 500.000; el bizantino Juan Tzetzes, en el siglo XII, habla de 490.000 en el palacio y 42.800 en una biblioteca exterior; el romano Aulo Gelio, de casi 700.000.
Bagnall hizo la cuenta al revés. Hasta fines del siglo III a. C. se conocen unos 625 autores griegos de los que queda al menos alguna frase, y aunque cada uno hubiera llenado 50 rollos, saldrían unos 31.000. Para llegar a medio millón habría que suponer que más del 90 % de los autores antiguos no aparece ni citado en lo que se conserva, o que la biblioteca guardaba una docena de copias de cada obra. Su conclusión es que las cifras antiguas no merecen crédito y que la real era probablemente hasta diez veces menor.
Las anécdotas más famosas sobre cómo se llenó tampoco son seguras. El médico Galeno contaba, en el siglo II d. C., que se requisaban los libros de los barcos que llegaban al puerto y que un Ptolomeo se quedó con los ejemplares oficiales de Esquilo, Sófocles y Eurípides que le había prestado Atenas, aunque eso le costó una fianza de quince talentos. Bagnall duda de las dos historias.

Julio César y Aureliano: qué dicen las fuentes antiguas
El primer sospechoso es Julio César. En el 48 a. C. quedó sitiado en Alejandría, donde se había puesto del lado de Cleopatra en la guerra contra su hermano Ptolomeo XIII, y mandó incendiar las naves del puerto. Plutarco escribió que el fuego pasó de los astilleros y «destruyó la gran biblioteca». Dion Casio habla de depósitos de grano y de libros; Orosio, de 400.000 libros «guardados por casualidad en los edificios cercanos», y Aulo Gelio dice que el fuego lo causaron por accidente las tropas auxiliares. Séneca da la cifra de 40.000, recuerda que Tito Livio había elogiado aquella colección y le responde que no se había reunido para estudiar, sino para lucirse.
Pero en Alejandría siguió habiendo una gran biblioteca. Hacia el 20 a. C., Estrabón describe el Museo en funcionamiento (aunque no nombra la biblioteca), y según Suetonio el emperador Domiciano (81-96) mandó copistas a Alejandría para reponer los libros que habían ardido en las bibliotecas de Roma. Para Bagnall, como el Museo siguió funcionando en época romana, creer que César destruyó la biblioteca obliga a suponer que ardió ella y no el Museo, al que se la suele asociar.
El segundo sospechoso es el emperador Aureliano, que entre 272 y 273 recuperó Alejandría de manos de la reina Zenobia de Palmira. Amiano Marcelino cuenta que en su tiempo, cuando las disputas entre los ciudadanos se volvieron una lucha a muerte, Alejandría perdió la mayor parte del Bruquión, «morada durante mucho tiempo de hombres ilustres», que hoy se identifica con el barrio del palacio donde estaba la biblioteca. Bagnall ve formarse un consenso en que ahí se perdió, probablemente, la biblioteca del palacio, aunque ninguna fuente antigua lo dice: el argumento es que el barrio entero quedó arrasado. La del Serapeo pudo seguir en pie.
El Serapeo y la leyenda del califa Omar
El tercer sospechoso es el obispo Teófilo. En 391 (la fecha exacta se discute), después de choques entre paganos y cristianos, los cristianos destruyeron el Serapeo, el templo de Serapis donde, según el obispo Epifanio, había funcionado una biblioteca «hija» de la principal. Ninguna fuente de la época describe una quema de libros ese día. Amiano dice en pasado que allí «hubo» bibliotecas, y Orosio, un sacerdote cristiano que escribía hacia 417, cuenta que vio en los templos armarios de libros vaciados por «nuestros hombres, en nuestros tiempos», aunque creía que esos libros no eran los de los Ptolomeos, sino otros reunidos después.

Los historiadores leen esos textos de dos maneras. Para Jonathan Theodore, en 391 ya no quedaba ninguna gran biblioteca. Para Dirk Rohmann, que publicó un estudio en 2022, el Serapeo pudo convertirse en la principal biblioteca de la ciudad después de reconstruirse tras un incendio en 181, como heredera de la de los Ptolomeos, y la multitud la destruyó junto con el templo.
El último sospechoso es el más tardío y el menos probable. Según la historia, cuando los árabes de Amr ibn al-As tomaron Alejandría, en 642, el califa Omar ordenó quemar los libros con este argumento: si estaban de acuerdo con el Corán, sobraban, y si no, había que destruirlos. Con ellos se habrían calentado los baños de la ciudad durante seis meses.
El relato aparece más de 500 años después, en autores del siglo XIII como Ibn al-Qifti, y tiene un anacronismo: en él interviene Juan Filópono, un filósofo alejandrino que había muerto hacia 570, unos setenta años antes de la conquista. Ya en 1713 el orientalista francés Eusèbe Renaudot desconfiaba de él, y el historiador Bernard Lewis propuso que se inventó en tiempos de Saladino, para justificar la venta en subasta de las bibliotecas de la dinastía fatimí.
Por qué habría desaparecido igual: libros que nadie volvía a copiar
Para Bagnall, buscar un culpable es un error. El papiro dura siglos en el desierto, pero Alejandría tiene clima mediterráneo, con humedad suficiente para dañar los libros, y según él allí no se conserva ningún papiro antiguo, a diferencia de las zonas secas de Egipto. Hay pruebas de rollos que se siguieron usando un siglo, y algunos dos o tres, pero no mucho más. Por eso cree que, para la época del emperador Tiberio (14-37 d. C.), quedaba poco utilizable de lo que habían reunido los tres primeros Ptolomeos.
Una biblioteca antigua solo sobrevivía si se copiaba entera una y otra vez. En Cesarea se hizo: San Jerónimo cuenta que, a mediados del siglo IV, se emprendió la restauración de su biblioteca copiando en pergamino los libros dañados. En Alejandría no hay rastro de algo así. Y el abandono venía de antes. En el 145 a. C., el rey Ptolomeo VIII expulsó a los sabios extranjeros y el director de la biblioteca, Aristarco de Samotracia, huyó a Chipre. Después el cargo pasó a ser un premio político: Ptolomeo VIII se lo dio a uno de sus guardias, un tal Cidas.
Qué obras se perdieron de verdad (y cuáles aparecieron después)
Hay pérdidas que se pueden medir. Esquilo, Sófocles y Eurípides escribieron entre los tres unas 300 obras, y hoy se conservan completas 33 atribuidas a ellos: siete de Esquilo, siete de Sófocles y diecinueve de Eurípides (la autoría de dos se discute). Que se salvaran esas y no otras no tuvo que ver con ningún incendio. Hacia el año 200 d. C. empezó a circular una selección de diez obras de Eurípides, quizá para las escuelas, y de Esquilo y Sófocles solo se conservan las de selecciones parecidas. De Eurípides se sumaron nueve más, en orden alfabético, que parecen salidas de un tomo de sus obras completas y que hoy se conocen por solo dos manuscritos.
También se perdieron los Pinakes de Calímaco, una lista de autores y obras en 120 libros basada en los fondos de la biblioteca. Se perdió el libro en el que Aristarco de Samos proponía que la Tierra gira alrededor del Sol: se conoce porque Arquímedes lo menciona en El contador de arena. Y se perdió el tratado en el que Eratóstenes midió la Tierra, cuyo método se conoce por el resumen de un autor posterior, Cleomedes.
Algunas obras volvieron. El método, una carta en la que Arquímedes le explicaba a Eratóstenes, el director de la biblioteca, cómo llegaba a sus resultados, se daba por perdida hasta 1906. Ese año el filólogo danés Johan Heiberg la identificó bajo un libro de oraciones: una copia bizantina de sus obras se había raspado en 1229 para escribir encima. El manuscrito desapareció en 1922, reapareció en una subasta en Nueva York en 1998 y después se estudió con técnicas de imagen en el Museo Walters de Baltimore. El díscolo, la única comedia de Menandro que se conserva casi completa, apareció en un papiro egipcio y se publicó en 1958.

¿Habría cambiado algo? Lo que dicen los historiadores
El helenista británico Hugh Lloyd-Jones escribió que, si la biblioteca hubiera sobrevivido, la Edad Oscura podría haber sido bastante menos oscura, y que su pérdida fue uno de los mayores desastres del final del mundo antiguo. Bagnall le responde que eso es poner las cosas al revés: no fue la pérdida de una biblioteca lo que trajo la oscuridad, sino que las autoridades de esos siglos ya no tenían la voluntad ni los medios para mantener una gran biblioteca. «Un edificio sin quemar lleno de libros que se deshacían», escribió, no habría cambiado nada.
Lo que sí dejó Alejandría fue su trabajo. Según Bagnall, en los papiros egipcios se ve cómo, desde hacia el 150 a. C., el texto de Homero, hasta entonces muy variable, se vuelve uniforme, y él lo atribuye a la edición de Aristarco de Samotracia. Y dejó la idea de una biblioteca que reúna todo el saber: en octubre de 2002, Egipto inauguró la Bibliotheca Alexandrina, cerca de donde estuvo la antigua, con espacio para ocho millones de libros.
Mitos sobre la Biblioteca de Alejandría
| Lo que se cuenta | Lo que dicen las fuentes |
|---|---|
| La destruyó un gran incendio | Las fuentes hablan de varios episodios en casi 700 años (entre ellos, César en el 48 a. C., Aureliano entre 272 y 273, el Serapeo en 391 y la leyenda de 642), y ninguno está probado como el final. Lo más probable es una decadencia lenta. |
| Tenía 700.000 rollos | Es la cifra de Aulo Gelio (casi 700.000) y de Amiano. Para toda la colección, las fuentes antiguas dan de 200.000 a 700.000 rollos, y para lo que ardió con César, de 40.000 a 700.000. Bagnall cree que la cifra real era menor, quizá hasta diez veces. |
| La quemaron los árabes por orden del califa Omar | La historia aparece más de 500 años después y hace intervenir a Juan Filópono, que había muerto unos setenta años antes de la conquista. |
| Ardió cuando mataron a Hipatia | A la filósofa Hipatia la asesinaron en 415, más de veinte años después de la destrucción del Serapeo, y dirigía una escuela, no la biblioteca. Esa versión la popularizó la serie Cosmos de Carl Sagan (1980). La película Ágora (2009), de Alejandro Amenábar, muestra otra escena que no cuenta ninguna fuente antigua: cristianos quemando los rollos del Serapeo, con Hipatia presente. |
| Los Ptolomeos requisaban los libros de todos los barcos | Lo cuenta Galeno unos cuatrocientos años después, y Bagnall duda de esa anécdota y de la de los ejemplares de Atenas. |
Fuentes
Estrabón, Geografía 17.1.8. Séneca, Sobre la tranquilidad del ánimo 9.5. Plutarco, Vida de César 49. Suetonio, Vida de Domiciano 20. Aulo Gelio, Noches áticas 7.17. Dion Casio, Historia romana 42.38. Amiano Marcelino, Historias 22.16. Orosio, Historias contra los paganos 6.15. Arquímedes, El contador de arena. Galeno, la Carta de Aristeas, Juan Tzetzes, Epifanio y San Jerónimo, citados por Bagnall; Ibn al-Qifti y Cleomedes, citados en Wikipedia.
Roger S. Bagnall, «Alexandria: Library of Dreams», Proceedings of the American Philosophical Society 146 (2002), donde se cita a Hugh Lloyd-Jones, Greek in a Cold Climate (1991). Dirk Rohmann, «The Destruction of the Serapeum of Alexandria, Its Library, and the Immediate Reactions», Klio 104 (2022). Estudios de Roy MacLeod, Lionel Casson, Edward Watts, Jonathan Theodore y Bernard Lewis, citados en Wikipedia en inglés: artículos «Library of Alexandria», «Serapeum of Alexandria», «Hypatia», «Euripides», «Archimedes Palimpsest» y «Dyskolos».




